Cómic,  Crítica,  Invitado

Odio (Integral 0) de Peter Bagge

Odio (Integral 0) de Peter Bagge

por Borja Prieto

Vuelve a reeditarse el integral de Odio Integral 0, en el que se cuenta la adolescencia de Buddy, y es una buena noticia, porque significa que todavía se demanda la obra de Peter Bagge, ese neoyorkino excéntrico que tomó el legado de Robert Crumb y lo transformó a su particular manera.

Este volumen sirve un tanto de precuela a lo que fue Odio, su serie más longeva, y muestra cómo fue la convivencia de Buddy, un protagonista que encarna a la juventud más desengañada y a la vez más inútil que hay, con su prototípica familia norteamericana, y los motivos (justificados y no) que le llevaron a independizarse.

Sorprende cómo un cómic escrito y dibujado en la década de los 80 sigue tan rabiosamente actual. La familia de Buddy consta de cinco miembros: él mismo, su hermana, su hermano, su padre y su madre. Cada uno representa una serie de ideales que van a ser salvajemente criticados y parodiados a lo largo de todas las páginas, a veces hasta simultáneamente.

Empezando por el propio Buddy, es un adolescente gruñón que se las cree todas sabidas, desprecia a los pijos populares de su instituto y vive apasionado por la música, frecuentando tiendas de vinilos de segunda mano. Es prácticamente un apátrida, no cree en nacionalismo alguno, carece de convicciones religiosas y se llena la boca hablando de lo mal que está el mundo. Luego no hace, ni sabe hacer, nada al respecto, su rebeldía salta apenas arañas la superficie y se queda desorientado ante un mundo que no le brindará un trabajo decente por muchos títulos que acumule.

Pasando a sus hermanos, son una crítica descarada a los lavados de cerebro que se producen en cualquier sociedad. Mientras que ella es una adolescente preocupada por subir en el ficticio ranking del instituto y se preocupa más por las apariencias que por ella misma, él es un canijo que recita todo lo que oye en casa, odia a los vietnamitas y los comunistas sin saber exactamente qué o quiénes son y se vanagloria del ejército de los Estados Unidos.

A tenor de lo que repite el benjamín, es prácticamente un calco joven del cabeza de familia: un hombre taciturno, envejecido por el trabajo, que no tiene problema alguno en reconocer que obedece a curas y Papas a pies juntillas porque él no tiene tiempo para pensar en teología y ellos saben más que nadie, así que mejor hacerles caso y seguir trabajando duro para levantar a la familia. Eso sí, los problemas se solucionan a gritos o escondiendo la cabeza, no existe término medio, y lo demás son “cosas de mujeres”.

Lo cual lleva a la madre, quien es una ferviente católica que vive la “desazón” de tener que buscarse un empleo de teleoperadora para poder llegar a fin de mes, hecho que apenas puede mencionar en casa porque sería “restregar en la cara” a su marido que no es suficientemente hombre para mantenerlos él solo. Y todo esto mientras lidia con dos hijos adolescentes y otro que no tiene una sola idea buena.

Todo esto se hizo en los 80, Peter Bagge usó sus trazos limpios y sinuosos para deformar incluso anatómicamente su particular disección de la familia americana, sus valores americanos, el estilo de vida americano y todo lo que está jodido en América (en ese egocéntrico alarde que tienen de llamar “América” a su páis, como si no existiese Canadá ni América del Sur). Y tras leerlo, basta con echar un breve vistazo a Trump para ver que no hemos avanzado tanto…

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