Este año he tenido otra vez la oportunidad de acudir a la Feria del libro de Madrid a firmar los títulos que he publicado con Dolmen Editorial, si no me equivoco ha sido la cuarta vez que voy y cada edición tiene momentos mejores y peores.

En esta ocasión hay dos momentos que se van a quedar entre mis recuerdos por mucho tiempo, espero que para siempre.

El primero de ellos fue que el viernes (uno de junio) se acercaron a conseguir su firma un muchacho de diecisiete años acompañado de una mujer que debía tener una edad parecida a la mía. Estaban allí antes de llegar yo y cuando hablé con ellos me di cuenta de que él me resultaba muy familiar, lo comenté y me dijeron que llevaba desde que tenía catorce siguiéndome. A mí y a mis libros.

Recordé entonces que cuando presenté en Fnac Callao Doctor Who: El loco de la cabina junto a Javier Olivares, estuvieron los dos allí (ella es su tía, también me vino a la memoria esto) y también el año pasado en la anterior edición de la Feria del libro de Madrid.

Esto es algo que me alegró mucho, ver que un lector te sigue y formas parte de su vida mientras está creciendo es algo increíble. Charlando mientras firmaba ella dijo que “ha crecido contigo”, una frase sencilla de decir pero que impacta mucho y tras la que es imposible no sonreír.

¿Qué se puede decir? Gracias, solo gracias. La lucha sigue y estas cosas son el combustible.

El segundo recuerdo va asociado a una familia y más en concreto al hijo mayor de esta, que debía tener unos doce años. Pasaron todos por Dolmen Editorial el domingo (tres de junio), casi al final de mi sesión de firmas tras la que me marcharía rumbo a Barcelona.

Parecían la típica familia de televisión: padre, madre, niño casi adolescente y niña pequeña (no de más de seis o siete años). Todos juntos a ver libros y a disfrutar de un domingo que empezó nublado pero terminó lleno de sol.

Les llamó la atención ¡Hasta el infinito y más allá! Pixar a través de sus películas, ya que por lo visto todos eran muy aficionados a estas películas pero por lo que pude ver al hablar con ellos a los que más les gustaban eran al padre y al chico. Este no dejaba de mirar el volumen y pasar las hojas con evidente interés, bajo una mirada llena de cariño de sus dos padres y la curiosidad de la más pequeña, y al final quiso llevárselo.

No se lo pidió a sus padres, cogió una pequeña bandolera que llevaba, abrió y sacó el dinero para pagar a Rocío (la siempre estupenda jefa de stand de Dolmen, sin la que los autores estaríamos perdidos), sin dudarlo y con una sonrisa en el rostro. Misma sonrisa que tenían los padres, supongo que con cierto orgullo y debo decir que no pude evitar pensar en cuando mi padre todavía estaba vivo, en los muchos eventos a los que fuimos juntos, y es que el amor por los libros, por el cine, por la cultura, hay que cuidarlo en casa.

A fin de cuentas, todo es mejor cuando puedes compartirlo con otros.

Cogí el libro y se lo firmé encantado. Con una mini queja de la pequeña ya que era solo a nombre de su hermano, no dudó en decir “¡Qué envidia, yo también quiero!”.

Estos dos momentos se suman a otros muchos detalles y anécdotas. Por supuesto el haber podido ver a amigos como Pili Baena, Pepe Rubíes (que saca su primer cómic) o el indómito Vito Vázquez (¡Todos a comprar su nueva novela), también el hecho de disfrutar de un evento cultural sin elementos políticos de ningún tipo (quizá suene raro, pero por desgracia en Barcelona ni en el Día del libro nos libramos de la intoxicación), también el haber podido estar toda una tarde con mi hermano que incluso pudo quedarse un rato a verme firmar, y en fin… como dije en otra ocasión, la Feria del libro de Madrid es un lugar de encuentros.

A pesar del cansancio he vuelto de allí cargado de energía. Sigo moviendo la novela infantil por editoriales y ultimando la de fantasía juvenil, en breve tendréis en tiendas mi primer libro con Héroes de Papel y en unos meses uno nuevo con Dolmen Editorial. En Galaxy Quest decían eso de “¡Nunca abandonar, nunca rendirse!”, y es totalmente cierto. Hay que seguir caminando, batallando y tecleando libros.

¡El guerrero no descansa!

Disfrutad de los libros, disfrutad de la vida.

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