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Doctor Muerte: Pottersville. Caída y auge de un rey

Cuando en 1962 Jack Kirby y Stan Lee crearon al Doctor Muerte, sin saberlo estaban dando al universo Marvel su mejor villano, si es que podemos considerar al personaje como tal. En realidad no encajaría del todo en la definición, ya que tiene también una clara vertiente de luchador por lo que considera justo y otro tanto de romántica nobleza.

Tras su máscara de hierro se esconde un hombre que ha sufrido innumerables tragedias, comenzando por el fallecimiento de sus padres para seguir con otras tantas entre las que se incluye sesgar la vida de la única mujer que realmente ha amado. Su personalidad es, como poco, compleja a la par que atractiva, además de adictiva para todos los lectores que somos sus seguidores.

Puedo decir que mi colección de cómics del equipo de Reed Richards y sus compañeros se compone en su mayor parte de apariciones del monarca de Latveria, país que ama por encima por todo y por el que haría todo lo que fuera necesario. Y sus ciudadanos, quizá sería mejor decir súbditos, solo tienen buenas palabras para él y sus actos.

Sus acciones le han hecho perder su estatus y poder más veces de las que se pueden contar, para narrar de esta forma su retorno a la grandeza tras sufrir lo que en apariencia es una derrota. Precisamente eso es lo que sucede en Doctor Muerte: Pottersville, y si bien la historia no resulta novedosa eso no importa ante el buen tratamiento del personaje y su mundo que ha logrado Christopher Cantwell (nombre bien conocido por la serie televisiva Halt and Catch Fire).

Su Doctor Muerte es artero y feroz, sin dudas y con una determinación implacable. No teme a nadie, sea hombre o demonio, es más grande que la vida y en todo momento parece controlar la situación aunque haya sido herido de gravedad y se encuentre en la antesala de la muerte. Es, dicho de forma muy sencilla, el Doctor Muerte.

Demostrando un profundo conocimiento del personaje, el guionista lo ha rodeado de todo lo que le hace ser él mismo. El lector se sentirá como en casa al encontrarse con habituales de la vida del latveriano como Mefisto, Victoriosa (de más reciente creación), problemas con las frontera entre Latveria y Symkaria… Un auténtico quién es quién en el que no puede faltar Morgana Le Fay, la aviesa hermana de Arturo Pendragón que es a partes iguales amante y confidente del genio.

Por otro lado, igual de acertado es el dibujo de Salvador Larroca, ya todo un veterano en Marvel Comics que demuestra (una vez más) su talento innato para dibujar a figuras que se ocultan detrás de armaduras, como muestra su trabajo con Darth Vader o Iron Man, este último le hizo ganar un premio Eisner. En sus lápices estos se tornan reales, casi palpables, pero sin perder en ningún momento esa magia e irrealidad que deben tener como héroes y villanos de las viñetas.

Bajo sus manos no solo el Doctor Muerte luce fantástico, el resto del plantel parece salir de las páginas para saltar a nuestro escritorio. Debo destacar, por predilección personal y resultado final, las diferentes apariciones de Kang; el viajero del tiempo es (en apariencia) poco más que un secundario cómico, pero debe decirse que se nota que el dibujante ha disfrutado plasmando sus rasgos y ademanes. No hay más que pasar las hojas para darse cuenta de ello.

Doctor Muerte: Pottersville es un cómic que está enfocado de forma absoluta a los que somos fans de este personaje, de su regia figura y su mente sin parangón. Pero, y es un pero importante, la historia no termina aquí, y es que el tomo editado por Panini Comics contiene los primeros cinco números de la serie (al momento de escribir estas letras en su país de origen ya ha salido el noveno) con lo que la resolución final de la trama y el conflicto todavía tendrá que esperar.

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