El crepúsculo de los dioses en su edición Blu-ray de aniversario. Créditos: docpastor.com
La noticia de que Sony ha tomado la decisión de abandonar el formato físico, lo que nos lleva al Blu-ray más que a otra cosa, tanto en películas como videojuegos, ha pillado a muchos por sorpresa y no debería ser así. Lo primero por ser algo que estaba anunciado desde hace tiempo, por lo que, de forma técnica, no podría decirse que es una noticia, y lo segundo por la simple realidad palpable de cada día.
A nadie se le escapa que el consumo de este tipo de productos está de capa caída y en una ruta directa hacia la extinción, lo mismo que pasó con los discos de vinilo. Y sí, puede que estés pensando que los discos de vinilo se siguen comercializando pero no se hace de forma mayoritaria, se reduce a un círculo de coleccionistas y ediciones especiales. Se venden, sí, pero es más representativo que anecdótico.
El auge del siglo XX
Los productos audiovisuales en formato doméstico tuvieron un gran movimiento entre las décadas de los 80, 90 y 2000 del siglo XX, algo que sucedió así por la existencia del VHS y los precios económicos de este formato. Era habitual que en (casi) todas las casas hubiera un grabador y reproductor, cintas originales o copiadas de la televisión y títulos de todo tipo, desde la línea de Clásicos Disney, que era más o menos omnipresente, a otras tantas propuestas y aventuras.
El DVD llegó en el año 1996 y poco a poco se fue imponiendo, pero no en todos los hogares. Muchos se bajaron del carro y no vieron la necesidad de hacerse con un nuevo reproductor y esas películas que les gustaban ya que seguían teniendo un VHS más que usable (y, en algunos casos, incluso un Betamax). Al otro lado estaban las claras ventajas que tenía este sistema, y no eran pocas.
Desde un menor espacio de almacenamiento, la posibilidad de ir directo a un punto u otro del filme, además de extras (a veces más que escuetos) que mejoraban la experiencia y, por supuesto, las ediciones especiales. Estas tenían todavía más material adicional, carátulas por completo nuevas y, en no pocas ocasiones, afiches y regalos varios como una estatua de Gollum, un cómic de Superman o una figura de un Pitufo.
Llega el Blu-ray
Dos décadas más tarde se lanzó el Blu-ray y la historia sucedió de nuevo, más o menos de la misma forma y por el camino ya marcado. La calidad de reproducción ganó puntos, igual que del VHS al DVD pero más allá de eso no se puede decir que trajera ventajas tan evidentes. Los discos ocupaban lo mismo, los extras seguían existiendo, también las versiones de coleccionista y los reproductores de Blu-ray sí aceptaban el formato DVD.
Con todo, la industria siguió adelante, e incluso dio un paso más con el 4K Ultra HD aparecido en 2016, pero el acuse de desgaste fue cada vez mayor. Muchos pillaron toda la evolución del sector y no estaban dispuestos a pasar una y otra vez por el desembolso económico, en ocasiones por la confusión de que los reproductores de Blu-ray no funcionaban con los discos de DVD y deberían tener que comprarse todo otra vez, como ya se hizo con el paso de VHS a DVD. Esta es una idea, que si bien no es cierta, y resulta más que fácil comprobarlo, sigue persistiendo a pesar de los muchos años pasados.
Nacen las plataformas de streaming
Mientras toda esta batalla, con guerras intermedias como la del LaserDisc, se libraba llegaba otra que lo cambió todo: las plataformas de streaming. De forma general, aunque el dato no es correcto, para muchos la primera empresa de este tipo fue Netflix y si bien no fue así sí logró hacerse con la corona gracias a un servicio efectivo, económico y con muchas opciones. Una muestra de reconversión empresarial completa dado que la compañía nació en el año 1997 como un videoclub de DVD que enviaba por correo, una década más tarde, nacía la compañía según la entendemos hoy.
Ese fue el gran pistoletazo de salida y la muestra de que algo estaba pasando. Otro ejemplo fue cuando en el año 2012 el cineasta Paco León se atrevió a estrenar Carmina o revienta a la vez en cines, formato doméstico y en plataforma, un movimiento que sorprendió a todos pero que hizo ver que el camino del cine, las series y sí, los videojuegos, era muy distinto del que se pensaba tiempo atrás.
Hoy es más que habitual que se tengan plataformas de streaming contratadas, aunque también hay personas que siguen usando un formato más añejo de consumo televisivo, para tener acceso a un catálogo casi infinito de títulos. Solo con tener cualquiera de ellas, como por ejemplo Disney+, de la que hemos hablado en varias ocasiones en docpastor.com, uno puede pasarse meses enteros yendo de una propuesta a otra con producciones de aventura, drama, comedia, fantasía y todo lo que busque.
Esto es algo que también sucede, como se ha dicho, en el mundo del videojuego. Es habitual que haya opciones que no estén disponibles en formato físico, otras que solo lo estén para los suscriptores (sin coste añadido, y previo pago para el que no lo sea), y da igual si se habla de la PlayStation, de Sony, o la Nintendo Switch, de Nintendo. También existen las plataformas por completo digitales y online, como Steam, donde el listado de juegos es más que extenso y el uso de la misma es muy intuitivo (lo digo por experiencia propia al usarla siendo alguien que es bastante ajeno a ese mundo).
La apuesta por el coleccionista
Ahora, con todo esto en la mano, ¿significa realmente el fin del formato físico? ¿Y los coleccionistas? Vayamos por partes. Los coleccionistas pueden respirar tranquilos y es que, y tampoco es nuevo, a lo largo del tiempo se han llegado a lanzar cajas tanto de videojuegos como de series que en su interior no contienen disco alguno y sí un código para la descarga. Sí, el objeto a reproducir en sí puede no estar pero sí la vertiente coleccionista, junto con el contenido para ver en otro formato.
No se escapa a nadie que las empresas que siguen adelante lanzando películas en formato físico, como nuestros viejos conocidos de Divisa Films, buscan una forma de ser relevantes a través de cuidadas ediciones en 4K, de recuperar antiguos títulos tras una ardua restauración como en el caso de El jorobado de Nuestra Señora de París o en propuestas que llegan cargadas de afiches, regalos y detalles que hacen que el auténtico valor no sea tanto el filme como sí los distintos objetos. Un ejemplo de esto último pueden ser sus comercializaciones de Barbarella o Atrapa a un ladrón, entre otros.
¿Es el fin del formato físico? ¿Es el fin de una era? Sí y no, todo tiene sus matices como se ha indicado en las líneas precedentes. Los tiempos, como dice una estupenda canción, están cambiando pero lo cierto es que esta situación existe desde hace años y la industria no ha dejado de evolucionar y adaptarse a los gustos y necesidades del espectador. Algo que hace una vez más, y no será la última.

Dos reflexiones finales
Dicho esto, termino con dos reflexiones finales. La primera es que, por si acaso, siempre intentaré tener un reproductor de algún tipo aunque solo sea para asegurarme de que en cualquier momento puedo verme la icónica Batman (1966-1968), su película asociada, y El prisionero (1967-1968), mi serie favorita, sin depender de si están o no en la plataforma de turno y de si es o no por tiempo limitado.
La segunda es que aunque a los de cierta edad, que ya peinamos canas, pueda parecernos que hay un debate no lo hay tanto puesto que hay ya tres generaciones (Z, Alfa y Beta) que se han criado, y nacido, en un mundo donde el streaming y las visualizaciones online no son la novedad o la excepción, son lo ordinario y lo habitual.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



