Cómic,  Crítica

La Visión: poco mejor que una bestia

“Y la cuestión que inmediatamente se presenta –continuó Cutie imperturbable–, es: ¿cuál es la causa de mi existencia?” –

Yo, Robot. Isaac Asimov.

La Visión (1 y 2) es un relato de tintes shakesperianos impregnado de una encomiable labor de deconstrucción y, podemos decirlo, vivisección de uno de los personajes más interesantes de Marvel Comics. Una obra que no dejará a nadie indiferente.

El primer volumen de La Visión, titulado Visiones del futuro, fue una de las grandes sorpresas que tuvimos los lectores el pasado 2016. Bajo la apariencia de una típica sitcom familiar en la que no faltaba de nada, hasta un pequeño y adorable perro de color verde, se presentaba a Visión junto con su familia que estaba compuesta (por supuesto) por su esposa, hijo e hija, viviendo en una zona residencial y siendo los nuevos vecinos del barrio.

Esta idea cobraba más fuerza todavía por la portada del citado primer tomo, donde se ve a la familia sonriente saludando a un hipotético vecino que es el lector en una total ruptura de la cuarta pared. Las primeras páginas siguen esta tónica, pero poco a poco se va viendo que el camino que tomará es otro y de pronto todo se rompe en pedazos.

La historia planteada por los autores demuestra que es algo muy distinto. Que las luces solo existían para potenciar las sombras, que todas las familias tienen secretos, que los experimentos pueden salir mal y que todo es un intento más de Visión de responder a una sencilla pregunta: ¿Qué hace hombre al hombre?

Una pregunta que es una presencia constante en la vida del personaje desde que apareció en los años sesenta de la mano de Roy Thomas, recuperando así a un personaje que estaba desaparecido y olvidado y aprovechando para darle una nueva vida. Algo totalmente literal ya que según se narraba esta nueva Visión era una creación de Ultron, siempre Ultron, en un intento de terminar con la vida de Hank Pym y sus compañeros héroes.

No lo logró y el recién llegado pasó a convertirse en un miembro más, otro vengador que salvaría al mundo decenas de veces (37, si nos atenemos a lo que él mismo dice en el actual tomo) y realmente un niño que jugaba a ser mayor igual que un ser artificial que jugaba (o realmente era) a ser humano.

En todo su proceso hay un momento que es inolvidable: su noviazgo y posterior matrimonio con la Bruja Escarlata. Tal es la importancia que esta parte será la que uno se encuentre nada más abrir La Visión: poco mejor que una bestia, el conocido amor que compartieron los dos héroes solo que el punto de vista es distinto, mostrando entre bastidores algunos detalles que nunca habíamos visto a pesar de que estaban ahí.

Realmente un número de relleno pero muy bien resuelto que se convierte en la perfecta antesala de lo que está por venir. El cómic avanza con la llegada de Victor Mancha, otra creación de Ultron y por ende hermano de Visión, que llega para quedarse en la casa durante un par de semanas. De nuevo los lazos con la sitcom aparecen, con algunos momentos que podrían verse en Seinfeld y que serán rápidamente destruidos en función de las necesidades de la trama.

Creación y destrucción. Eso es lo que define a esta obra que en cierta forma casi toca el ser un western crespucular, salvo diferencias y estando protagonizado por un ser artificial y no por un vaquero. Es imposible no pensar en ciertos momentos en Westworld, tanto en la serie como en la película, viendo ciertas similitudes entre un producto y otro, personajes que actúan de forma similar y resoluciones que van por un mismo camino; no en vano ambas intentan responder a la misma pregunta…

¿Qué hace hombre al hombre?

Quizá la tenencia de un alma, quizá la felicidad, quizá la tragedia.

“Yo era afectuoso y bueno; la desgracia me ha convertido en un demonio. Hazme nuevamente feliz y volveré a ser virtuoso” –

Frankenstein, o el moderno Prometeo. Mary Shelley.

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