La Liga de los Hombres Extraordinarios en su versión del cómic como The League of Extraordinary Gentlemen. Créditos: DC/Planeta
Voy a decirlo de forma clara y sin esconderme: a mí me gusta La Liga de los Hombres Extraordinarios. Sí, es una película muy poco querida, bastante vilipendiada y en ocasiones hasta odiada, pero todas las obras encuentran su público y en mi caso lo hace y es así desde hace más de dos décadas.
La Liga de la Justicia victoriana
De forma reciente he vuelto a leerme la extensa epopeya de The League of Extraordinary Gentlemen, publicada en España con el título original sin traducir del cómic, donde cada uno de sus volúmenes es sorprendente y todos ellos encandilan. Es verdad, no han gustado por igual, la propuesta cambia y varía, evoluciona y hay entregas que han satisfecho más y menos.
En esta ocasión he hecho la lectura al revés, es decir, empecé por el final y de ahí llegué al principio. Una manera de ser más consciente de los guiños y referencias que existen, además de ver cómo Alan Moore y Kevin O’Neill idearon una trama mucho más amplia de lo que parecía, donde en sus primeros pasos ya se dan pistas de lo que será el final.
Encaje de bolillos
Esto no es algo sencillo de hacer, requiere habilidad, maestría y un gran encaje de bolillos. Es como cuando en Doctor Who en el episodio doble «The End of Time», de la Navidad de 2009 y el Año Nuevo de 2010, se cita algo llamado The Moment, El Momento, pero no hace aparición hasta 2013 en el especial del 50 aniversario titulado «The Day of the Doctor». Lo dicho, encaje de bolillos.
El primer y segundo volumen de The League of Extraordinary Gentlemen se publicaron en 1999 y el 2002, el final del primero adelanta la trama del segundo (y algunos detalles por aquí y por allá), con un grupo que, en esencia, es una Liga de la Justicia con personajes victorianos. Todos ellos bien conocidos y procedentes de obras inmortales como Drácula o El hombre invisible, todos ellos libres de derechos y jugando con la idea de una vida más allá de lo que se sabía de ellos, incluso de sus teóricas muertes.
The League of Extraordinary Gentlemen en la gran pantalla
Los dos volúmenes de estos héroes victorianos fueron un tremendo éxito, un acierto en toda regla que sorprendió a propios y extraños, la idea, la forma de narrarla, los mil y un homenajes, la situación temporal de la ficción, los hechos contados… y por ello el cine no tardó en querer adaptarlo todo a la gran pantalla, más bien la primera parte con la unión del grupo y su lucha contra un temible mal.
Los parecidos entre una y otra obra son superficiales, aunque sí mantienen que sean personajes de la época y que se unen, se añade a la mezcla un poco más de aventuras, ligereza y comedia. Los cambios fueron bastante numerosos, empezando por la inclusión de dos personajes nuevos, uno de ellos Dorian Gray de El retrato de Dorian Gray y el otro Tom Sawyer, que servía de nexo con el público de los Estados Unidos de América al ser el único de tal país (el resto estaban todos al servicio del imperio y la corona de Inglaterra).
Muchos cambios
Esto es algo habitual en las narraciones de Estados Unidos, el buscar ese añadido que haga que su público sienta una vinculación. El elegir a Tom Sawyer fue un acierto dado que es un héroe más que conocido y que en la última de las cuatro novelas en que aparece trabaja de detective (se titula Tom Sawyer, Detective), con lo que la idea de que como adulto sea agente secreto no es para nada descabellada.
Por otro lado hubo público, proveniente de la historieta original en viñetas, que no vio con tan buenos ojos que se desplazara a Mina Murray, aquí como Mina Harker, de líder del grupo a un miembro más, además de convertirla en una vampiresa de forma literal. Vuela, es inmortal y bebe sangre, mientras que en las letras de Alan Moore y el arte de Kevin O’Neill es una víctima del Conde Drácula, que ha logrado sobrevivir, con una horrenda cicatriz por todo el cuello, pero sin que parezca haber un vampirismo existente.
A esto se suma un Capitán Nemo más suave y menos agresivo, el tener que cambiar al Hombre Invisible por no tener los derechos del mismo (se creó uno nuevo, el divertido Rodney Skinner que es, como él mismo se define, caballero ladrón) o que el gran jefe sea Allan Quatermain. Esto chocó a muchos puesto que en el cómic este personaje creado por H. Rider Haggard, igual que la mítica Ayesha (o Ella), era un hombre acabado, carcomido por sus demonios y por su adicción al opio, esto último no es que fuera en demasía extraño en su tiempo.
Sean Connery como Allan Quatermain
Pero claro, el que este cazador y explorador de la sabana africana pasase a ser el líder es algo que se vio venir desde lejos, al menos desde el momento en que se anunció que Sean Connery, el legendario actor, era el elegido para encarnarlo. Algo que en parte vino por haber rechazado de forma previa ser Morfeo de Matrix y Gandalf de El señor de los anillos, por diversos motivos, y que derivó en su anuncio final de que tras este filme, y sus diversos problemas, abandonaría el mundo de la interpretación.
La Liga de los Hombres Extraordinarios, una película entretenida
Ahora, con todo esto en la mano, con todos los cambios, añadidos, movimientos, alteraciones como la ausencia de Fu Manchú por un tema de derechos (conviene recordar que en La liga de los caballeros extraordinarios si bien hace aparición jamás es llamado por su nombre por esto mismo), ¿es realmente una película tan horrible? ¿De verdad no entretiene? ¿No distrae? ¿No hace pasar un buen rato?
En eso nos meteremos de lleno en la segunda parte de este artículo doble sobre La Liga de los Hombres Extraordinarios, adaptación cinematográfica de The League of Extraordinary Gentlemen. Una de esas producciones de la gran pantalla que se adentró en el mundo del cómic de superhéroes en un momento en que era cada vez más habitual, tras el pistoletazo que supuso Blade (que comparte director con la que nos ocupa) en 1998 y antes de la llegada de Iron Man en 2008 y el auge de Marvel Studios.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



