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The Bomb: chicas, nazis, zombies y mucha mala uva

Quería empezar este artículo contando la primera vez que me acerqué a la obra de Steve Mannion, pero no hay forma. No logro recordarlo. Lo que no deja de llamarme la atención ya que el estilo de dibujo que tiene es ciertamente llamativo, con una total y pretendida exageración de la figura humana, que hace que se te quede grabado en las retinas y en el cerebro.

Al menos si os puedo decir la última vez y ha sido con el recopilatorio de The Bomb que publica en nuestro país Tyrannosaurus Books, en una sencilla edición de tapa blanda que trae como extra reproducciones de las portadas originales a todo color (entre alguna que otra sorpresa más).

Aunque lo que aquí importa es la historia. La absurda, descabellada e hilarante historia de la joven Prissy Jones. Una cría de instituto que cumple todos los tópicos del cómic de superhéroes para convertirse (claro) en uno de ellos. Aunque ella solo es una parte ya que en realidad esta obra está compuesta de pequeños relatos con protagonistas a cada cual más extraño y cómico, entre lo que tengo que destacar a Jungle Chick and the Dinosaur que sin pretender contar historia alguna es quizá el elemento más divertido de todos.

Steve Mannion se demuestra un gran conocedor del mundo del cómic, jugando con todos los arquetipos y clichés a su alcanza para destruirlos desde dentro dejando una total libertad a los actores de esta jaula de grillos para que vayan cobrando su propia esencia y personalidad.

No falta nada, desde jovencitas con poca ropa combatiendo el crimen, a cambios de vestuario sin justificación alguna, personajes planos (hecho con toda la intención), un lenguaje que peca de machista y en ocasiones demasiado obvio, y por supuesto nazis como villanos perfectos que además se suman a los zombies como si de una historia de EC Comics se tratara.

Las cercanías con la obra de EC Comics no son pocas. Ya desde un primer momento el exagerado estilo de dibujo de Mannion nos hace recordara estas, algo más exagerado y mezclándolo con las capacidades de las expresiones de los dibujos animados ya que el autor no duda en deformar o retorcer la imagen si así logra el efecto deseado. Al igual que en las historias de la tristemente desaparecida editorial en estas encontrará el lector una buena dosis de mala uva e ingenio a parte iguales, además de una cierta complicidad que siempre es de agradecer.

Es probable que esta obra pase bastante desapercibida entre las estanterías llenas de novedades. Las librerías especializadas cada vez pueden respirar menos y en ocasiones es complicado llegar hasta cómics que se alejan de nuestra compra habitual. Y es una lástima ya que es uno de los tomos más divertidos e irreverentes que he podido leer en años, de lo mejor desde La brigada de fusileros.

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