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PornoXplotación, un grito de atención lanzado a una sociedad cada vez más deshumanizada

Toda industria tiene sus luces y sus sombras, supongo que es algo inevitable (aunque debería ser evitable). Da igual qué sector escojas, siempre habrá historias trágicas y terribles, es así. Pero claro está que hay negocios que por sus circunstancias pueden dar lugar a situaciones horribles de forma más habitual y brutal, como por ejemplo todo lo relacionado con la pornografía y el sexo.

Cuando yo era adolescente, cuando empezaba a serlo más bien, recuerdo que no era sencillo acceder a este tipo de material al menos siendo menor de edad. Los videoclubs tenían sus películas pero siempre detrás de cortinas y si entrabas te hacían salir, si bien los quioscos exhibían revistas de todo tipo no era probable que te las fuesen a vender. Hoy todo esto es bien distinto ya que casi todos llevamos encima de nosotros ese pequeño ingenio portátil llamado teléfono con el podemos hacer de todo, a nuestro alcance hay infinidad de opciones y todo un mundo de posibilidades.

Y sí, también hay porno. Gigas y gigas de porno. Para acceder al mismo solo nos hace falta el teléfono y un buscador, o lo mismo pero con el ordenador. O ni eso. Como muestra el documental PornoXplotación en ocasiones este material llega directo a través de grupos, de gente que lo pasa y lo mueve. Muchas veces sin ser realmente conscientes de qué conlleva o qué se está haciendo, algo totalmente habitual y más en un mundo que ya ha normalizado que se grabe a cualquiera en cualquier momento y se comparta en redes.

Hace poco en Tik Tok me crucé con un vídeo de unas chicas de fiesta, se grababan divirtiéndose y en un momento una grita algo estilo “¡Se me ha visto una teta! ¡No lo subas que se me ha visto una teta!”, ¿importó algo? No, nada de eso, el vídeo estaba ahí y sin duda sin el consentimiento de esa persona. Recuerdo hace muchos años cuando estaba empezando mi primera etapa universitaria que un amigo me enseñó unas fotos de unas compañeras de su facultad, esa chica de nuestra edad junto con unas amigas se habían hecho fotos desnudas y de alguna manera estas había llegado a la red y habían corrido como la pólvora. Yo no las conocía de nada, pero lo poco que supe es que dejaron la carrera y no se las volvió a ver por allí.

Esta historia, y otras tantas, podría estar perfectamente en el último documental de Mabel Lozano, uno de los nombres imprescindibles del género en nuestro país. Su trabajo siempre es sincero y directo, brutal como un puñetazo de un boxeador, te llega a los más profundo y te retuerce como si te estuvieran acuchillando. No puedes evitar sentir, llorar, romperte y caer por el abismo que ella te está mostrando y lo peor de todo es saber que es real, que hay vidas fragmentadas y ni siquiera eras consciente de ello.

Los relatos no tienen artificio. Miento, dos de ellos sí lo tienen pero es por necesidad ya que sus dos protagonistas no se han atrevido a salir en pantalla, no podemos ver sus rostro o siquiera escuchar su voz. No se han atrevido por el peligro que correrían de hacerlo y aquí entra el artificio de mostrarlo con dos actrices, pero si bien ellas interpretan lo hacen con una historia real. El artificio solo es la herramienta y no el fin.

Las declaraciones se suceden y el mundo se rompe a pedazos a cada minuto de los tres episodios que conforman este PornoXplotación. Actores pornográficos cuentan sus experiencias, también aparecen dos policías hablando sobre ello, pero uno de los que más te golpea es el de un padre que habla por su hija. De su terrible experiencia, de un vídeo que protagonizó, de un pasado que siempre estará ahí y es que en Internet todo permanece. Es muy complejo borrar algo, lograr que ese entonces no se convierta en un ahora.

Todo esto es lo que ha logrado Mabel Lozano. Una historia conformada por muchas historias, un tapiz lleno de rotos y descosidos que no es más que una muestra de la realidad, un grito de atención lanzado a una sociedad cada vez más deshumanizada.

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