En 1995 llegó a los cines Toy Story, una película que lo cambiaría todo. Desde ese momento el mundo de la animación no volvió a ser el mismo, y ahora más de dos décadas después llega una cuarta entrega que no por anunciada deja de ser sorpresiva.

Es una sorpresa por un sencillo motivo, que el final de Toy Story 3 era redondo y perfecto. Cerraba la saga pero dejaba abierta la puerta de “la vida sigue…”, con una merecida despedida a todos los personajes pero también con el público sabiendo que sus aventuras seguían aunque no llegaran a verse en la pantalla.

Solo que hubo una gran ausencia, la de Bo Peep, la pequeña pastorcilla de cerámica a la que daba voz Annie Potts (sí, Janine de Los Cazafantasmas y Los Cazafantasmas II). Un personaje que formaba parte de un gran reparto coral, pero que era distinto a los demás por la evidente relación romántica que había entre ella y Woody (al que interpreta Tom Hanks).

Ahora, por fin, ambos vuelven a reunirse para alegría de todos los fans de estas películas, en una historia dirigida con gran acierto por Josh Cooley. Este es un viejo conocido dentro del mundo de Pixar, ya que también estuvo a los mandos en ¿La primera cita de Riley? y George y A.J., además de haber pasado por el departamento de arte de la empresa o haber prestado su voz a personajes secundarios.

Al lado de los ya mentados Annie Potts y Tom Hanks vuelven todos los habituales, desde el imprescindible Tim Allen como Buzz Lightyear, John Ratzenberger (bien conocido por haber sido el cartero Cliff en Cheers) como Hamm, o Joan Cusack como la vaquera Jessie. A ellos se unen otros nuevos entre los que hay que destacar al muy divertido Duke Caboom que interpreta Keanu Reeves o el dúo cómico compuesto por Jordan Peele y Keegan-Muchael Key como Ducky y Bunny (doy por hecho que serán Patito y Conejito en castellano) y que sin duda se hacen con las escenas más divertidas de todo el filme.

Pero por encima de todos ellos, por motivos que descubriréis al ver el filme, está Tony Hale que da vida a Forky, que hará aparición por primera vez en Toy Story 4 pero que rápidamente pasará a ser un viejo amigo. Él llegará para verse inmerso en un mundo que desconoce, pero en el que Woody le hará de guía para sin saberlo servirse también de guía a sí mismo.

Así es, en esta ocasión se profundiza más que nunca en el mundo de los juguetes, sus sentimientos, quiénes son y qué les mueve. No solo son guardianes eternos de los pequeños, que también, pero hay mucho más de lo que todos habíamos visto hasta ahora. Pixar es Pixar y siempre se guarda un as bajo la manga.

Desde un primer momento la película va directa al corazón (preparaos para llorar), sabe qué tiene entre manos y debe demostrar que no es solo una secuela para sacar los cuartos. No es algo gratuito y tampoco mediocre, es esa historia que quedaba por contar y de la que todos queríamos saber más.

A pesar de que en algún momento se nota que la trama está estirada para poder llegar a la hora y media, quizá estemos ante la entrega más completa de toda la saga. Tiene un trabajo de personajes realmente estupendo, una puesta en escena mucho más grande de lo que han sido todas las anteriores, un claro respeto por todo lo ya narrado y la clara intención de demostrar que el mundo siempre es más grande de lo que solemos pensar.

Puede que este sea, de forma definitiva, el adiós de los muñecos que nos hicieron soñar hace más de dos décadas.

Ha sido un gran viaje. Gracias por todo.

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