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¿Respeto de o hacia el deporte?

En nuestro país el deporte tiene un papel importante. Sea de la disciplina que sea encontramos nombres conocidos por todos o al menos nos suenan por haberlos oído alguna que otra vez, deportistas que han triunfado ya no en ámbito nacional sino en el internacional (el papel de la globalización), moviendo a gran cantidad de seguidores. Nos serán familiares nombres como Rafa Nadal, Marc Márquez, Fernando Alonso, Pau Gasol, Marc Gasol, Miguel Indurain, y, por supuesto, Messi, Ronaldo, Casillas, Iniesta… El fútbol es por excelencia el deporte español que mueve, ya no gran cantidad sino legiones de seguidores.

Imagen extraída de la web del periódico The Sun.

Es una actividad de ocio que hace comunión, hace que todos y cada uno de los seguidores y/o videntes (generalmente tele-), se sientan parte de algo, se sientan uno. Es su vía de escape. Algo que une a todos los hinchas, que hace que se olviden sus problemas, sus diferencias y todos formen parte de un todo cuando su equipo marca gol.

Pero, ¿qué pasa si no te gusta el fútbol?

A parte de que se te considere (y mire) como a un bicho raro. Para alguien al que no le gusta el deporte (o este deporte), cada vez que hay partido (solo si es importante, si juegan dos equipos de segunda división o de los malos, no importa) le supone un malestar general: gritos durante y después del partido, pitidos de claxon, petardazos… Es entendible que si te identificas con tu equipo te alegres cuando gane y te entristezcas cuando pierda. Nadie dice que no lo puedas celebrar. Tienes todo el derecho de hacerlo. Eso sí, no hay que perder de vista que tus vecinos también tienen derecho a descansar, ver una película, escuchar música… o a leer. Simplemente a estar tranquilos sin tener gritos cada x (y ya si tu casa da a un patio interior, olvídate).

Extraído de la web del periódico El País.

¿Y qué pasa si un equipo gana, además, ante su archirrival?

O al equipo de algún exentrenador suyo. Que tienes a hinchas durante 3 o 5 min. seguidos a grito pelado con un discurso en bucle de este estilo “¡¡TOMA, JÓDETE HIJO DE PUTA!! ¡¿QUÉ CREÍAS?! ¿EH? VETE A TU PUTA CASA, HOMBRE. ¡¡JÓDETE, HIJO DE PUTA, JÓDETE!!”

Cuando te encuentras eso en un descanso del trabajo, te dan el descanso.

¿Y cuando hay rivalidad entre equipos?

Pues que también la hay entre hinchas. Con suerte, todo queda en bromas entre amigos (“qué? Eh? Qué? Vais a morder el polvo. Ya verás, ya), incluso al finalizar el partido (Ya no vais de gallitos, eh? Mira que creer que podríais ganarnos. Hala, jodeos). Unas risas y listo. ¿Si no hay suerte? Se encuentran por la calle hinchas de ambos equipos y se empiezan a meter los unos con los otros. De ahí, a las manos. Y de ahí, al tanatorio.

¿Recordáis ese caso? Y eso que el partido todavía no se había jugado.

¿De verdad vale la pena pelearse por una afición? ¿Por una actividad de ocio? ¿Sufrir (no en buen sentido) para “pasárselo bien”? A menudo parece que es una pelea constante para ser mejor que los demás. Hay que ser mejor que los demás, sino, eres una mierda.

¿Es lícito que el resto del mundo que no comparte esa visión se vea supeditado, condicionado a si hay partido o no? ¿Tu vida tiene que moverse alrededor del fútbol incluso si no te gusta el mismo?

Eso sí, si no es con deporte, si no es con fútbol, esas demostraciones no son aceptadas. Si alguien fuera por la calle gritando, haciendo ruido con bocinas de aire, o pitando con los coches porque un español ha ganado el premio y reconocimiento más importante del mundo del cómic, lo más probable es que le llamaran loco, degenerado o friki. Seguramente se oiría algo como “celébralo en tu (puta) casa pero no molestes al resto”.

¿Por qué, entonces, en un campo se permite y justifica y en el resto no?

Y si ante las molestias te quejas, y además les pides respeto, de la manera que sea, te vuelven a mirar raro y, si tienes suerte, te libras de que se rían de ti. Porque hay que ser tolerantes y entenderlo.

Eso sí, todo eso solo pasa con el fútbol. Al resto de deportes (bueno, como son deportes se admite y entiende que se celebren los logros, es cierto, pero lejos de los demás. Que lo celebren sin marear mucho) apenas se les da importancia.

Da igual que la selección española de fútbol sala sea campeona de europa o del mundo; que en waterpolo España posea 6 medallas mundiales (2 oros, 3 platas y 1 bronce); que desde que empezó a participar en campeonatos mundiales, en hockey patines el palmarés se resuma en 16 oros, 12 platas y 7 bronces.

Con suerte tendrán una mención de pasada en los telediarios, porque eso no es lo que interesa. Lo importante es que ese futbolista se ha torcido el tobillo o lo ha dejado con su novia.

¿De verdad una actividad de ocio tiene que sobreponerse a la educación y al respeto? Respeto hacia el fútbol pero no del fútbol. Lo que cambia una conjunción.

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