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Regreso a Hope Gap: historia de un matrimonio roto

Cuando uno está en la sala viendo Regreso a Hope Gap tiene la inevitable sensación de que el filme funcionaría mejor como obra teatral, la propuesta y su puesta en escena así lo dejan claro, además del ritmo que tiene todo el metraje, entre otros puntos. Hay señas inequívocas de ello, y el motivo es que realmente es una obra teatral llevada a la gran pantalla.

En 1999 William Nicholson estrenó The Retreat from Moscow, representación sobre las tablas de un matrimonio de muy largo recorrido que llega a su fin y cómo esto afecta a las vidas de los dos protagonistas, a su día a día e incluso a sus aspiraciones para el futuro. Dicho así podría parecer que esta propuesta llevada a las salas con los rostros de Annette Bening y Bill Nighy debería lograr un gran efecto, conmover al espectador y hacer incluso que alguna lágrima caiga por su rostro, pero no lo consigue y es una lástima.

No es culpa de estos dos tremendos actores, que he de decir fueron mi motivo principal para acudir al pase de prensa, ya que su trabajo está a la altura de lo esperado, pero el conjunto falla en lo que se refiere a la parte argumental y de realización. Lo primero resulta algo sorprendente ya que William Nicholson adapta su propia obra y ya había firmado guiones como El primer caballero, Los miserables o Gladiator (El gladiador), siendo esperable un tratamiento más adecuado para la gran pantalla en vez de lo que parece (casi) una versión filmada de una función teatral, como hace tantas décadas era habitual en el cine.

Se puede achacar a su mayor inexperiencia tras las cámaras, ya que son contados los títulos que ha dirigido y tan solo una película cinematográfica antes de esta, A la luz del fuego, y fue a finales de los años noventa del siglo XX. Quizá habría sido mejor idea dejar que otro llevase las riendas, que adaptase la obra a la pantalla junto con su ayuda, que no fuera él el responsable de escribir y dirigir dejando ver la visión de otro profesional menos apegado a la historia original.

Quizá el problema sea que la presentación de los personajes es demasiado rápida y con escasa profundidad, lo que sumado a que el meollo del filme se desvela al poco de haber empezado la proyección, provoca que no se llegue a tener empatía por ellos y su situación. Quedándose atascado en la superficie de su relación, ya que esta solo aparece para ser rota y es en ese punto en el que se empiezan a poner los pilares para desarrollar el filme.

Con todo hay que decir que el comienzo del metraje es realmente precioso y poético, de forma metafórica y literal, con unos bellos planos de paisajes llenos de vida que simbolizan (simbolizarán) épocas más felices y alegres para el matrimonio protagonista y su hijo, interpretado por Josh O´Connor. Un personaje que involuntariamente se convierte en el recadero entre sus padres, sobrellevando una carga que logra hacerle mella en su vida y que el actor logra transmitir correctamente. Hay que decir que el joven logra mantener el tipo antes los dos veteranos, que dotan a sus interpretaciones de matices, dolor e incluso una cierta ansia de venganza e incapacidad para crecer.

Haré un apunte antes de terminar, y es que al salir del pase charlé brevemente con otros dos asistentes que opinaban que en algunos momentos Annette Bening sobreactuaba, algo que entiendo pensará más de un espectador ya que quizá no se hayan encontrado con un perfil similar al suyo; en mi vida personal sí he conocido a alguien parecido, tanto en edad como formas de ser, y debo decir que la actriz no podía estar más acertada.

Puede que la actual pandemia, y los muchos retrasos de estrenos de marcado carácter comercial, tenga un buen efecto sobre Regreso a Hope Gap, ya que si bien el metraje no consigue llegar al nivel que sus primeros minutos presagian sí merece tener una oportunidad en las salas, algo que de estar compitiendo con grandes y esperados títulos le sería arrebatado antes de siquiera intentarlo. Quizá esta situación y el atractivo de sus dos intérpretes principales, con largas y eclécticas carreras, sean el reclamo perfecto para un filme que, por muchos motivos, está destinado a pasar inadvertido.

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