Qué es el Salón del Cómic

Confesiones de un amante que se auto-cuestiona por primera vez

Llevo asistiendo al Salón Internacional del Cómic de Barcelona casi ininterrumpidamente desde hace casi una década. “¿Qué es el Salón del Cómic?” es una pregunta que no me había planteado nunca, hasta hace un par de día cuando un alumno me la lanzó desprevenidamente.

No le supe contestar. No de forma sincera, al menos.

Cuando era adolescente era tradición reunirnos el grupo de amigos del barrio (no coincidíamos en el instituto), disfrazarnos — entonces aún nadie utilizaba el término cosplay — y pasar el día allí, en La Farga de L’Hospitalet de Llobregat. Menudo espectáculo. Qué de gente. Qué de poco espacio. Qué de sensaciones e historias. Recuerdo vivirlo con gran emoción: junto al Salón del Manga, Ficomic era la organizadora de los dos mejores días del año.

Pronto crecimos y dejamos de disfrazarnos (no que la madurez vaya con ello, los gustos cambian), y pasamos a ver el Salón como una oportunidad para gastar los pocos ahorros que teníamos. Mientras mis amigos cazaban videojuegos o cartas Magic, mi hermano husmeaba entre las paradas de tebeos americanos de segunda mano intentando encontrar los codiciados números originales de The Avengers o Moon Knight. Yo me acercaba a las paradas de diversas tiendecitas que venían de Valencia, Málaga y Sevilla con las últimas novedades en figuras de acción de La guerra de las galaxias que nunca llegarían a las jugueterías nacionales.

Después, de alguna manera u otra, pasé a formar parte de la organización del Salón en sí: montar un stand por aquí, forjar un Trono de Hierro por allá, aparcar una T.A.R.D.I.S. en el otro lado… Más tarde fui a cubrir prensa y a entrevistar a invitados internacionales. Como no, también a pasear por las paradas de los amigos. Y muchos etcéteras más.

El caso es que nunca he dejado de ir, por la razón que sea.

Y, por la razón que sea, cada año vuelvo de alguna manera decepcionado. Supongo que en mi corazón espero que el Salón sea de nuevo como aquello que recuerdo que me hiciera sentir de adolescente, casi diez años atrás — por lo que vuelvo allí cada doce meses con la idea de darle una nueva oportunidad. Pero nada.

Este artículo que estoy escribiendo ahora mismo – y que tú en otro ahora mismo lees – pretendía ser una elegía al 40 Aniversario de Star Wars y de cómo (estaba seguro) Ficomic iba a dejarlo de lado, con algún comentario acerca de las expos sobre Lucky Lucke o los cien años de TBO, pero no ha salido así. Creo que no puede haber comentario más sincero acerca del Salón del Cómic que dejar salir a la luz aquello que a uno le hizo o hace sentir.

Igualmente, ¿qué debería ser el Salón del Cómic? Durante estos últimos cuatro años me he movido más entre organizadores y stands que entre el público del Salón en sí. Tengo ambas quejas y alabanzas de autores e invitados, de profesionales del mundo del cómic y de amateurs, de clubs y organizaciones…. Y todas coinciden en algo: el Salón del Cómic de Barcelona cuida de absolutamente todo excepto de lo que ha de cuidar, que es el cómic.

Ni autores, ni firmas, ni invitados, ni siquiera público: a ninguno de ellos debería priorizar. Lo que debería priorizar es la pasión por el cómic. Porque esto es así: no va a atraer una expo sobre el TBO a una generación que no lo ha conocido ni le atrae conocerlo; ni una exposición de dibujantes MARVEL si el público no lee MARVEL.

El Salón del Cómic debería ser un test anual para comprobar si durante el año el público ha recibido algún input relacionado con el mundo de la narrativa ilustrada a través de diferentes actos y movimientos realizados por la misma comitiva que se encargue de montar el Salón. ¿De qué sirve dedicar cuatro días (y mucho dinero) al año en crear el 2º salón de cómic y cultura pop más grande de Europa si no se cuida al público durante el resto del año?

Comentan por ahí que el Salón del Cómic es de todo menos de cómic. “Es más de manga” o “es más de cine”, “televisión”, “videojuegos” son expresiones que se dejan oír. E incluso que el evento no es más que una gran tienda, un mercadillo ultra-friki que dura cuatro días para sacar el mayor rendimiento económico a los duros meses tras la cuesta de enero.

Pero es que ni eso.

Me comentaba una amiga de Madrid que ha venido este año expresamente para el Salón que, con el renombre que tenía, se esperaba una Comic-Con de las que ve que se organizan en USA varias veces al año. Su decepción fue enorme al compararla con convenciones “diez veces más pequeñas y mejor montadas” que tienen en la ciudad capital. Y que qué gracia tiene ir a comprar allí, ¡si todas las tiendas venden lo mismo que Fnac!

Eso es una pena porque quiere decir que el Salón del Cómic ya no es ni un gran mercadillo de cuatro días. De hecho, año tras año se echan de menos más y más tiendas (sobre todo de esas especializadas con cosillas de 2ª mano, ¡ni un cómic en inglés he encontrado!)…

… Y cada año se echa de menos a más y más gente.

Entonces, ¿qué es el Salón del Cómic? Apenas un mero evento social donde verte con gente que no puedes ver el resto del año, porque ya ni sirve como excusa para rendir culto a tus vicios y sub-cultura (como reza Gigamesh). El pobre Salón se ha convertido casi en una especie de encadenamiento en nuestras agendas, un lugar al que debes ir porque toca y al que sabes que el resto irá, aunque luego acabe quejándose del lugar.

Que ojo, no tiene por qué: pues aunque la definición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona quede en el aire, su alma se mantiene allí. Y pasarse a saludar por los stands de aquellos que trabajan duro por darte unos minutos de entretenimiento vale la pena. Aunque ese saludo sean casi diez euros.

En resumen, que no sé qué es el Salón del Cómic, pero que estoy seguro de que muchos asistentes como yo saben con firmeza lo que querrían que este volviera a ser.

Artículo de Sergi Páez, fundador de la productora Vision FES.

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