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Antes que Cíclope estuvo Scott Summers

Cuando hablamos de grupos de superhéroes, siempre hay personajes que representan su alma y su esencia mejor que ninguno de sus compañeros. En el caso de los Vengadores este sería el Capitán América, en la Liga de la Justicia el Detective Marciano, si citáramos a los Nuevos Guerreros bien podría ser Bola Veloz y en el caso de los Seis Secretos (aunque sean villanos) sería Catman.

Si se va adelante con esta idea hasta llegar a los X-Men (o Patrulla-X, en ocasiones), hay que hablar sí o sí de Cíclope. Su más longevo miembro, aunque puede compartir el podio con el resto de mutantes originales, su líder más capaz y también el componente que mejor representa la idea de lo que hoy entendemos por la Marvel clásica, la nacida de las mentes de Lee y Kirby en la década de 1960, un héroe con pies de barro.

Scott Summers, su auténtico nombre por si pillo a alguien despistado, es un hombre atormentado, con evidentes problemas en su ámbito social y en ocasiones más entregado a la causa que defiende de lo que sería sano. Esto no quiere decir que no haya tenido relaciones, incluso se ha casado, o amigos inseparables, pero para él la vida nunca ha sido (ni será) sencilla.

Pero antes del héroe, antes del mutante, antes del indómito líder de los X-Men, solo estaba el muchacho. El muchacho que sueña con un hermano que nadie más recuerda, el huérfano al que otros compañeros ignoran y maltratan, el niño perdido que solo espera la llegada de un Peter Pan que le ayude a encontrar su camino.

Bajo esta idea se muestra a Scott Summers en Instantánea Marvels: La Patrulla-X, alejándolo por completo de la imagen habitual que suele tener para ser tan solo un crío que busca cómo encajar en el mundo y aceptar quién es, cuando llegue a descubrirlo. Una forma de repasar y recrear al personaje, pero haciendo que sea fiel a sus orígenes más clásicos e incluso haciendo que encaje al milímetro con otros eventos de su momento y, por supuesto, con su propia (y en ocasiones) compleja cronología personal.

En este caso la tarea de narrar esta historia recae sobre Jay Edidin y Tom Reilly, con un muy acertado color de Chris O´Halloran, con la siempre imprescindible portada de Alex Ross y el trabajo arquitectónico de Kurt Busiek para que todo tenga ese sabor Marvels que debe. Y una vez más, como ya ha sucedió con el Capitán América, Namor o la Antorcha Humana, se logra componer un precioso cuento que nos lleva por los entresijos del universo Marvel, muestra una parte oculta de este (siempre bajo la idea de el cómo el día a día ordinario se encuentra con lo extraordinario) y lo hace con su mejor entrega hasta la fecha.

Lo he dicho antes, y lo repito, Instantánea Marvels es una colección que sí o sí debe estar en la estantería de todos los amantes de Marvel Comics.

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