Cartel de Toy Story 5. Créditos: Walt Disney/Pixar
Con Toy Story 5 lo que intentan desde Pixar es la búsqueda, quizás un tanto desesperada, de un éxito como los que tenían antaño, ya que en los últimos años (con la excepción de Del revés 2) los títulos que han estrenado han pasado sin pena ni gloria, aunque también es verdad que no toda la culpa es de ellos (a mi Soul me gustó mucho). De todas maneras aún están recientes los fracasos de Lightyear y Elio (en este caso el mayor descalabro de la productora).
Ya en su momento cuando estrenaron unas cuantas secuelas seguidas de diferentes éxitos (Buscando a Dory, Cars 3, Los Increíbles 2 y Toy Story 4) se decía que Pixar había perdido la originalidad de antaño, pero es que hasta cierto punto puede ser comprensible que cuando las nuevas propuestas no acaban de funcionar, lo mejor es regresar por terrenos conocidos (de ahí que, aparte de esta secuela, también se preparen nuevas entregas de Los Increíbles y Coco).
De todas maneras hay secuelas que se justifican algo (por ejemplo Los Increíbles es una franquicia de superhéroes, lo cual puede dar mucho juego), pero hay otras que cuesta más verlas, como me pasó con Toy Story, la saga fundacional de Pixar que comenzó hace 31 años y de la que he visto de estreno en cines todas sus entregas. La tercera cerró de forma estupenda, por lo que en su momento una cuarta me parecía innecesario, aunque al final el resultado cumplió.
Esa sensación de ser algo superflua que sobrevolaba a la cuarta entrega se hace aquí de nuevo patente, y el resultado final no logra que una vez acabada no deje a uno con la idea de que aunque no sea mala entrega, sea entretenida, parta de un problema ya presente en nuestra sociedad (la adicción a las pantallas de todo tipo)… los buenos tiempos para esta saga quedan ya en el pasado, y aquí se han limitado a jugar (valga la ironía) a lo fácil.
Asumiendo que las líneas argumentales de Woody y Buzz Lightyear ya no dan más de sí (el final de la cuarta, emprendiendo ambos personajes sus respectivos caminos, ya lo dejaba claro), su presencia en esta quinta entrega es tan solo testimonial, cual si fueran dos secundarios de lujo que vienen a hacer sus chistes (los cuales harán mayor o menor gracia), pero siempre en un segundo plano. Y es que en este caso la protagonista es Jessie.
Toy Story 5, jugando (valga la ironía) a lo fácil
La vaquera que empezó su andadura en esta franquicia en su segunda entrega había pasado desde entonces de forma más secundaria, por lo que su protagonismo aquí no desentona y resulta coherente. Asimismo si las tres primeras películas se puede decir que eran la trilogía de Andy (el niño que tenía esos juguetes), tanto la cuarta película como esta quinta le dan una importancia a Bonnie (la nueva dueña de esos juguetes) que quizás su antecesor nunca tuvo.
En este caso la citada niña sigue jugando como la niña que es, pero su timidez le hace difícil congeniar con otros niños, los cuales conectados a pantallas de todo tipo y condición, consideran que ya son mayores para jugar con simples juguetes. Ante esa situación los padres de Bonnie le regalan una Lilypad, pero lo único que consiguen es que sea la propia niña la que deje a sus juguetes tradicionales a un lado, al poder estar ahora conectada.
Eso lleva a un dilema perenne en esta franquicia desde sus orígenes: la problemática de que el juguete veterano se sienta desplazado ante la presencia del juguete novedoso. Eso lo vivirá Jessie por tercera vez (hay ciertas referencias a Emily, su primera dueña, previa a que fuera a manos de Andy), a lo que no ayudará que, por diversas circunstancias, vaya a parar a la que fue su casa, en una innecesaria reiteración dramática.
Dirigida por Andrew Stanton (guionista de todas las entregas previas, que aquí asume el mando) se supone que aunque se muestre la adicción que provocan las pantallas, así como por ejemplo el cyberbullyng que traen asociadas (el cual también presente en este film), la solución no está en la erradicación de las mismas sino en intentar integrarlas en nuestro modo de vida. Loable mensaje que no sé si es tan sencillo llevar a la práctica.
En resumen digamos que Toy Story 5 no aporta nada nuevo en su esquema básico, más allá de la (quizás algo tardía) crítica contra la adicción a las pantallas, que soluciona con mejores intenciones que resultados. Los nuevos personajes (juguetes) resultan indiferentes, e incluso desaprovecha la oportunidad de tener un ejército de Buzz Lightyear. No sería de extrañar una sexta entrega, pero esta quinta marca un ocaso que no te deja con ganas de ella.
Síguenos en Instagram, TikTok o súmate a nuestro canal de WhatsApp y no te pierdas ningún contenido. ¡Disfruta de la cultura pop!

Crítico especializado en cine y cómic, aunque no tiene problema en lanzarse a leer libros y opinar sobre ellos, siempre de forma constructiva y con educación. Bien conocido en el mundo de la divulgación por su alias, El Chacal, y su blog El Blog del Chacal donde comparte sus reseñas y conocimientos. ISNI 0000 0005 2401 3399



