En el año 2001 Black Mirror se estrenó pasando de forma bastante discreta, pero logrando un gran nivel de calidad y una legión de seguidores fieles que aplaudían la audaz propuesta de Charlie Brooker. Si bien es cierto que la idea no dejaba de ser una versión actualizada de La dimensión desconocida, no por ello dejaba de tener identidad propia, con unos guiones dignos de elogio y una producción cuidada al dedillo.

En su tercera temporada dio el salto a la fama. Pasó a estar en manos de Netflix, a duplicar sus capítulos (las dos originales tenían tres y después seis), pero también a caer en su calidad y atrevimiento. Nació una nueva legión de seguidores que se mostraron encantados y sorprendidos por el producto que se habían encontrado, mientras que los que conocíamos de antes la cabecera vimos un evidente bajón de calidad y una simplificación en sus mensajes.

La cuarta temporada puso algo de remedio, no estando al nivel de las dos primeras pero mejorando lo visto en la tercera. Se dio un paso más con la llegada de su primera película, Black Mirror: Bandersnatch, en la que al igual que en Gravity lo importante no era tanto la historia como el viaje que se ofrecía al espectador. Un periplo lleno de giros y sorpresas, incluyendo problemas legales para la productora.

Ahora para su quinta entrega se vuelve en parte a la esencia original, con una temporada de tan solo tres episodios en los que se intenta ahondar (como siempre) en la parte oscura del uso de la tecnología. Pero aquí Charlie Brooker da un pequeño giro y se centra más que nunca en las personas detrás de la tecnología, no solo en su uso, también en sus consecuencias más reales y palpables, en los sentimientos que generan y en las vidas que alteran.

Esto es más palpable en el primero de los episodios, Smithereens, protagonizado por Andrew Scott al que muchos recordarán por Sherlock y su fantástica interpretación de Moriarty. Frente a él estará Topher Grace, con el que si bien no llega a compartir en realidad ningún plano (aunque sí escena) logra tener una gran química, y es un puro disfrute para el espectador ver a dos actores tan capacitados en la pantalla.

De Topher Gracer pasamos a Anthony Mackie, es decir, de Bucky vamos hasta El Halcón (la sombra de Marvel Studios es alargada), en una historia titulada Striking Vipers, más sencilla y cotidiana, que en ocasiones rozando el costumbrismo. Una propuesta con la que es fácilmente identificarse, ya que en realidad en este capítulo Black Mirror se vuelve más humano que nunca.

La lista termina con Rachel, Jack and Ashley Too, que en realidad sería el segundo episodio. Aquí viajamos hasta la vida de una joven y popular estrella del pop que anuncia una muñeca inteligente basada en si misma, la Ashley Too que da título el capítulo. Como artista musical estará ni más ni menos que Miley Cyrus, quien sorprende demostrando que sabe defenderse como actriz y todo un acierto ya que su participación convierte todo el episodio en puro metalenguaje.

Black Mirror vuelve en una quinta temporada que mantiene su esencia e intenta ir un paso más allá, si bien sigue estando por debajo de las temporadas uno y dos, además de su especial de navidad, mejora lo visto en las tres y cuatro, contando como siempre con una muy cuidada producción y una serie de mensajes dejados en la pantalla para que el espectador reflexione.

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