Portada de Chucho feo. Créditos: Nuevo Nueve
Chucho feo es una de las novelas gráficas que más he sufrido leyendo, al punto de que sin haber alcanzado siquiera la mitad de la obra llegué a plantearme dejarla. No es que esté mal ideada y llevada a cabo, es justo todo lo contrario. Es por su habilidad narrativa, por su encuentro con la desdicha y el dolor, es por ese retrato de los perros que son abandonados que se hace dura de leer.
Un impacto personal
En este caso sucede, además, que los dos perritos que he tenido han sido adoptados, los dos abandonados. Frost, que además de inspirar al personaje de las novelas infantiles Frost, perrito de aventuras, era un chucho feo, aunque muy carismático y adorable, y Dende, que parece más un juguete que un peludo y resulta igual de tierno que encantador.
Con ello me resultó imposible leer este relato sin pensar en ellos, sin recordar lo poco que se sabe de antes de ser rescatados por una protectora (El arca de Noé, de Sevilla), sin llorar al recrear posibles escenas y sufrimientos. Esto es algo que, si también tenéis un perrete, os pasará y hará que entendáis todavía más esta lectura.

De Daniel Pennac a Grégory Panaccione
La obra viene firmada por Grégory Panaccione en base a la novela Cabot-Caboche de Daniel Pennac, y en cierta forma sigue los pasos de Felix Salten con Bambi, una vida en el bosque y de otros tantos autores. Es así dado que lo que se intenta, con muy buen éxito, es dar una visión veraz y fiel de lo que viven los perros que son abandonados, pero además hacerlo desde su propio punto de vista, ser ellos los completos protagonistas y no comparsas de los humanos.
Aquí, y que nadie se confunda, no hay canciones, no hay elefantes rosas, no hay bailes y el color va justito. Lo que hay es una dosis de realidad palpable y cruda que puede equiparar este Chucho feo con las letras de Jack Kerouac en En la carretera o de Charles Bukowski en cualquiera de sus poemas. Y sí, puede adelantarse que hay un final feliz, con matices, y es bueno saberlo antes de empezar a leer pero no por ello el viaje resulta menos doloroso.
Crítica cruda y feroz
La crítica está servida, la crítica a los humanos, si es que pueden llamarse así, que maltratan a estos pequeños, que no dudan en dejarlos tirados en una carretera o, peor, esos que dicen que los han liberado en vez de reconocer que son unos malnacidos que los han abandonado en un bosque a su suerte. Por desgracia no son pocas las historias de este tipo que todos conocemos, empezando por las de Frost y Dende en mi caso, y todos los años sucede, una y otra vez, que al llegar la época veraniega cientos de ellos son dejados de lado cuando son, y nadie debería dudar esto, familia.
Por contra, esta novela gráfica también habla de los otros, de los que, por suerte, compensan la balanza. Representado en este caso como un amable y bonachón carnicero que no duda en dejar que el protagonista coma hasta saciarse, y también por un enorme tiparrón, al que el lector solo conocerá como El Jabalí, que se convierte de forma tan metafórica como literal en un ángel de la guarda para el perrito que lleva adelante la trama.

Chucho feo, tan potente como emotiva
No puedo más que recomendaros leer Chucho feo, una de las novelas gráficas más conmovedoras y potentes que han visto la luz en lo que va de año. Eso sí, tened una caja de pañuelos al lado, os va a hacer falta.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



