Es una durísima tarea hacer una crítica de Vengadores: Endgame sin soltar spoilers. Difícil, un esfuerzo titánico, pero necesario. Y, por lo tanto, tengo la obligación moral de hacerlo. Porque es lo que harían los Vengadores.

No voy a hablaros de la trama, ni de grandes diálogos ni de momentos épicos, solo de lo alucinado que me ha dejado esta maravilla. Puede que no sea la mejor película del MCU –la sombra de Capitán América: El Soldado de Invierno es larga y oscurece cualquier otra película de acción que una mente humana pueda concebir-, pero es sin duda la más apoteósica.

Hablamos del capítulo final de la primera “serie de televisión narrada en cines”, por así llamarla. Una historia-río que ha durado 11 años y 22 películas, cuya “season finale” tenía que estar a la altura y darnos fuegos artificiales y emociones a mansalva. Y os prometo que lo hace. Quizás no sea tan buena como Vengadores: Infinity War, o quizás es simplemente que aquella nos pilló por sorpresa y en ésta ya esperábamos esa epicidad y no nos ha chocado tanto. Si recordáis Guardianes de la Galaxia, conozco a mucha gente que dice que la segunda entrega no es tan buena como la primera, pero no estoy de acuerdo para nada: la segunda es mucho más redonda como película, más emotiva y perfecta, pero la primera pilló al gran público por sorpresa –una peli de superhéroes, ¡con humor y música ochentera! ¡Sorpresa!– y la segunda ya se la vieron venir, con lo que el elemento sorpresa había desaparecido porque ya sabían lo que se iban a encontrar. Supongo que con Vengadores: Endgame me ha pasado un poco lo mismo: no es que Vengadores; Infinity War fuera mejor, es que hace un año su nivel de épica legendaria nos cogió por sorpresa y para su secuela ya veníamos preparados.

La dirección es impecable, simplemente perfecta –al fin y al cabo estamos hablando de los hermanos Russo, ¿cuándo han hecho algo mal?– y todo el apartado visual está más allá de los niveles de genialidad que podamos imaginar. Me quito la gorra ante los diseñadores conceptuales y la planificación en general.

Alan Silvestri sigue siendo un dios entre insectos y para mí la banda sonora de la saga Vengadores ya ha superado a la de Batman de Danny Elfman o la de Superman de John Williams en cuanto a inolvidable. En esta nueva entrega, la música no os defraudará.

Ya he dicho que puede que no sea la mejor película del MCU, pero sí que es sin duda la más emocional. Lo que más me ha gustado de Vengadores: Endgame es que el gran protagonista es el aspecto emotivo de la historia. El impacto de cada suceso en la vida de los personajes es el principal factor de esta cinta, el pilar sobre el que se sustenta todo, más que la acción o los giros de guión espectaculares –que también los hay-. Os aconsejo que preparéis una buena caja de pañuelos desechables o, en su defecto, que os sonéis los mocos con una chaqueta a la que no le tengáis especial cariño. No llevéis lentillas. Repito: No. Llevéis. Lentillas.

Hay que saber encontrarle también los puntos negativos a una película por mucho que nos haya gustado y en este caso, como en todos, también tiene sus defectos. La película establece paralelismos muy efectivos con su predecesora y en su mayor parte esto funciona muy bien, creando una sensación de respuesta “rimada” muy interesante, similar a cuando una guitarra repite la melodía de una voz en una canción blues y crea una simetría artística preciosa. Pero en algunas ocasiones esto puede resultar algo repetitivo, hasta el punto en que hay cierta escena que es demasiado calcada a una de Vengadores: Infinity War y, sin aportar nada nuevo, resulta forzada, previsible e innecesaria. Otro problema es que, con tantísimos personajes, algunos apenas tienen apariciones muy puntuales y no se les da el protagonismo que se merecían. Esto provoca una cierta sensación de desaprovechar posibilidades muy jugosas.

Afortunadamente, estos fallos no empañan la obra, simplemente la alejan un poquito de la perfección que podría haber alcanzado de haberlos subsanado de antemano. Quizás debido a estos problemas menores le doy una puntuación de 8,5 en lugar de un 10, pero sigue estando entre el top de las películas del MCU y obviamente a años luz de cualquiera del DCEU. Cumple a la perfección con lo que esperaba encontrarme e incluso más. Os lo digo tal cual: yo he salido de casa para ir a ver una película sobre un mapache pegando tiros y he visto una película sobre un mapache pegando tiros, así que estoy más que satisfecho.

Giros de guión que sorprenden, chistes desternillantes alternados con momentos lacrimógenos, escenas de acción espectaculares, superhéroes haciendo posturitas y soltando frases demoledoras, fan service puro y duro, algunas situaciones concretas y detalles visuales que todo fan de los cómics de toda la vida reconocerá y agradecerá… tiene todo lo que le pedimos a una película de Marvel. E incluso momentos que sin duda se volverán míticos y quedarán grabados para siempre en el recuerdo colectivo, al nivel de algunas escenas ya legendarias del MCU, como lo fueran en su día la paliza a Loki al final de Los Vengadores, el combate entre Hulk y Thor en Thor: Ragnarok, la pelea del ascensor de Capitán América: El Soldado de Invierno, el bailecito de Star-Lord o la llegada de Thor a Wakanda, por citar sólo algunas de las escenas más recordadas.

Como capítulo de cierre definitivo de una saga, es impecable y deja un listón muy, muy alto. Sólo espero que otras grandes sagas mainstream que pronto llegarán a su fin, como Juego de Tronos o Supernatural, puedan estar a la altura emocional en sus conclusiones. Gracias por tanto, Kevin Feige. Gracias por darlo todo, hermanos Russo. El fandom marvelita se inclina ante vosotros.

Artículo de Josë Sènder.

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