Es complicado hablar de Thanos: el conflicto del infinito, ya que en realidad es la segunda parte de una trilogía, y no tendrá su sentido absoluto hasta que Jim Starling y Alan Davis completen el total. Hasta entonces todo lo que se puede escribir y contar al respecto, quedará por defecto de forma cojo.

Con todo lo que sí se puede decir es que Starling ha sabido llevar a Thanos, su gran personaje, a un nuevo nivel más allá de lo que había llegado a ser hasta el momento. El Titán Loco alcanza nuevas cotas de locura, o quizá de cordura, al emprender un camino que le hará ser la entidad más poderosa y temida de todas.

En el transcurso puede que pierda algo, quizá su libertad, quizá su sensatez (si es que realmente tuvo o tiene), o su propia alma. Pero es Thanos y nada es escrito cuando se trata de él, ni siquiera su propio pasado y tampoco su futuro.

Pero si el atrayente guion de Jim Starling, quien lleva décadas moviéndose como pez en el mundo cósmico de Marvel Comics, no fuera suficiente para que el lector se lance sobre esta obra, se completa su genio con el de Alan Davis junto a Mark Farmer como entintador, una mezcla que siempre es digna de aplauso.

El talento de esta pareja, junto al color de Jim Campbell, son el broche perfecto para las letras de Starling, logrando que personajes como Thanos, Warlock o la mismísima Eternidad luzcan más humanos que nunca sin perder nunca la esencia cósmica que les hacer ser quiénes son.

Thanos: Los hermanos del infinito fue la puerta de entrada a la que, quizá (y lo entenderéis al leerlo) sea la última y más atrevida aventura del Titán Loco, trama que avanza en Thanos: El conflicto del infinito y que cristalizará en Thanos: El fin del infinito, ¿cómo? Eso está por ver.

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