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Oryx y Crake, un relato sobre la soledad

Cuando uno empieza a leer Oryx y Crake de Margaret Atwood lo que más le llama la atención es ese extraño y distópico (o utópico, el matiz depende de quién mira) mundo en el que se adentra, un lugar que ha dejado atrás todo lo que nos es conocido pero que sigue ahí aunque apenas haya nadie para saberlo.

Sí, todo ese universo es interesante y también el conocer cómo se ha llegado hasta ese momento en que ya no hay vuelta atrás. También lo es la audaz, y nada disimulada, crítica que hay sobre nosotros mismos y el camino que estamos siguiendo, juntos con las apocalípticas posibilidades que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Todo eso está ahí y es realmente atractivo, pero lo más apasionante de todo es el relato que se hace sobre la soledad, sobre la amistad y el sacrificio personal. Esa es la auténtica verdad que se esconde detrás de todo, y ese el motivo real por el que debéis leer Oryx y Crake.

Margaret Atwood usa a su personaje principal, Hombre de las nieves (o Jimmy, antes de la tragedia que lo cambió todo), para realizar un profundo retrato acerca de la vida y el cambio, de la transformación que de forma inevitable va asociada al pasar de los años, y de cómo estamos condenados a pasar toda nuestra existencia con nosotros mismos. Es más, habla de cómo nos vemos obligados a entendernos con nuestro yo interior, a luchar con nuestros demonios y arrepentimientos, a sobrellevar el dolor y la pérdida mientras seguimos caminando.

Su trabajo en la construcción de este protagonista es magnífico, real, sucio, sórdido, adictivo, maravilloso… Pero eso solo son adjetivos escritos, que poca justicia pueden hacer a las letras y al camino que le hace seguir. Una figura casi mitológica, al menos así es para los pocos supervivientes que quedan, que representa todo lo que somos y lo que fuimos, quizá lo que seremos. Y no lo mejor y lo peor de nosotros mismos, tan solo alguien que se vio superado por las circunstancias y que hace lo posible por salir adelante.

Puede decirse que, en cierto sentido, hace tiempo perdió su alma y su ser por todo lo vivido, pero en realidad no es así y queda claro que dentro de él hay mucho más de lo que se muestra, y de lo que él mismo sabe. En su caminar y sus pensamientos podemos reconocernos a nosotros mismos, a nuestras dudas y nuestros miedos, salvando las distancias de la realidad terrible en el que este Hombre de las nieves debe vivir.

Un mundo que por un lado es un paraíso y por el otro una prisión de la que no puede escapar; ese mismo universo que perturbará a todo al que se atreva a dar un paso más allá de la portada y que ya no dejará escapar hasta llegar a la última página.

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