Pensamientos

Informándose en redes sociales

Hace unas semanas mientras comía con un amigo, este comentó que se había retrasado el estreno de una película que, me temo, no recuerdo cuál era. Le pregunté por las fechas y cogió su móvil para ver el dato, pero para mi sorpresa empezó a contarme otras informaciones que nada tenían en relación con el título que nos ocupaba.

Extrañado, le pregunté si es que no lograba encontrarlo y en qué página miraba, asumí que habría entrado a IMDB o que habría hecho una búsqueda específica. Su respuesta fue estaba en Twitter para rastrear en la cuenta en la que lo había visto, lo que supuso una pérdida de tiempo y un afluente innecesario de información.

A raíz de esto, y más tarde mientras cenábamos, le pregunté con qué afluencia entraba en medios a leer noticias o reportajes. No que fuera dirigido a ellos desde un tuit o un enlace, más bien a cuándo por voluntad propia decidía consultar un periódico (uso el término de forma laxa), ya fuera en su versión digital o de papel; su respuesta fue que una o dos veces a la semana.

Esto me hizo pensar sobre el cómo nos informamos y el tiempo que dedicamos a ello, en un momento en el que las mentiras (hay que dejar de usar el término Fake News) campan a sus anchas y cualquiera puede emitir lo que considera cierto, sin pararse a pensar en la veracidad real de tal hecho.

Tiempo más tarde, durante unos días en que no entré a redes sociales (lo que me conozcáis ya sabéis que no es en exceso extraño) este conocido me hizo llegar una noticia, y se sorprendió dado que yo la conocía ya. Me preguntó sobre ello, haciendo hincapié en el hecho de que no estaba usando Twitter y así era, pero no había dejado de informarme y para eso no hace falta una red social.

Es cierto que negar la importancia y relevancia de estas hoy en día es absurdo, pero es igual de absurdo pretender creer que lo son todo o que son un reflejo real del mundo, si acaso del mundo de cada uno y tampoco es así. Dicho esto hay que indicar también que en ocasiones es a través de ellas que podemos conocer datos que los medios obvian, o noticias que no se ajustan a las agendas o que sencillamente no son de relevancia pero sí tienen cierto interés.

La problemática es diferente, y es que en muchos casos el informarse a través de las redes sociales conlleva leer una gran cantidad de titulares y no profundizar más en las noticias. Esto os lo dirá cualquier periodista, no puedes informarte a través de los titulares ya que estos sintetizan de la forma más breve el total de una noticia.

Un ejemplo muy sencillo sería decir que es igual que pretender juzgar una película a través de su cartel o una comida por la foto que acompaña a la receta, nadie vería lógico hacerlo. Pero en cambio, sí se opina y se toman posturas en base a una simple frase, sin pararse a profundizar más en ello, y no digamos ya el consultar diferentes medios a fin de tener una visión más global.

Recuerdo hace muchos años, las canas no perdonan, cuando comenzó el imparable auge de las redes sociales y de forma general se asumía que estas ayudarían a la comunicación, al crecimiento y a la conexión entre personas. Así ha sido, claro está, lo que nadie supuso era el cada vez mayor lado oscuro que iban a tener.

Y esto, me temo, es tan solo el principio.

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