De la mano de Rupert Sanders (Blancanieves y la leyenda del cazador, 2012) llega a la gran pantalla la esperada por algunos y psé-eada por otros tantos Ghost in the Shell: El alma de la máquina (o El fantasma en la concha, como muy alegremente se le llama por las redes). Esta nueva adición cinematográfica a la franquicia japonesa basada en el manga de Masamune Shirow vuelve a adaptar el cómic japonés original que ya llevó a los cines en 1995 Mamoru Oshii: versión en animación japonesa alabada y premiada internacionalmente.

Esta nueva adaptación, sin embargo, decide tomar el alma de la historia y tratar de internacionalizarla y distribuirla a un público mucho más amplio, con una apuesta visual rompedora sobre un texto más que aceptable. Y es que coincidiremos que GitS 2017 no es una obra maestra – ¡pero todos esperábamos algo mucho peor!

Aviso a navegantes: decidí experimentar esta ópera de la ciencia-ficción como el target al que se dirige. Eso significa que, a diferencia de la gran mayoría de compañeros de la sala, entré en esta sin conocer absolutamente nada del universo ni trama del filme — ¡si oís a alguien comparar con el manga/versión del ’95 metedle una naranja en la boca!

GitS es un drama policíaco de ciencia-ficción situado en un futuro no muy lejano en el que la sociedad ha comenzado a mejorar sus capacidades físicas mediante implantes tecnológicos: los ciborg están a la orden del día. Major (Scarlett Johansson), la primera humana reconvertida en un arma viviente, ahora parte de un equipo de fuerzas especiales, deberá detener a un terrorista (Michael Pitt) que amenaza destruir Hanka, la empresa de robótica que la creó. La misión se complicará cuando oscuros y presuntamente perdidos atisbos de su pasado comiencen a resurgir…

El alma de la máquina es visualmente esplendorosa. El universo del GitS de Sanders es maravilloso: un futuro distópico que es a la par una versión extrema de nuestro presente. Una crítica a la sociedad actual muy poco sutil pero funcional a la vez, con unos entornos y diseños de galardón. Y es que es la cantidad de detalles con los que este universo está construido que hace que el espectador pueda sumergirse de lleno en la historia (aunque tampoco tenga mucha complicación).

Da la sensación de que cada plano de la película esté diseñado para convertirse en uno de esos .gifs que dejarías que se reprodujeran hasta la saciedad. O al menos cada plano hasta el segundo tercio de la película — donde ambas la narrativa y la espectacularidad visual están menos cuidadas:

Lo nuevo y lo brillante del concepto de la historia es capaz de dejar sin aliento los primeros quince minutos de metraje. El resto de la película te deja respirar sin más, entreteniendo con una trama clásica de polis y cacos que sabes cómo acabará tras una hora sentado en la butaca. Porque entretenida es, y mucho. Y alegra ver que está llena de clichés, pero bien hechos, no de esos que dan vergüenza ajena, sino los que esperas ver en un blockbuster del estilo.

Destacar aquello que se ha discutido mucho por foros y que he recalcado al principio de este texto.

Sí, GitS está adaptada a un target más amplio alejado de las grandes tramas de ciencia-ficción y, sobre todo, de la narrativa japonesa. La película mantiene, aun así, el alma, el motiv de la historia original. Mantiene la crítica y el tratamiento psico-social que caracteriza la historia y que tan puñeteramente profunda haría parecer el manga y el anime a los que no encontraron nada “bueno” después de esto hasta Death Note. Pero muy destilado. Hecho cine palomitas. Que no está mal porq-

— ¡Qué dices, pero si se han cargado la peli original… y el manga!

— ¡¿Cómo?! ¡¿Han desaparecido de tu estantería?!

— No… Igualmente yo no compro, veo y leo por internet, ¡so-capitalista!

Lo dicho. Que es una adaptación muy light del “fantasma” (— ¿Eh? ¿Eh?) que habita la obra original.

Y sí, es una versión internacionalizada. Porque, como bien sabéis, vivimos en un momento de transición en el que las fronteras se disipan (aunque algunos quieran marcarlas aún más) y, por suerte, etnias y culturas convivimos en harmonía en la mayor parte del primer mundo. Ergo, tiene mucho sentido que una historia que tiene lugar en un Japón no muy lejano razas de todo el planeta convivan… ¡aun siendo los altos cargos japoneses que sólo hablan en japonés mientras el resto se habla en inglés! Un detallazo.

Como diría mi padre, “la Escarlet hace muy bien de robó” – y es que la mujer tuvo que practicar mucho para pasarse la película con la pose que nos lleva, ¡qué dolor de espalda! Pronto aparecerán memes sobre ello. Pitt está fantástico, por otro lado, y con GitS nos ha demostrado que un villano no generado por ordenador habría funcionado en Los Vengadores: La era de Ultrón.

Los secundarios son redondos y atractivos, una pena que no se les explote más en pantalla. Takeshi Kitano es perfecto como Aramaki; y Pilou Asbaek en la piel de Batou, como diría cualquier crítico de cine que se precie: mola que te cagas. Y es que desde que se le vio en Game of Thrones el chico no ha parado de hacer papeles del estilo.

Durante toda la película hay momentos que pasarán a la historia de la ciencia-ficción cinematográfica y otros que se perderán en las arenas del tiempo y la cartelera de “recomendaciones para ti” de Netflix. Las escenas de acción se desarrollan como deberían en una película que se alza triunfante donde una vez estuvo Matrix y donde quisieron estar Aeonflux y Jupiter “Descending”.

En definitiva, Ghost in the Shell: El alma de la máquina es una más que aceptable pieza de ciencia-ficción policíaca, que hará volar la imaginación de muchos, y los sesos de otros pocos. Muy entretenida y visualmente espectacular, con secundarios que se podrían comer a los protagonistas, y base para una franquicia a la que le doy… ¿dos, tres secuelas?

Artículo de Sergi Páez.

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