En toda función teatral llega el momento en el que baja el telón, los actores salen de detrás de este y el público estalla en aplausos.

En ocasiones es una pena que no podamos hacer lo mismo ante una serie televisiva. Nadie podrá escucharlo. Pero estoy seguro que de no ser así son muchos los que harían oír sus palmas y vítores al terminar el último capítulo de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.

Un final. Mejor o peor, más entretenido o menos, eso queda en gran medida dentro de cada uno, pero es el cierre por el momento y es imposible no sentir cierta tristeza.

Hubo un día en el que llegó a nuestras pantallas esta serie y nos hizo ver que se podía, que las buenas ideas se valoraban y cobraban vida, que en nuestro país podíamos salir de producciones tópicas e incluso correr riesgos sin pretender gustar a todos.

Ese fue el acierto. Preocuparse por la calidad, por la ficción, por el alma que ruge detrás de toda narración y dejar de lado ese absurdo intento de abarcar el público que buscan otros muchos; en su lugar se buscó el propio, el suyo, el que por primera vez en España se iba a convertir de espectador a fandom en toda regla.

Lo logró y con creces. La creación de Javier Olivares y su hermano sorprendió y gustó a partes iguales. Poco a poco cada vez más gente iba adentrándose a través de esas puertas solo para ver lo que se encontraba al otro lado.

Hubo quejas, claro. Algunas eran críticas constructivas y esas siempre son de agradecer, otras en cambio sencillamente eran hechas con ganas de molestar y nada más. Es inevitable.

También se dieron lugar grandes momentos dentro y fuera de la serie. Dentro, gracias a unos personajes bien construidos y con carisma. Fuera de la serie, por un equipo que demostró ser cercano, amable, lleno de pasión y siempre encantado de conocer a las personas que estaban al otro lado.

Resultó que no era solo algo de ellos. Lograron hacer que una historia que estábamos viendo a través de la pantalla fuera de todos los que quisieran. Se contó con el público de muchas y diversas formas, se sentó un precedente que está por ver si es un ejemplo a seguir. Debería serlo.

Nacho Fresneda se ha referido a El Ministerio del Tiempo como nueva televisión. Es cierto, pero creo que es más sencillo que todo eso. Es lo que vemos al cerrar los ojos, un sueño que nos hizo soñar.

¿Dónde van los sueños cuando despertamos?

Quizá esa sea la pregunta, y seguramente no tenga respuesta. Ahora mismo podemos recordar y aplaudir. Todos hemos sido parte de esto. Y eso, sin duda, es lo que ha hecho que sea inolvidable.

Gracias.

A todos.

Seguiremos soñando.

4 thoughts on “El Ministerio del Tiempo. Gracias por hacernos soñar

  1. Sí, se tomó algunas licencias con algunos hechos históricos. Sí, entró en la dinámica de la relación de personajes, pero sin ahogar al espectador con esos asuntos.Y sí, nos hizo soñar. Nos hizo desear que fuera cierto y, personalmente, creo que tiene uno de los mejores personajes que he visto en una serie de televisión: Alonso de Entreríos (a quién comparo con Alatriste). Pero sin dejar atrás al resto del elenco. ¿Algún personaje plano, sin gracia, sin interés? No, ninguno.
    Y genial el último capítulo de la segunda temporada. ¡Vaya final! ¡Menudas actuaciones! ¡Menudo guión!
    Espero que renueven por una tercera temporada, no hacerlo, sería un error.

  2. Esperemos que sólo sea pasajero, que otoño nos traiga nuevas aventuras, que por una vez la calidad venza a los intereses, y que el Ministerio vuelva a cabalgar en el anochecer, haciendo sonreír, llorar, enfadar, comprender y tantas cosas más a todos los que amamos una serie que es más que algo para sentarte frente a la caja tonta. Que con ella se convierte en la caja de las ilusiones, y que cuando acaba los ojos se te llenan de estrellas.

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