Cómic,  Crítica

El regreso al país de los sueños

En 1905 Winsor McCay llevó por primera vez a su pequeño Nemo a la tierra de los sueños, a Slumberland. Un increíble lugar mágico en el que no había nada imposible y todo era cierto. Es increíble que tantas décadas después su lectura siga siendo igualmente sorprendente y actual. No ha envejecido ni un solo día y todavía puedes perderte tranquilamente entre esas páginas tan llenas de detalle.

El listón que puso era realmente alto y es imposible superarlo, así que Eric Shanower y Gabriel Rodríguez ni lo han intentado; han preferido seguir en todo lo posible su estela en una obra que es a la vez un homenaje y un reboot ya que recoge las aventuras de un nuevo niño que se llama de segundo nombre Nemo (ya que a su padre le gustaban las tiras originales).

Con esta premisa en mente se dejan llevar por el entusiasmo y el amor a McCay para hacer que el lector pueda viajar en la realidad a sitios que solo podría en sueños. La magia está presente a cada página en un proceso magistral, con un Gabriel Rodríguez que firma el que seguramente sea su mejor trabajo hasta la fecha.

En un prodigioso despliegue de talento y profesionalidad logra dotar a esta historia de una originalidad muy necesaria que lleva el guión de Eric Shanower casi al Olimpo del cómic. Por su parte este recoge todos los elementos que eran característicos de Winsor McCay y los trae a la actualidad, en ocasiones logrando el lógico choque entre épocas pero siempre guardando un profundo respeto por la obra original.

Lo único que uno lamenta al leer este tomo es que sea tan breve, ya que el corazón pide más páginas para poder seguir descubriendo más de ese Slumberland que es el de siempre pero luce completamente nuevo.

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