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Marvels: Código de honor. Un pálido reflejo

Marvels es una de las obras referencia de Marvel Comics, una lectura imprescindible para todos sus fieles seguidores y una carta de amor en general al mundo del cómic. El trabajo realizado por Alex Ross y Kurt Busiek conmovió a toda una generación, y desde entonces nunca ha bajado del podio del éxito y la popularidad, pasando de hermano a hermano y de padre a hijo, esa es la magia de Marvels y lo fascinante de su propuesta.

Pero cuando una idea tiene éxito rápidamente aparecen las secuelas y los imitadores, y desde la editorial lo tenían claro: si un cómic con un toque de nostalgia, pintado y con las vivencias de un hombre de la calle (Phil Sheldon) había funcionado tan, pero tan, bien, entonces debía hacerse una nueva entrega para seguir sacando partido a la gallina de los huevos de oro.

Si el resultado estaba por debajo, o sencillamente era un mero producto de explotación sin transcendencia alguna… no parece que a nadie le preocupara en exceso. Así es como llegó al mercado Código de honor, una miniserie que Panini recupera con el nombre Marvels: Código de honor como parte del aniversario de la historia original.

Y sí, lo tiene todo. Una historia humana, un protagonista que se cruza con los prodigios y sus acciones, láminas pintadas y un cierto toque de nostalgia. El problema es que lo tiene todo igual que la película Los vengadores de Jeremiah S. Chechik tenía todo lo que la sensacional serie protagonizada por Diana Rigg y Patrick Macnee; es decir, está ahí pero de una forma superficial.

Es solo un pálido reflejo de lo que en realidad fue Marvels, ¿el motivo? Hay muchos, pero quizá el primero que puede mentarse es que como arquitecto principal se encuentra Chuck Dixon y si bien tiene obras a recordar no es, hay que decirlo, Kurt Busiek. Su estilo narrativo y preferencias profesionales se centran más en la acción que en el desarrollo de personajes, esto es algo que queda patente en este tomo, aunque también debe decirse que no es tan excesivo como en otros escritos suyos, por ejemplo Marvel Knights o el universo de Batman en el que ha trabajado en varias de sus cabeceras.

También debe decirse que si bien en Marvels tenemos la suerte de contar con Alex Ross, y fue esta obra la que le catapultó automáticamente al éxito, como ideólogo de todo y artista para cada página, no es así aquí. Bien podría decirse que más bien Marvel Comics intentó buscar a varios clones y aprendices para lograr tener lo mismo pero a menor coste. Y, como siempre, el resultado es el que se puede esperar. No es malo, nada más lejos, pero no llega a la calidad con la que Ross sorprendió al mundo del cómic.

Por suerte este tomo recopilatorio se completa con la recomendable historia Conspiración. Una trama unitaria escrita por Dan Abnett con ilustraciones a cargo de Igor Kordey, en la que al más puro estilo Expediente X el lector se adentra en una conspiración (por si no quedaba claro) con terribles implicaciones para todo el Marvelverso y sus populares héroes. Si esta aventura, y lo que se desvela en ella, es o no cierto queda a decisión de cada uno.

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