La Liga de los Hombres Extraordinarios en el cine. Créditos: 20th Century Studios
La Liga de los Hombres Extraordinarios, adaptación de The League of Extraordinary Gentlemen (en inglés ambas comparten título) llegó a los cines de todo el mundo en el año 2003. Un momento en el que la industria de la gran pantalla empezaba a realizar películas basadas en cómics de superhéroes de forma habitual, tras el pistoletazo de salida que se suele considerar que fue Blade en 1998 y hasta la llegada de Iron Man en el 2008 y el auge subsiguiente de Marvel Studios.
La Liga de los Hombres Extraordinarios, un éxito de taquilla
Esos años fueron un momento en que estas producciones, en ocasiones, podían ser más experimentales y arriesgadas, se estaba buscando el cómo hacer las cosas y sí, siempre en busca de una buena taquilla, pero sin caer en la hoy en día habitual fórmula usada una y otra vez. Había un público con ganas de este tipo de productos, conocieran o no la fuente original, y en ese punto hay que reconocer que este filme acertó pues costó 78 millones de dólares estadounidenses y recaudó, entre las salas, alquiler y venta, unos 200.
Lo lógico habría sido seguir adelante con la franquicia de La Liga de los Hombres Extraordinarios, esa era la intención e incluso existe el rumor de que Allan Quatermain habría regresado de entre los muertos pero con otro rostro, el de Roger Moore quien, al igual que Sean Connery, fue James Bond en la gran pantalla. No fue así debido a las malas críticas y todo se abortó, a pesar de que es probable que otra secuela hubiera sido aceptada sin mucho problema.
Y es que a pesar de las críticas profesionales desfavorables, y por completo entendibles puesto que no es un gran producto, y las de los amantes del cómic de Alan Moore y Kevin O’Neill por sus notables diferencias, el producto entretiene y divierte. Es aventura pura, sin mayor pretensión que hacer que el espectador pase un rato sin pensar en nada más, que coma sus palomitas y que disfrute de un filme sin pretensiones de ningún tipo.
Una mezcla entretenida
Sucedió que se convirtió al producto en algo que no era, por comparativa con el original, y se perdió de vista que lo único que importa es el público y este respondió muy bien. Lo hizo en el estreno, en el alquiler (cuando todavía había videoclubs) y en su salida al formato doméstico (en aquel momento solo en DVD). Y es que la mezcla de personajes victorianos, los poderes, un villano megalómano, una traición y unos efectos especiales bastante efectivos funcionaba bien, no para tirar cohetes pero sí bien.
Es verdad, en La Liga de los Hombres Extraordinarios el plan del malvado de la función no tiene ni pies ni cabeza. No hay forma de sostenerlo por ningún sitio cuando uno empieza a pensar un poco en el mismo, ¿y qué? Esto se podría aplicar a un gran número de indeseables del cine, sea de acción real o de animación, y es que en muchas ocasiones cuando uno se detiene por un momento a ver qué se está haciendo todo deja de sostenerse, no digamos ya si hablamos de las motivaciones que es harina de otro costal.
Algunos diálogos son un poco tontos y frívolos, lo mismo que la representación de sus personajes e incluso con cambios como el mencionado de Mina Murray, o Mina Harker por su apellido de casada, convertida en una vampiresa o Dorian Gray como un ser inmortal de edad indeterminada, que ha visto caer imperios lo que sugiere miles de años en esta versión. Pero el conjunto en sí funciona y eso es lo que cuenta, y es que se trata de un filme de aventuras por completo de su momento.
Aventuras en estado puro
Puestos a comparar con algo debería ser con obras como La Momia, estrenada en 1999 y dirigida por Stephen Sommers, El Santo, de 1997 a cargo de Phillip Noyce, o La máscara del faraón: Belphegor, el fantasma del Louvre, del 2001 con Jean-Paul Salomé a los mandos. Ese era el tipo de producto que se buscaba y es el que se ofreció, uno que hoy en día sigue siendo disfrutable y sí, con una suspensión de la incredulidad necesaria desde el minuto uno, igual que en Superman, la clásica de 1978, si uno desea creer que un hombre puede volar.
Sacar adelante La Liga de los caballeros extraordinarios recayó en el inglés Stephen Norrington, quien en 1998 se puso a los mandos de Blade con gran éxito, y que tras el estreno que nos ocupa decidió alejarse de los grandes estudios para siempre. Los problemas con Sean Connery y la propia 20th Century Fox le hicieron plantearse su carrera, y prefirió ir por otro camino; o, depende de cómo se quiera enfocar, se le castigó y relegó al ostracismo.
De forma más o menos parecida sucedió con el guionista James Robinson, o James Dale Robinson, que poco se ha prodigado por esta industria después, aunque algo más que su compañero como en la serie Stargirl. Esto tiene mucho sentido puesto que este escritor provenía del mundo del cómic, donde fue el artífice de la estupenda miniserie llamada La Edad de Oro que ilustró Paul Smith, y es uno de los nombres más asociados con la Sociedad de la Justicia que es, precisamente, el grupo del que forma parte Stargirl (en las viñetas y en la recomendable serie televisiva).
Un producto de su tiempo
La Liga de los Hombres Extraordinarios es un producto muy de su tiempo que bebe a partes iguales de las películas de aventuras, las versiones fílmicas de héroes pulp como The Shadow (La Sombra) de 1994, dirigida por Russell Mulcahy (sí, el realizador de Los inmortales) y The Phantom (El Hombre Enmascarado), de 1996 con dirección de Simon Wincer, como del título firmado por Alan Moore y Kevin O’Neill. La intención del producto es clara: peripecias imposibles, momentos divertidos y entretenimiento puro, sin más y sin menos.
La propuesta de Stephen Norrington y James Robinson no es la obra original llevada de forma fiel a la pantalla y menos mal que no es así. Por mucho que sea una lectura extraordinaria, perdón por el juego de palabras, no es probable que funcionara según es en el cine de su momento, hoy podría ser llevada con éxito como una miniserie (hubo un proyecto al respecto), por lo que se eligió un camino distinto.
El resultado es un filme que cumple, sin ser excepcional, que podría ser mejor pero que es funcional, que recaudó bastante más de lo que costó y que hoy queda como exponente de un momento en el que el cine de superhéroes no estaba tan estandarizado, explotado y agotado.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



