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El regreso del Duende Verde, de Jenkins y Ramos

Muy seguramente Spiderman, junto con Batman y Superman, sea el superhéroe más conocido en el mundo entero. No solo por sus cómics, también por sus muchas películas, series y una ingente cantidad de merchandising, de hecho ya fue popular en sus comienzos y sus aventuras y efigie tardaron bastante poco en saltar a otros medios.

¿No es cierto que cualquiera de nosotros puede identificarlo según lo ve? ¿Y a muchos de sus villanos y secundarios? Ellos han llegado a ser tan icónicos como el trepamuros, aunque claro está que unos están por encima de otros. Sin duda alguna entre sus enemigos más destacables están el Doctor Octopus, Veneno y el Duende Verde. Todos ellos figuras terribles, en ocasiones trágicas, con sus propias cuentas personales con el arácnido.

Hoy por hoy el más importante de ellos es, sin lugar a dudas, el Duende Verde (aunque personalmente siempre he sido más del Doctor Octopus), ese temible ser que no tiene límite moral alguno. Su único fin es el caos por el caos, puede crear intrincados planes con una constante obsesión por Spiderman y Peter Parker. Por hacer que el héroe sufra, que caiga a los infiernos, que se rompa en mil pedazos.

Por desgracia esta relación de amor-odio (por decirlo de alguna forma) ha sido explotada hasta la saciedad, pero eso no quiere decir que no puede hacerse bien y contar una historia que enganche. Es el caso de Spiderman: El regreso del Duende verde de Paul Jenkins y Humberto Ramos, claro que en este caso los marionetistas son dos nombres bien conocidos y respetados del mundo del cómic lo que ya asegura un buen rato de diversión y, lo más importante, un acertado tratamiento de personajes.

La unión de Jenkins y Ramos es estupenda, se nota que ambos han disfrutado trabajado juntos y esto es algo que llega hasta el lector y que empapa cada viñeta haciendo que la lectura del tomo sea realmente agradecida. Ambos conocen bien a los personajes y su mundo, su forma de ser, de pensar y de actuar, pocas veces hemos visto a unos Peter Parker y Norman Osborn tan bien definidos aunque sean definidos por el odio visceral que se tienen el uno al otro.

Hay que parar un momento para hablar de este Norman Osborn, del industrial temible que solo conoce como verdad su propia voluntad. Jenkins lo ha escrito como si fuera un tiburón, siempre está ahí, se nota su presencia y su maldad, con solo aparecer en la página su poder es palpable, casi inhumano. Esta humanidad perdida ha sido aprovechada por Ramos que lo retrata siempre más alto que todos los demás y con unos ojos negros con pupilas blancas que lo alejan de los simples mortales, ¿son los ojos el reflejo del alma? En este casi sí, sin duda.

Por supuesto la historia avanza para llegar al enésimo enfrentamiento entre héroe y villano, una pelea que nunca termina y que nunca lo hará (a fin de cuentas siempre hay que publicar más tebeos) en la que jamás habrá un ganador y tampoco un vencedor. En este caso tan solo una relación entre dos personas que han vivido y sufrido, al final solo son humanos como cualquier otro y al igual que todos cargan con las acciones de toda una vida.

No os diré qué sucede, no hay que destriparlo, pero la última página es sin duda lo mejor de todo el cómic. Seis viñetas totalmente mudas. Tan solo eso. Mudas pero poderosas. ¿Qué cuentan? Leed el tomo, disfrutadlo, llegad hasta el final y sentid el vacío del alma y la soledad del hombre.

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