El viento en los álamos de Teatro de vuelta en el Festival MUTEA. Créditos: docpastor.com
Con El viento en los álamos el Festival MUTEA, siglas de Muestra de Teatro Amateur, sigue adelante en Zaragoza gracias a la iniciativa del conocido Teatro Arbolé. Una celebración que permite subir al escenario a compañías no profesionales, de ahí el amateur (o aficionado) para representar una u otra obra, cada una igual de diferente que el grupo en sí.
De la Primera Guerra Mundial al Festival MUTEA
En este caso se trata de una representación que con honradez, cierta dosis de ironía, bastante humor y una tremenda humanidad se adentra en la Primera Guerra Mundial aunque, y es importante, lo hace décadas después de su final. Se mete de lleno en la vida de tres veteranos que ya ancianos recuerdan esos años, sus vivencias y las secuelas que les dejaron.
Estas son más o menos evidentes, según se trate de cada uno de ellos y como fiel reflejo de la realidad. Uno tiene una cojera que salta a la vista, con un fuerte bastón para poder seguir caminando, otro presenta un claro desorden mental que no le hace ser de fácil trato y el tercero tiene todavía metralla dentro de su cráneo lo que le provoca desmayos.
La obra del francés Gérald Sibleyras, este El viento en los álamos, pasa en el Festival MUTEA a las manos de Nuria Herreros como directora, quien además se ocupa de la luz y el sonido. Una mezcla de trabajo que suele ser habitual en el circuito no profesional, donde la función siempre debe continuar aunque no haya equipo o presupuesto, pero siempre pasión y amor por el teatro.
Tres veteranos en El viento en los álamos
Encima del escenario tres actores veteranos (Pedro Castro, Guillermo Allanegui y Antonio Garrido) que encajan a la perfección en las edades de los personajes que deben representar. Su actuación es medida y clara, aunque peca de tener menos química de la que debería en base a la relación que tienen o, importante matiz, que se supone han de tener. Quizá es que no sea tanto una amistad real como una compañía que sucede por estar los tres en el mismo lugar.
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Sea de la forma que sea lo que no puede negarse es que logran sacar adelante la obra con soltura, con buen talante y demostrando que las ganas de vivir se tienen a cualquier edad. Algo que tiene en común con la representación de Aeroplanos de hace unos años, en este mismo Festival MUTEA, y que es la reflexión más importante que deja El viento en los álamos.
Puede que el tiempo pase, que tengamos vivencias terribles y dolorosas, que una y otra vez haya golpes inesperados que nos hagan tambalearnos, pero no por ello debemos dejar atrás lo que nos ilusiona, lo que nos hace levantarnos cada mañana. Incluso aunque eso sea una excursión que se antoja imposible hasta unos lejanos álamos mecidos por el viento, o quizá solo haga falta soñar y desear para que, con un poco de imaginación, al igual que las aves se pueda llegar volando y mecidos por el viento.
El teatro es el teatro
El teatro puede ser, y es, muchas cosas, pero ante todo es una casa en la que todos están invitados para entrar, sentirse parte del mismo, disfrutar y experimentar unas vidas que no son la propia. Por el camino, y este caso no es una excepción, uno puede reír y conmoverse, puede reflexionar y sacar conclusiones, puede ver en las tablas hechos tan reales como inventados. Lo único que importa es que el teatro es el teatro, el público es el público, los actores los actores y la mezcla de todo ello es lo que hace que cada representación sea tan única como personal.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



