Escenografía del musical de Cabaret. Créditos: docpastor.com
Cabaret es una película musical igual de conocida que querida, la misma está siendo llevada a las tablas de teatro por la compañía Letsgo de cuya versión os hablamos en un artículo pretérito. Una función que es espectáculo en estado puro, que bebe de forma más que directa del filme protagonizado por Liza Minnelli y Michael York, y que merece no pocos aplausos.
Pero Cabaret es, además, una producción que es hija de varios padres o más bien que tiene distintos orígenes hasta llegar al show de la gran pantalla que tan recordado es. Vamos a aprovechar el buen trabajo de Letsgo para adentrarnos en esta obra, y en el camino hasta llegar a Hollywood.
Historias de Berlín
El periplo comienza en la década de los años treinta del siglo XX cuando el escritor estadounidense Christopher Isherwood publicó dos novelas que se convertirían en las más conocidas firmadas por él. La primera, en 1935, es El señor Norris cambia de tren centrada en William Bradshaw y el propio señor Norris, un hombre peculiar con el que Bradshaw traba amistad.
La segunda se trata de Adiós a Berlín, publicada en 1939 y tratándose de una trama parcialmente biográfica que es, de forma clara, la inspiración directa para Cabaret. En la misma se presenta a un joven escritor que llega a Berlín en un momento muy complejo de su historia, donde conocerá a la llamativa Sally Bowles, basada en la real Jean Ross, que se convertirá en su personaje más inmortal.
Ambas obras suelen comercializarse de forma conjunta bajo el nombre de Historias de Berlín, dado que forman una dupla inseparable y una trama que puede entenderse como única. Las dos tienen hechos y circunstancias que llegarán a ese Cabaret fílmico que todos conocemos, pero el camino hasta ello apenas ha empezado.
Soy una cámara
Saltamos de los años 30 a los años 50 y, ahora sí, directos a las tablas del teatro. Y es que fue en 1951 cuando Adiós a Berlín se convirtió en Soy una cámara al ser adaptada a Broadway por John Van Druten, un título que viene de una cita de la primera página del libro. No sorprenderá a nadie si se dice que fue un éxito, las críticas fueron buenas y se representó más de doscientas veces antes de bajar para siempre el telón.
Con matices, y es que en 1955 fue esta misma obra la que se llevó a cines con la dirección de Henry Cornelius. ¿Y quién fue Sally Bowles antes de que Liza Minnelli la volviera inmortal? La actriz Julie Harris, nadie mejor puesto que la había encarnado en la versión teatral en un papel que la hizo ganar un premio Tony como Mejor Actriz Principal en una obra de teatro.
Nace Cabaret
Y un nuevo salto, esta vez hasta los años sesenta que, como bien es sabido, nunca pasan de moda. Es en esta década, en el año 1966, el mismo que vio convertirse a Batman en la serie de más éxito de la televisión, que se representó por primera vez el musical llamado Cabaret. Contó con la música de John Kander, guion de Fred Ebb y libreto de Joe Masteroff, siendo este el inicio real de la obra según la visión moderna de la misma.
Aunque debe decirse que, como sucede en un gran número de adaptaciones, una cosa es el material de origen y otra el resultado final, y esta no es una excepción. Los personajes variaron mucho desde la novela original a la puesta en escena musical, algunos desaparecieron y otros se crearon de cero (o inspirados por El señor Norris cambia de tren la novela que precede a Adiós a Berlín), junto con hechos de la trama y el argumento que también se modificaron.
La inmortalidad del cine
Un nuevo salto, a otra década, para llegar hasta el año 1972 y a la película cinematográfica que, por lo general, es entendida como el centro de todo aunque solo sea una parte más de esta larga historia de idas, venidas, cambios y adaptaciones. La misma se basa de forma tanto en el musical de 1966 como en la novela de 1939, e incluso en la de 1935, con variaciones respecto de todos sus precedentes y valiendo a su director, Bob Fosse, un premio Oscar como Mejor Director. Y, por supuesto, el de Mejor Actriz para una Liza Minnelli brillante como la divertida, pícara, compleja y dura a su pesar Sally Bowles.
No se puede no mentar el buen trabajo de Michael York como Brian Roberts o la creación de la canción Money, que es hoy inseparable de la representación y una de sus melodías más icónicas, o quizá, y de forma directa, la que más. La mezcla de todo este cóctel, forjado a lo largo de cuarenta años, convirtió a Cabaret en una película de gran éxito, tan aplaudida como premiada, a la imagen de la Sally Bowles de Liza Minnelli como la única posible (a su vez inspirada en la Lulu de Louise Brooks), y llevó a las letras de Christopher Isherwood por completo a la inmortalidad.
Soy una cámara con el obturador abierto, totalmente pasiva, que registra sin pensar. – Adiós a Berlín, Christopher Isherwood.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



