Cuando se lanzó el trailer de Logan sonaba de fondo Hurt en la versión de Johnny Cash. Una elección nada sorprendente ya que James Mangold es el hombre tras En la cuerda floja, biopic del fallecido cantante, y melodía era una declaración de intenciones en toda regla. La canción habla del dolor y la pena, de perder la batalla contra nosotros mismos, del pesar de fallar a otros y eso es lo que se va a encontrar el espectador en el tercer filme protagonizado por el mutante canadiense (tras X-Men Orígenes: Lobezno y Lobezno Inmortal).

El realizador que ya había trabajado con Hugh Jackman en Kate & Leopold, tiene algo claro: Logan no es Lobezno Inmortal, que ya firmó él mismo, y no pretende manejarlo igual. Así que la primera hostia en la cara llega nada más empezar la película, cuando dice de forma directa que en ese futuro cercano, ese 2029 en el que Kyle Reese vuelve al pasado, ese 2029 sucio e inhóspito trata con la misma crueldad a todos, da igual si son humanos o mutantes.

Un mundo lleno de soledad, de desiertos tanto literales como metafóricos, una distopía (que no tanto el post apocalipsis que podría esperarse) similar a muchas que hemos visto antes en la ficción y que logra crear esa sensación de incomodidad por la cercanía de la misma. Es el futuro, sí, pero un porvenir demasiado parecido al presente como para que nos sintamos tranquilos.

Es allí donde conoceremos a Logan. Un hombre que ya no es, ni de lejos, el que era. Atrás han quedado sus tiempos de aventurero, de ser el mejor en lo que hace; ahora es, si acaso, una pálida sombra de él mismo. Ha caído en el abismo del pesar, de la melancolía, de la culpa y del dolor, intentando no sentir nada y ahogando sus penas en el alcohol. Lo único que le salva de llegar a la autodestrucción total es que bajo su protección está Charles Xavier, tan acabado (en apariencia) como el protagonista. Se cambian los roles, el maestro está al cuidado del aprendiz pero gracias a esto logra (otra vez) que el hombre no caiga devorado por la bestia.

Realmente de eso va todo. De quién es Logan, de quién fue Lobezno, de qué late bajo su rudo aspecto y ese esqueleto de adamantium que tanto pesa. De la lucha entre el hombre y la bestia que siempre ha definido al personaje desde sus ya lejanos comienzos en el cómic. Esa línea que en ocasiones ha cruzado, y cruzará en esta película, que se convierte en el filme tanto en una metáfora como en un acto literal a través de la frontera a la que debe lograr llevar a la pequeña llamada Laura (la niña Dafne Keen, logrando medirse con Patrick Stewart y Hugh Jackman), o X-23 si preguntas a los villanos de la función.

Hay que reconocer que ella, Dafne Keen, es uno de los mejores aciertos de todo el metraje, llegando a luchar casi en igualdad interpretativa con Patrick Stewart y Hugh Jackman. Por parte del actor de Charles Xavier no se puede decir nada que no se sepa, su talento ha sido de sobra demostrado innumerables veces y logra darnos a un hombre roto que intenta escapar de la burla en la que se ha convertido.

En lo que se refiere a Jackman da el Do de pecho con su mejor versión de Lobezno hasta la fecha, llenando al personaje de matices que muestran un alma tan herida como un cuerpo que parece incapaz de cerrar las suyas. Los guionistas Scott Frank, Michael Green y el propio James Mangold no dudan en romper por todas partes al que ha sido el icono de toda la saga y jugar con los pedazos; son bien conscientes de que en esta película no hay un futuro franquiciado a la vista, es en toda regla la última de su especie y se aprovechan de la libertad que eso concede.

Con eso bien presente bañan el filme en tristeza y sangre desde su comienzo, una apuesta para distanciarse de todo lo que se ha narrado en el Universo X de Fox, más todavía para desvincularse del mismo salvo los justos detalles para encajarlo en una continuidad. Se logra así construir una historia que es real por sí misma, con un carácter propio que poco tiene en común con lo que el género de superhéroes está dando de unos años a esta parte y más con una road movie muy bien pensada, en la que se aprovecha para jugar con la típica familia americana de viaje (en este caso con un abuelo, Xavier, un padre, Logan, y una hija, Laura) que casi podría cruzarse en su periplo con la familia Hoover y compartir una cena con ellos.

Aunque si hay que definir de alguna forma a Logan, sería como un western crepuscular. Estamos más cerca de una película de Clint Eastwood, como Sin Perdón o la imprescindible Gran Torino, que de Capitán América: Civil War o incluso X2 que es con la única que, en parte, puede compartir algo de oscuridad. Que nadie se confunda, no hay forma de igualar la calidad artística que brinda el intérprete del duro Harry en todas sus facetas, pero el director tiene claro lo que está haciendo, presentando a un anti héroe cansado y hastiado del mundo, que se enfrenta al mismo mientras los tacos y la melancolía se abren paso. Esta similitud con el western queda todavía más patente con la comparativa que se hace con Raíces Profundas y su protagonista, Shane al que da vida Alan Ladd, con Logan. Algo claramente intencionado y que logra dar a la cinta su propia personalidad.

No puede decirse que esta obra esté exenta de fallos, ya que se le puede achacar que en ciertos puntos se deja llevar más por la espectacularidad que por dejarse fluir de forma orgánica, además de esa excesiva duración que tan habitual es hoy en día, pero Logan es ahora mismo la mejor entrega de la saga X-Men y llega a ese punto tanto por sus fortalezas como por sus debilidades.

James Mangold ha llevado a la pantalla lo que se prometió, la despedida de Lobezno y Hugh Jackman abraza a Logan una última vez superando lo que todos esperábamos.

What have I become?
My sweetest friend
Everyone I know
goes away in the end
and you could have it all
my empire of dirt.

I will let you down
I will make you hurt

Hurt.

One thought on “Logan: un western crepuscular

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