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El día que todos corrimos

Por desgracia Carlos Pacheco ha fallecido. Un dibujante que durante décadas ha hecho cabalgar su arte por los héroes más poderosos y conocidos del mundo, desde los X-Men a Batman pasando por Superman y Los Vengadores. Siempre con una pasión palpable y un claro respeto y amor hacia lo que estaba haciendo, algo que cualquier lector puede asegurar y que es evidente con tan solo ver una de sus viñetas.

Empezó a correr, de forma precoz, la noticia de su fallecimiento. Nos adelantamos, todos corrimos más de lo que debimos. Los periodistas, los lectores, los que lo conocimos… Recuerdo que desperté y al poco tenía un mensaje en WhatsApp de un amigo preguntándome, así que entré en varios medios a mirar y sí, se anunciaba el viaje final del dibujante.

No me lo podía creer. Sí, hacía unos meses había anunciado que tenía ELA a lo que él se refirió como “un giro de guión” y es que así era él, un hombre desbordante de buen humor y simpatía. Mi pareja estaba en la ducha, llamé para entrar y lloré mientras intentaba decir las palabras “Carlos ha muerto”. No me fue fácil. Quise homenajearle en redes y apenas pude escribir una línea en Twitter y poner un vídeo en Tik Tok, un vídeo en el que las lágrimas me caían por el rostro.

Debí haber indagado más, haber leído y consultado más fuentes. Esperar hasta que Panini o alguien similar lo hubiera confirmado. No lo hice, la parte personal pudo a la profesional, supongo que es inevitable, todos somos humanos. Y otros tantos igual que yo corrieron a declarar su amor y la pérdida que había sido.

En realidad, él estaba en el hospital, sedado, y según su hijo “en boxes”, ya que era donante de órganos. Su último acto fue dar de sí mismo, de forma literal, para que otros pudieran vivir. ¿Os he hablado de la energía desbordante que tenía Carlos? Era imposible hablar con él y que no te cayera bien; siempre tenía tiempo para apuntarse a tu documental o hacerte un prólogo. Qué divertido era hablar con él, siempre tenía buenas historias y mejores anécdotas.

Y corrimos, todos corrimos. Llevados algunos por nuestro propio corazón, por el respeto que profesábamos por su arte y por la simpatía que teníamos para con él. Otros corrieron para dar la noticia por… ¿un afán de lograr clics? ¿Por ser los primeros? ¿Por no quedarse atrás? Que cada uno piense y saque sus conclusiones, no es algo que se solucione viendo el mundo en blanco y negro. Aquí tengo la ventaja de ser daltónico, a los daltónicos nos resulta más fácil ver las cosas en grises.

Es complicado explicar lo que fue esa mañana y ese día, tanto para los que lo conocimos como para los que solo conocían su obra, no quiero ni pensar cómo debió de ser para los amigos íntimos y para la familia. Informaciones que iban y venían, encontronazos, prisas y carreras, insultos y enfados, dolor, pena y tristeza. En Twitter dije que había sido un día funesto y una mañana terrible, lo sigo pensando. No encuentro otra forma de explicarlo mejor.

Lo que también creo es que se pueden hacer dos cosas: una es odiar y buscar culpables, lo que, seamos sinceros, en realidad sirve de más bien poco (y la vida ya es bastante perra para que encima la aliñemos con odio y rencor); otra es ver que todo lo sucedido fue un error y otro y otro y otro, errores cometidos por personas, por periodistas, por editores, por lectores y aficionados… es una muestra clara de cómo los humanos nos equivocamos, tropezamos, nos confundimos y caemos.

Y después de caer hay que levantarse, hay que aprender, hay que mejorar. Recibimos todos una lección, una dura que nos hacía falta; ahora es el turno de ver que siempre se puede ir hacia arriba, que todos podemos mejorar y hacerlo bien, o menos mal, la próxima vez. Al menos yo es lo que pretendo hacer, cada día y pasito a pasito, no hay otra forma. Todos debemos reflexionar, pensar en qué pasó y cómo pasó, asumir nuestra parte de culpa y reconstruir desde ahí.

Aunque también pasó otra cosa y es que las redes se llenaron de amor, de respeto, de muestras de admiración y cariño hacia un dibujante fantástico y un tipo estupendo. Eso también fue, eso también estuvo, eso también lo hicimos todos. Esa, quizá, es una tercera forma de verlo, ir más allá del odio y el blanco y negro y darse cuenta de que lo que movió todo, en gran medida, fue la tristeza por una pérdida que no había llegado del todo y el amor por el trabajo de un artista.

El arte permanece, el arte imita a la vida, el arte es vida y mientras el arte exista el artista nunca se irá.

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