Pensamientos

“True fans” y repartidores de carnets

Entre mis recuerdos de la infancia se cuentan momentos en los que era señalado por el hecho de leer cómics o disfrutar de la fantasía y la ciencia ficción, no era lo habitual a pesar de que había una interesante cantidad de producción. No digamos ya de adolescente, esa etapa llena de altibajos, o en los primeros pasos como adulto, cuando parecía que estabas obligado a dejar atrás todo aquello que te hacía feliz ya que eran “cosas de niños”.

Por suerte, ese no fue mi caso, al menos en el último punto. Tuve la gran fortuna de que en la casa familiar se leyera mucho, daba igual si eran libros o cómics, se leía y eso era todo lo que importaba. Mi padre era un gran amante del cine con especial preferencia por la ciencia ficción (o fantasía científica, como decía a veces), así que el género fue una presencia de fondo durante todo mi desarrollo, y según me fui haciendo mayor nadie se empeñó en decirme que debía deshacerme de mis cómics o de mis figuras en pos de una errónea búsqueda de lo que significa ser adulto. Esto desembocó, de forma inevitable, en un amor tremendo por la cultura en todas sus formas, gracias al hecho de haberlo mamado directamente de mis padres y hermanos, pero también abuelos y otros familiares. Fui, en ese sentido, un niño con suerte.

Foto de Eric Mesa.

Ahora todo ha cambiado para bien, nadie es señalado con el dedo por el hecho de leer o consumir historias fantásticas, menos todavía por seguir las aventuras de los superhéroes o por comprar figuritas ya sea para jugar o coleccionar. Con solo salir a dar una vuelta uno se encuentra a su paso una gran cantidad de tiendas en las que poder acceder a materiales de todo tipo, autores de diferentes géneros y formatos tan variados como colores tiene el arcoíris (y esto lo dice un daltónico, así que es importante).

El cómic, la fantasía y la ciencia ficción han dejado de ser de culto para convertirse en mainstream, se logra que producciones de este tipo arrasen en taquilla y sean devoradas en las televisiones, y eso es algo sencillamente maravilloso. No hay otra forma de decirlo. ¿O no da alegría ver en cine a los héroes sobre los que llevamos años leyendo? ¿Y poder conseguir sus figuras sin revisar catálogos de otros países?

En este momento lo raro es no consumir estos productos, tan generalizados están que ni nos da tiempo a ver y leer todo lo que queremos. Nuevas películas y series, más libros que nunca, colecciones de cómics que nacen y mueren, un protollón de merchandising… No diré que es una edad de oro, y menos si nos referimos a este horrible 2020, pero sí que es algo con lo que se ha soñado durante muchos años.

Al otro lado están esos que se consideran a sí mismos los auténticos seguidores, los true fans, de tal o cual franquicia, que reparten y quitan carnets si no entiendes la afición según marcan. Personalmente, no lo comparto, nada más lejos. Todos nos hemos topado con perfiles así en redes sociales, en vivo y en directo por lo general la gente es más cortés y calmada que tras la pantalla. Gritan y atacan, y dejan claro quién puede opinar y quién no.

Leer cómics desde hace años no te convierte en mejor seguidor que otro que empieza ahora, solo en uno más veterano. Eso sin entrar en el hecho de que si alguien llega a los tebeos y a los libros gracias a las películas o series, es algo estupendo. De la misma forma que muchos van al cine a ver tal o cual adaptación por basarse en algo que ya aman, es lo mismo solo que a la inversa. La posibilidad de conocer nuevos y viejos productos debería ser motivo de alegría, no de discordia.

Personalmente creo que lo mejor es que cada uno disfrute de su ocio, no olvidemos que eso es lo qué es, según quiera y guste. Sin sentirse presionado por otros, con el único fin de pasar un buen rato, y quizá evadirse de este día a día extraño que vivimos. Más ahora mismo, inmersos en una pandemia mundial que ha parado por completo todo, y de la que saldremos antes o después (pero a saber cuándo).

¿Y qué si hay fans del Capitán América que no han leído un solo cómic suyo? ¿Acaso no adoramos todos Desayuno con diamantes y muchos ni siquiera saben que es un libro de Truman Capote (bajo el título Desayuno en Tiffany’s)? ¿Hablamos de El planeta de los simios? Una de las más largas sagas de la ciencia ficción y una obra literaria francesa que muchos desconocen, no por ello se disfruta menos de las películas de la gran pantalla.

¿O hace falta haber visto La cuadrilla de los once para paladear Ocean´s Eleven? ¿No va a divertirse todo aquel que vea Las brujas (ya sea la versión de 1990 o la de 2020) aunque no conozca las fantásticas letras de Roald Dahl? ¿Son menos amantes de Star Wars los que solo han visto en cine la última trilogía?

Me gusta mucho Cuento de Navidad, y ahora mismo citar a Ebenezer Scrooge es la única forma de dar una respuesta a todas estas preguntas: ¡Paparruchas! No hay manera mejor de contestar a tales ideas, a tal despliegue de absurdo y de aburrimiento. Nadie puede decir a nadie cómo debe disfrutar de su ocio, de sus cómics, de sus películas… Solo uno mismo puede decidirlo.

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