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Stardust, realidad y fantasía

Fantasía y aventura, amor. Pasión y venganza. Fidelidad y traición. Venganza y esperanza. Magia y ardides. Ira y amor.

Reinos en vilo y promesas inocentes (¿o insensatas?) que terminan con la búsqueda de una estrella y la gema desencadenante de la historia.

Stardust es una magnífica historia de aventuras en un reino fantástico, el reino de Faerie, colindante al mundano pueblo de Muro. Todo lo que os podáis imaginar sucede en Faerie. Todo lo que podáis desear existe allí. Todo lo imposible, sucede. De este modo, nos podremos encontrar con bosques marchitos, hadas, brujas y todo tipo de seres sobre los que hayáis podido oír cosas. E incluso de los que no.

¿Una historia? No. 3 historias que convergen, mezclan y entrecruzan.

Una estrella se cae del cielo. Ese es el único pretexto para que los protagonistas de cada historia tengan su fin.

Un campesino que, por promesa a su amada, irá en busca de esa estrella para entregársela y probar así su amor.

Una bruja que deberá encontrar la estrella para poder arrancarle el corazón y poder recuperar junto a sus hermanas la juventud ya gastada.

3 príncipes que deberán hallar el topacio que hizo caer a la estrella para poder poder convertirse en reyes.

3 historias que se unen para formar esta preciosa novela guionizada por el reconocido Neil Gaiman hace casi 20 años y acompañada en esta edición en cartoné por las etéreas y fantásticas ilustraciones de Charles Vess que nos hacen recorrer esos paisajes de ensueño.

¿Que Stardust es una peli? ¡No! Pero no vais desencaminados. En 2007 se adaptó al cine con nombres tales como Robert De Niro o Michelle Pfeiffer, que si bien es cierto que se puede disfrutar de sus actuaciones, el producto es una versión descafeinada de la obra original. Todo lo que aparece en la película sale en la novela, sí, pero no tiene ni de lejos la fuerza que la susodicha.

Un producto más que recomendable para dejarse llevar por unicornios, darse un paseo por las nubes y disfrutar sin dudar de esta magnífica obra que, os aseguro, no podréis dejar de leer.

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