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La importancia

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En un primer momento pensé en llamar a este escrito “La importancia de la lengua”, luego lo descarté ya que no me parecía completo para la idea que quería dar. Pensé otras opciones como “La importancia de llamarse castellano” (en una total referencia literaria a Ernesto), o “El valor de nuestra palabra”. Lo cierto es que ninguno me terminaba de convencer y al final, o quizá al principio, terminó ganando el que estáis leyendo.

¿Y porqué “La importancia”? Quizá convenga seguir pasando por la RAE, en su versión on-line tan maravillosamente accesible para todos, y ver qué nos dice al respecto:

importancia.
(De importante).
1. f. Cualidad de lo importante, de lo que es muy conveniente o interesante, o de mucha entidad o consecuencia.
2. f. Representación de alguien por su dignidad o cualidades. Hombre de importancia.
Darse alguien ~.
1. loc. Verb. Afectar superioridad o influencia.
Ser algo de la ~ de alguien.
1. loc. Verb. Importarle, interesarle.

Cuatro. Nada menos que cuatro sentidos. Cuatro significados de una sencilla palabra, ni siquiera una de las más largas que tenemos. Doce letras que juntas conforman algo mucho mayor de lo que son ellas mismas. Pero no se queda solo en eso. Si ahora yo dijera “patatas a la importancia” muchos de vosotros sabéis que me refiero a un plato de comida, que por cierto a mi hermana le queda realmente bien.

Ya van cinco, ¿no? Pero podríamos seguir. La lista no haría más que crecer, y es que una de las muchas maravillas que tiene nuestra lengua precisamente la versatilidad de sus palabras. Pero no solo eso, también sus sonidos, y sus trazos. Todo lo que hace posible que cada día seamos capaces de comunicarnos, de hablar, de entendernos, de hacer que nos amen y de lograr ese beso de una chica que nos gusta.

Esa es la importancia del castellano. O del español. O del latino. O de la forma que cada uno de vosotros prefiera. Da igual, ya hemos visto que una forma puede tener muchos significados, y que muchas formas pueden tener (más o menos) el mismo significado. ¿No os parece algo realmente fascinante? A mí, al menos, siempre me resulta asombroso.

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Estamos en un momento en el que cada vez se lee y se escribe más. Puede que no de la forma en la que a los periodistas, término del que huyo en favor del más adecuado “comunicador”, nos gustaría. Es cierto que cada vez menos personas consultan un periódico en papel, pero el número de ellas que lo hacen a través de su tablet está creciendo. De nuevo, al igual que otras tantas veces en el pasado, nos hemos convertido en los guardianes de las palabras. En aquellos que deben protegerlas, cuidarlas y hacer que sean todo aquello para lo que están destinadas.

Pero no debemos caer en el error de pensar que somos los únicos. Por desgracia otros muchos compañeros, cabeceras realmente importantes en ocasiones, han cometido ese fallo y desde su torre de marfil no han visto la realidad del mundo. Hoy no podemos permitir que eso pase, y que siga pasando. Nuestro deber, por encima de todo, es lograr llegar a un lector que necesita información y por tanto es también nuestra obligación hacerlo con un lenguaje que sea comprensible para este fin.

Uno puede escribir, o hablar, para un público más erudito y por tanto podrá permitirse ciertos giros que harán que se luzca más. Otros en cambio estarán más orientados a un sector generalista, y por tanto deberán ser comedidos y más reflexivos en sus formas. Los que tengan la suerte de contar con un sector especializado en cambio verán delante de ellos un gran abanico de formas que otros no tendrán. Da igual, es lo de menos. Lo que realmente tiene importancia es lograr que nos comprendan.

Debemos leer, todo lo que esté a nuestro alcance. Escuchar todo lo que podamos, incluso a esa señora que habla en el Metro y fijarnos. Poner la televisión y vernos una película que recrea la vida del gran Bobby Darin. Todo ello hará que crezcamos, que nuestras expresiones no se queden en el pasado, que no seamos incapaces de llegar hasta nuestros lectores. No somos una isla, no somos los reyes de nada, solo unos mercenarios al servicio de la palabra y de aquellos que leen (o escuchan) lo que contamos.

Tenemos la suerte de vivir rodeados por el castellano. Por algo que realmente está vivo, las palabras cambian en el día a día y hace ya mucho que bizarro dejó de ser valiente para convertirse en algo muy distinto. La importancia, la auténtica importancia de todo esto, es que debemos amar a la palabra por encima de todo. Pero todo buen amante debe dar mucho más de lo que recibe.

¿Informa un periodista si nadie entiende sus palabras?

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3 Comentarios

  • ana

    Interesantes esos ejemplos… el lenguaje está vivo y no para de cambiar, más aún con lo rápido que nos movemos y comunicamos ahora. Damos pasos de gigante en eso 🙂

    • Antonio Cabello

      “¿Informa un periodista si nadie entiende sus palabras?” El periodista, o comunicador, del Siglo XXI tiene que adaptarse a los nuevos lenguajes propiciados por el contexto multimedia. Tenemos que conocer a nuestro público, e intentar diferenciar nuestro mensaje por encima de la sobreinformación actual, buscando nuevas formas de comunicar a partir de las experiencias que citabas antes (lecturas, televisión, web, etc). Buena entrada 😉

      • Doc Pastor

        Es imposible saber dónde vamos a estar mañana, pero lo que es seguro es que no será en el ayer. Algo que parece que en esta profesión nos resistimos a entender.

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