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Cain Marko está de vuelta, y es imparable

He de reconocer algo: nunca he sido fan del Juggernaut.

En general me ha parecido, siempre, un personaje bastante aburrido, cansino y repetitivo.

Aparece, rompe cosas, embiste, es imparable, odia a Charles Xavier y así una y otra y otra vez.

En ocasiones esto ha cambiado, pero siempre ha durado poco y al final se volvía otra vez al punto de partida.

Corre, rompe, imparable, odia a Xavier…

Quiero dejar todo esto muy claro por un motivo muy sencillo, y es que Juggernaut: Imparable de Nicieza y Garney ha logrado engancharme a cada página. De principio a fin devoré este tomito de Panini Comics, sin volver la vista atrás y deseando en todo momento que hubiera más.

Y repito, este jamás ha sido un personaje que me haya atraído o interesado, pero estas son las cosas que pueden suceder cuando dos autores trabajan bien juntos (Fabián Nicieza y Ron Garney), su química es más que evidente, y desde la editorial permiten hacer algo interesante con sus propiedades. Sí, lo mismo que ya sucedió con la Chica Ardilla, quien apareció en 1992 (creada por Will Murray y Steve Ditko) pero no ha sido hasta pocos años que ha empezado a ser relevante y querida (¿Quién no la adora?).

Pero volvamos a Cain Marko, al imparable Juggernaut, al que se había visto por última vez en el limbo tras haber perdido la gema carmesí de Cyttorak que le otorgaba sus grandes poderes, será ahora cuando Fabian Nicieza revelé que pasó después. Y lo hace a través de un relato construido a lo largo de cinco números, bien anclados en la continuidad actual del mundo mutante que ha construido Jonathan Hickman (que es muy complejo de explicar en tan solo un par de líneas). En esta situación el antiguo villano se encuentra trabajando para Control de daños, deseando dejar atrás su pasado y todos los problemas que sus malas decisiones le acarrearon.

De hecho, este es un punto diferencial de Nicieza respecto de otros creadores, el aportar al personaje un gran conocimiento de quién era y de quién quiere ser. Le da matices, fondo y profundidad, en lugar de ir a lo fácil y dejar que sea tan solo la imparable máquina de destrucción que tantas veces ha sido en el pasado (aunque, irónicamente, ese sea su trabajo para Control de daños, destruir edificios que no han terminado de derrumbarse).

Lógicamente, y esperable, harán su entrada viejos conocidos del Marvelverso como Hulk o Spiderman (aunque este sea en forma de flash back), sin dejar de lado la aparición de una joven llamada D-Cel, que se convertirá en una buena amiga del gigante. Esto retrae a la época en que el villano intentaba redimirse y pasó a ser un habitual de la Mansión X, en la que trabó amistad con uno de los alumnos, un adolescente llamado Sammy, y al igual que entonces esta relación pasa rápidamente de lo extraño a lo tierno, sin dejar de lado más de un momento de puro humor.

La importancia de D-Cel crecerá según pasen las páginas, no solo por su cercanía con el personaje principal, otro tanto por su conocimiento de las redes sociales y su empeño en ayudar al gigante a lograr una nueva reputación más acorde con su situación actual. Si bien no se puede decir que vaya a ser considerado un héroe, tampoco un villano, y para Cain Marko esa diferencia lo supone todo.

Para el apartado de ilustración se cuenta con Ron Garney, reputado profesional con años de experiencia que, de forma personal, considero uno de los mejores artistas que ha tenido el Capitán América. Aquí su trazo es fuerte y dinámico, en ocasiones rudo (pero hecho así a conciencia), lo que es ideal para una serie que se centra en un personaje cuya base es la potencia. Hay que mentar también el color de Matt Milla, quien elige una paleta de tonos oscuros plagada de sombras que poco a poco se van suavizando, una muestra más del viaje que realiza el propio protagonista y que ayuda al lector a ser parte de toda la experiencia que él está viviendo.

El tomo recopilatorio cumple con lo que se espera, y da un poco más. Una historia entretenida y divertida, con su dosis de contrición, que ayuda a recuperar a un personaje que tiende a ser olvidable a través de una revisión que le hacía falta y de la que quedará por ver si da más de sí. Por el momento, lo que queda es una miniserie recomendable para evadirse y disfrutar tranquilamente un sábado por la tarde.

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