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SPECTRE es puro Bond

SPECTRE es puro Bond

No hay más.

Todos los elementos reconocibles del personaje están bien presentes para que cualquier seguidor los reconozca. No falta nada y es que en una película de celebración no podía ser de otra forma. Pero también es un cierre de ciclo, uniendo bajo un mismo patrón a todas las entregas por Daniel Craig y dejando en serias dudas que vaya a haber una continuación con él.

De hecho, es que no tendría sentido.

Para esta entrega se ha dado a los espectadores algo que querían desde hace mucho tiempo: el regreso de SPECTRA. Al punto de que es precisamente el título de la película para dejar claro la importancia de la temible sociedad, aunque por esto mismo se extraña algo más de presencia de la misma.

Como dijo Marc Martí, productor de Vision FES, con el que acudí a la premiere “hay demasiado poco SPECTRA y demasiado James Bond para una película que se llama SPECTRE”. Tenía razón. La presencia de esta agrupación se da casi por supuesta en las recientes aventuras, pero su aparición requería algo más de espacio y explicaciones, cosa que no se hace y que hace que pierda fuerza.

No solo sucede con este punto y es casi una constante en toda la película. No llega a haber ningún punto realmente impactante, todo va sucediendo en una cadencia fluida pero demasiado, al punto de que termina por resultar extraño. O más cierto sería decir que aunque sí haya escenas de impacto, este no dura demasiado. Son poco más que nubes que se mueven con el viento y que apenas permanecen para dejar huella.

De forma similar pasa con la presencia de los secundarios que tanto conocemos y apreciamos. Están ahí y llevan a cabo sus acciones, pero la sensación es más de que deben hacerlo que por el enriquecimiento de la trama, una trama que requería más tiempo y calma para desenredarse y que en cambio lo hace de una forma demasiado rápida. ¿La consecuencia? Que podría calar mucho más en la historia del espectador y de James Bond, pero lo hará solo de forma superficial.

¿Estamos ante una mala cinta de 007? No, ni de lejos. Se lleva una buena puntuación pero la sombre de Skyfall es muy larga, lo que sumado a las expectativas que desde la propia productora han ido creando, logra que el producto en ocasiones se nos haga algo (duele decirlo) soso. Ahora, dicho esto, si se vacía de todas esas ansias y sencillamente nos sentamos a verla como otra película más, disfrutaremos de un gran espectáculo.

Los grandes escenarios y los planos fascinantes salen de la mano de Sam Mendes para crear una obra que es pura pintura visual. Con un gran cuidado de los detalles, unos colores muy bien manejados y una luz cuidada al milímetro. Algo que también sucede con el vestuario y el mundo que rodea a James Bond, no hay nada dejado al azar y un segundo (y tercer visionado) de la cinta va a ser obligado para todos.

Ayuda a esta obligación las actuaciones de Christoph Waltz, la gran incorporación e incógnita de la película, junto al siempre magnífico Ralph Fiennes que repite en su papel de M y Andrew Scott, que se ha ganado el respeto de todos gracias a Pride y por supuesto a Sherlock. Sin duda ellos tres son lo mejor de la producción, sin querer menospreciar el buen trabajo de Daniel Craig como protagonista o al resto del reparto que cumple con creces lo que se espera de ellos.

Sam Mendes firma una cinta que es puro Bond en la que han tomado también parte los guionistas de la anterior y que de la forma en que está planteada significa el canto del cisne de este James Bond.

Pero ya sabéis…

… James Bond will return.

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