En este tomo recopilatorio de las andanzas del Joker de principios de los 2000, nos encontramos ante una chocante irregularidad de un capítulo a otro en cuanto a calidad narrativa. Heterogeneidad causada en su mayor parte por el inmenso error de haber incluido toda una saga escrita por uno de los guionistas con menos talento de la historia del cómic: Chuck Dixon. Si analizamos fríamente la obra de este escritor, dejando de lado juicios de valores sobre su polémica figura, nos topamos con una marcada e indiscutible tendencia hacia lo simplemente lamentable. No se trata ya sólo de los habituales elementos misóginos y ultraconservadores que caracterizan la obra de Dixon, que están presentes a lo largo de toda la parte de este cómic escrita por él –incluso aunque la mayoría de veces no vengan a cuento de nada y parece que los haya metido con calzador para desahogarse y poder seguir persiguiendo su sueño utópico de un mundo anclado para siempre en la década de 1930-. Es que ya desde un principio sus diálogos parecen escritos en post-its desde el cuarto de baño, que ya es más o menos a lo que nos tiene acostumbrados. Una trama floja se puede compensar con unos diálogos brillantes. Pero eso es algo de lo que el bueno de Chuck no parece haber oído hablar.

Estoy de acuerdo en que en el mundo del arte es importante separar al autor de la obra y valorar su trabajo sin tener en cuenta su trasfondo personal, que no es justo juzgar una obra literaria por tu opinión sobre el autor. Pero, en el caso de Dixon, es realmente difícil leer algo suyo sin tener presente su polémica y condicionar nuestro juicio a ésta. El autoproclamado líder del movimiento Comicsgateuna conocida iniciativa para erradicar la diversidad en el cómic, impidiendo a mujeres o a personas de razas no blancas poder dedicarse profesionalmente al arte de la historieta o ser siquiera representados en ésta– se ha convertido en una figura muy controvertida en la actualidad, debido a sus declaraciones de corte radicalmente intolerante y a su discurso de odio extremista Trump-style a todo lo diferente, provocando que acabasen por echarlo de la mismísima DC Comics por ser demasiado de ultraderecha –algo así como que te echen de Irlanda por beber demasiado, para entendernos-. Se hace una ardua tarea valorar su –ya de por sí deficiente– trabajo como guionista cuando conoces un poco su historia.

La trama central del volumen que nos ocupa –la miniserie “Joker: Last laugh”, de la que el resto de números que componen el tomo son complementos secundarios– gira en torno a un motín carcelario organizado por el Joker, que crea un suero que convierte a la gente en copias de él mismo y lo utiliza en todos los villanos que están encerrados con él en la prisión de máxima seguridad de La Losa. Un planteamiento harto interesante que podría haber dado mucho juego y complejidad psicológica de haber estado escrito por un buen guionista. Todos estaremos de acuerdo en que el Joker es un villano carismático, profundo y altamente interesante, uno de los mejores que ha dado DC y que por algo se ha convertido en uno de los más queridos por todos los fans. Por eso mismo, resulta chocante que alguien haya sido capaz de escribirlo de una forma tan insulsa, aburrida y desprovista de cualquier atisbo de carisma o gracia, pero Dixon se ha puesto manos a la obra y lo ha logrado. Por primera vez, alguien ha conseguido mostrar a un villano tan divertido como el Joker con el mismo nivel de interés que la historia de un funcionario de tráfico yendo a comprar el pan.

En cuanto al dibujo en toda esta primera saga central, lo más amable que se le puede decir es que es muy de la época. Pete Woods tiene un estilo muy de fanzine amateur de los 90 y los colores, que parecen pensados exclusivamente para causar una matanza de epilépticos a nivel mundial, no ayudan a disimularlo. Hay una escena, calcada de un capítulo de los Simpson, en que el célebre villano pasa en un minuto por las 7 fases del duelo cuando le dicen que se está muriendo –“yo qué voy a morir, yo qué voy a morir”– y que da la sensación de que tu primo de 14 años que tiene un fanzine de fotocopias grapadas con sus colegas haya querido hacer un imaginativo mash-up entre Homer Simpson y el Joker.

Afortunadamente, no todo es malo en este tomo, ya que muchos de los capítulos que acompañan a la trama central como complementos son exponencialmente mejores que ésta –que tampoco era muy difícil, la verdad-:

  • El número de Nightwing dibujado por el mucho más profesional Staz Johnson, por ejemplo, supone un salto cualitativo con respecto a Woods y un cómic casi disfrutable, pese al guión de Dixon.
  • Se incluye un breve episodio escrito y dibujado por Walt Simonson que resulta agradable a la vista y hace que todo valga la pena.
  • El episodio de Canario Negro, pese a ser también de Dixon, resulta algo más aceptable que la saga principal e incluso algo entretenido, debido a que se compone principalmente de mucha acción trepidante, con lo que apenas da tiempo a que sus extremadamente tópicos y olvidables diálogos –escasos, por suerte– nos estropeen la totalidad de la historia.
  • El dibujo de Roger Robinson para el episodio de Gotham Knights que se incluye hacia la mitad de este volumen, mucho más noir, así como el de Shawn Martinbrough en Detective Comics, mucho más indie, son interesantes y estéticamente tienen mucha calidad.
  • Y, sobre todo, incluye el Young Justice 38, con guión del mítico Peter David, que parece haber venido con la misión de salvar nuestro amor y respeto hacia los cómics después de que hayamos cometido el catastrófico error de haber leído algo escrito por Chuck Dixon. El capítulo de David es una delicia ingeniosa e inteligente, plagada de su característico humor metalingüístico, de ése al que ya nos tiene acostumbrados en Spider-Man, X-Factor o Hulka. Es además un capítulo dibujado por Todd Nauck, que también tiene un estilo muy de los 90, pero en el buen sentido: un amerimanga juvenil, fresco y desenfadado, pero comedido y agradable a los sentidos, sobre todo después de haber llorado de indignación ante las viñetas de Pete Woods.
  • Y el fugaz cameo del Batmito, la verdad es que hace ilusión.

La encuadernación de este tomo está muy cuidada y es preciosa de ver, como no se esperaba menos de la habitual gran labor editorial de ECC. La portada es una ilustración del legendario Brian Bolland, lo que se agradece enormemente después de haber visto los interiores de Pete Woods.

Estamos, pues, ante un tomo muy irregular, que recopila 18 cómics distintos cuya temática común gira en torno a una trama principal, la de los diversos supervillanos infectados por el suero del Joker y cómo cada uno de ellos afecta a la serie en la que participa. Una idea –a priori, llamativa y fascinante– a la que se saca mucho mejor partido en algunos episodios que en otros. Un tomo que contiene algunos capítulos bastante decentes e interesantes, pero que desgraciadamente quedan eclipsados por la insoportable y soporífera labor de Dixon en la saga central.

Un volumen recomendable para acérrimos completistas de las historias de Batman y todo su cosmos, de los que quieran tener hasta la última rareza relacionada con sus personajes, pero para muy poca gente más allá de eso.

Artículo de Jöse Sénder.

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