Tras una serie de aclamados cortometrajes, Ari Aster presenta su opera prima como ambos director y guionista: Hereditary (subtitulada en nuestro país El legado del diablo). De más de ciento veinte minutos de duración, esta obra de fantástico y terror ha sido aclamada de internacionalmente desde su estreno en enero en el Festival de Cine de Sundance, y reivindicada como “El Exorcista de nuestra generación”. En una década en la que parece que cada año estrenan dos veces la “película más terrorífica de la historia”, ¿está realmente el filme a la altura o dividirá a los seguidores del género como ocurrió con Un lugar tranquilo del también primerizo John Krasinski?

En Hereditary: El legado del diablo, la vida de Annie (Toni Collette) y de su familia da un giro inesperado tras la muerte de su anciana madre, Ellen. Apoyada por su marido Steve (Gabriel Byrne) y de su nueva amiga Joan (Ann Dowd), deberá proteger a su hija Charlie (Milly Saphiro) y a su hijo Peter (Alex Wolff) de las tragedias que acaecerán a su familia, desentrañando en el proceso los terribles secretos que su madre escondía.

Aster consigue con Hereditary narrar de forma magistral una historia de fantasía oscura basando todas las características del género en un drama familiar bien trabajado y construido. Un tempo narrativo inusual en este tipo de películas, acompañado de una puesta en escena de las que es difícil de encontrar entre tanto terror de palomitas, y unas interpretaciones espectaculares de un elenco de oro generan una sensación de angustia incesante, quedando el espectador constantemente horrorizado por los sucesos que les ocurren a Annie y su familia.

Si te hace saltar en alguna ocasión del asiento, o te muestra de manera explícita un suceso gore y espeluznante, Aster lo hace funcionar por la necesidad del mismo dentro de los acontecimientos. No existe la gratuidad, sino la coherencia en la cinta del director, creando una ambientación verosímil que desemboca en uno de los mejores finales del género de terror.

Lo primero que salta al vista en esta producción es lo cuidada que está la cinematografía. Como en un Exorcista o Resplandor, los hechos ocurren en lugares comunes y atractivos para el público, dejando de lado las casas abandonadas, las suciedad y el ambiente gótico del que suelen caracterizarse este tipo de películas. Aster es dado a jugar con las secuencias y/o detalles premonitorios en su lenguaje, a veces de forma más sutil, a veces golpeándote con el símil o la metáfora en las narices. Sea como sea, se dedica a construir a crear un vínculo entre la historia, el personaje y el espectador como difícil es de encontrar.

Collette y Wolff son los pilares interpretativos de la cinta. Acompañados de un elenco perfecto, cada vez que aparecen en pantalla se comen al resto de personajes, destacando la escena de la discusión en Toni y todo el tercer acto en el joven Alex. No obstante, y como ha demostrado una y otra vez por su paso en HBO, Ann Dowd es perfecta en su papel secundario como Joan. Sería un placer echar un vistazo a la hora de escenas eliminadas por el director para poder gozar de un poco más de ella.

Reminiscente del terror de las décadas de los ’70, Hereditary es efectivamente una de esas cintas que entra de cabeza en el panteón del género, colocando a Ari Aster entre las promesas del cine oscuro y deseando más de él como autor.

Artículo de Sergi Páez.

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