En el año 2004 salió a la venta Superman: True Brit. Un cómic encuadrado en la línea de Otros Mundos aunque alejándose de estos por la vertiente totalmente cómica que tiene. En nuestro país hemos tenido que esperar un poco más pero ahora ya podemos sentarnos a leer Superman: un auténtico héroe británico.

Vamos directos a lo mejor, parte del guión está firmado por John Cleese (el más famoso miembro de los Monty Python) lo que ya debería ser más que suficiente para su obligada compra. Junto a él está Kim “Howard” Johnson (precisamente autor de varios libros sobre el grupo humorístico) y el legendario John Byrne que regresa a uno de sus personajes estrella.

Semejante mezcla debería dejar varias cosas claras:

1) Va a estar bien dibujado

2) El guión va a ser un no parar

3) Esta es una lectura que vas a querer hacer

La historia comienza de la forma en la que todos la conocemos. Un cohete cae en el campo y es recogido por un matrimonio de edad, pero con la diferencia de que son ingleses y no americanos. Esto conlleva que ya desde un primer momento los tópicos y parodias de la pérfida Albion se den cita a cada página, logrando que viñeta a viñeta nos desternillemos de risa.

Se cumple sin duda ese conocido hecho de que los que mejor hacen mofa de los británicos son ellos mismos, no hay más que recurrir al conocido trabajo de los ya citado Monty Python o a la excelente serie de Los Vengadores. Quizá alguno piense que esta cabecera no era una comedia y tiene razón, pero no por ello está exenta de cierta auto burla ya desde la figura de John Steed y de ese Londres de ensueño que todavía perdura en la concepción pop de los años sesenta.

Así este Superman tendrá que luchar, pero no tanto con villanos como consigo mismo. En un país acostumbrado a la calma y a guardar las apariencias no es fácil tener los poderes de un dios, menos todavía cuando uno es adolescente con todo lo que eso conlleva. Tampoco es sencillo para sus padres, que se “mudarán” varias veces olvidándose todas ellas de decírselo a su hijo.

Sus pasos le llevarán a convertirse en periodista (hay cosas inevitables) pero lejos de empezar su carrera en un diario de valores claros y ética intachable (como solo puede ser en la ficción), lo hará en un típico tabloide inglés. De esta forma los dos guionistas aprovechan para criticar a las dudosas labores informativas de estas empresas y al amarillismo tan típico en el que la historia está por delante de los hechos. O en palabras de William Randolph Hearst “Si no pasa nada, tendremos que hacer algo para remediarlo: inventar la realidad”.

Este ataque al oficio es totalmente bienintencionado y en parte desde un punto de vista positivista. Realmente nadie se toda en serio las informaciones que viene desde ese diario, pero se quiere dejar claro lo carcomido del mismo (y de otros muchos), además de lo normalizado que está entre la población. Nadie se extrañará si digo que hoy en día a la gente le interesa la carnaza y no tanto la verdad, un claro ejemplo fue lo sucedido con los comentarios de Zapata que se sacaron por completo de contexto y en más de una ocasión pude comprobar el desconocimiento que había referente al tiempo de los mismos o la situación en que se hicieron.

Se aprovecha este cómic para dejar clara la posición de los autores sobre que la prensa no pasa desde hace tiempo por su mejor momento. Pero en lugar de lanzar piedras contra otros, algo muy de la profesión, se busca al culpable dentro. Al ansia de venta de los directivos y del puro morbo de los lectores. Todo salpicado de mucho humor y risa, como debe ser la buena sátira y más todavía si esta es periodística. De esta forma el joven héroe hace lo que puede para ganarse el pan con noticias que sabe que no son ciertas, mientras intenta no perder su conciencia en el proceso y además sigue en su lucha para hacer del mundo un sitio mejor para todos.

Pero si estás buscando los elementos típicos de Superman, también los encontrarás. Incluyendo a sus mencionados padres hasta llegar a sus amigos, además por supuesto de Lois Lane que no puede faltar a la cita (una de las constantes que se repiten en el universo DC). Aunque claro que siempre con ese toque de parodia que por otro lado nos recuerda a la tercera película de Superman, que más bien era un filme de Richard Pryor con apariciones esporádicas del boy scout.

Risas, aventuras, malentendidos, crítica, parodia, dientes enormes… A mí me ha encantado.

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