¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es…!

No hay persona en el mundo que no sepa cómo acaba esa cita. Y si la hay, entonces afirmaré sin miedo a equivocarme que se trata de un extraterrestre recién llegado a nuestro planeta y es que Superman es un personaje de cómic que nació en 1933 de mano de Jerry Siegel y Joe Shuster, y no hay nadie que no haya visto una película de este fortachón boy scout, leído algún cómic o visto en alguna camiseta u otro accesorio con el mítico símbolo, que no se trata de ninguna “S”, sino del símbolo kryptoniano de la casa de El.

Pero lo que hasta hace poco la mayoría no sabía es que en 1959 apareció una prima de Superman. El Último Hijo de Krypton no era el último habitante de su planeta ya extinto, puesto que antes de que este entrara en erupción y se llevara por delante a toda la civilización sus tíos lanzaron a su prima, Kara Zor-El al espacio, también rumbo a la Tierra. Con el paso del tiempo la “terrícola” Kara Danvers se convertirá en Supergirl. Este personaje se ha popularizado gracias a la serie Supergirl de CW de 2015, protagonizada por Melissa Benoist.

En el tomo Supergirl: Fuera de lo común nos encontramos con la recopilación de una miniserie en un volumen en la que Kara Danvers descubrirá quién es en su decimosexto cumpleaños. Evidentemente sabe que tiene una fuerza desmesurada y un oído extremadamente agudizado, que puede volar, que goza de visión calorífica y de un aliento gélido, pero no conoce su pasado ni sus orígenes, sabe que sus padres la encontraron en una “vaina” y que tenía una capa consigo, pero no sabe qué significa.

Gracias a las experiencias que vivirá en su pueblo, Midvale, y no todas buenas, encontrará respuesta a algunas de sus preguntas existenciales como cuál es su lugar en el mundo y buscará respuestas en alguien que lleva el mismo símbolo que tiene bordad en la capa que llevaba consigo cuando la encontraron, un hombre al que llaman Superman.

Esta miniserie trata de la adolescencia y de los problemas que nos surgen y plantean en esta etapa de la vida. Si bien es cierto que Joëlle Jones nos deleita con viñetas preciosas, que transmiten mucha fuerza y que Kelly Fitzpatrick acompaña con su color, también lo es que esta obra no tiene más interés que para aquel público que se encuentre en una etapa parecida, a modo de introducción al cómic pero de trama bastante olvidable. Es una lectura de entretenimiento que disfrutar a modo de pasatiempo más por las viñetas que por la trama en sí, aunque sienta unas bases interesantes para una continuación. Quizá este sea su error, tratarse de una miniserie y que acabe cuando empieza lo interesante.

 

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