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Orígenes secretos: defenestrada antes de volar

Barcelona ha entrado finalmente en la fase 1 de la transición hacia la nueva normalidad, de la forma en que sea esta, lo que me permitió quedar a comer con un amigo en su casa y charlar en persona tras estos dos largos meses de encierro. Uno de los temas que él lanzó sobre la mesa, mientras tomábamos una cerveza y picábamos algo, fue “la nueva serie de Netflix” y aunque sabía a qué se refería preferí esperar un poco para asegurarme.

Él me estaba hablando de la película, que no serie, Orígenes secretos. Un filme escrito y dirigido por David Galán, con un impresionante plantel de actores, que se adentra en el género del thriller, pero aprovechando los amplios conocimientos en el mundo del cómic de superhéroes que tiene su autor.

Hay que decir que el proyecto viene de largo, en origen (aunque no sea secreto) fue un guion que pasó a ser novela, publicada por Stella Maris, para posteriormente cerrarse el círculo al convertirse en una película y, de paso, en una nueva versión del libro con algún contenido extra, en esta ocasión, con Alianza Editorial detrás, que salió a la venta hace unas pocas semanas.

Tengo la suerte de conocer a David Galán desde hace muchos años, cerca de una década, que el tiempo pasa volando, y haber seguido su carrera como guionista y creador, como realizador de cortos, muchos de ellos aplaudidos, e incluso tiene una vertiente musical que ha empezado a desarrollar desde hace no mucho. Sabía de este proyecto, al igual que otros, desde que él lo anunció en redes y la información se publicó en medios, me leí la edición de Stella Maris y le entrevisté por ello, y aguardé (aguardo, sería más exacto) la fecha de estreno de este filme.

Salvo este punto final, que viene por mi propia experiencia e inquietudes profesionales, todo lo demás que se ha mencionado es fácilmente rastreable con una muy rápida búsqueda a través de Google o IMDB. Nada que lleve más de un minuto, que es precisamente la extensión de un clip mostrado por Netflix a modo de adelanto de toda la producción.

Una muy breve escena lanzada en el conocido como Día del Orgullo Friki, fecha que para algunos es una celebración y para otros una pantomima, que desató comentarios llenos de ira, odio, quizá envidias, y, en general, de esas pasiones equivocadas que suelen aparecer en Twitter. Y Twitter, como todos sabemos, solo es, por suerte, reflejo del propio Twitter.

Pero tras cada cuenta hay personas (no “la gente”, término que deberíamos empezar a dejar de lado) que rápidamente sacaron sus propias conclusiones, desde el comentado hecho de que era una serie, pasando por la idea de que era de humor pero mal realizada, o que pretendía ser una versión española de la muy innecesariamente alargada Big Bang. Por supuesto, esto no sorprenderá a nadie, aprovechando la situación para criticar a su creador aduciendo que, en realidad, no sabía nada del universo en el que parecía adentrarse, sin tener conocimientos sobre superhéroes o cómic (ah, los repartidores de carnets, siempre necesitados de dejar claro algo. El qué, solo ellos lo saben).

Entiendo, lógicamente, que una producción pueda conllevar que el público dude de ella, y más en este caso que Netflix escogió con muy mal tino la escena a mostrar. Es decir, que en lugar de lanzar unas imágenes que explicasen realmente el tono e intenciones de la película, que no serie, de un thriller, que no una comedia, hubiera sido lo más acertado, se quedaron con la idea de que era el Día del Orgullo Friki y ya. Esto, desde el punto de vista de la comunicación, tiene muchos pros y muchos contras, aunque estos últimos seguramente pesen más.

Ese fue el fallo de la plataforma online, el de muchos usuarios fue el de lanzarse a la yugular ávidos de sangre, con la habitual falta de desinformación y ganas de tener un minimomento de gloria que esto suele tener anudado con fuertes cadenas. Un error debido, sin duda, a la impaciencia humana, o quizá sencillamente a las ganas de herir y hacer daño, que bien podría haberse evitado de perder tan solo minuto y medio (o menos) en intentar saber qué se estaba viendo.

O mejor todavía, una propuesta que cada vez parece menos en auge, esperar al estreno del filme. No basar la opinión en tan solo una breve escena, un trailer, o un avance nimio, de tal forma que en realidad solo se esté fomentando odio, ignorancia y poca preocupación por tener una opinión fundamentada a partes iguales.

Sorprende que hoy, cuando más fácil y sencillo es poder comprobar algo, tener información, ampliar lo que se sabe sobre un tema, más a sus anchas campan los desinformadores, los que vierten opiniones sin asegurarse, y las noticias falsas (¿podemos dejar de usar el término “fake news” en favor de “mentiras flagrantes”?) en un amplio menú para que cada uno escoja a su gusto. Muchas veces escudados en una culpa automática a los medios, periodistas, empresas en general, y muy pocas a ese poco más de un minuto que no hemos querido usar para comprobar si lo que vamos a tuitear es, siquiera, cercano a la realidad.

Desconozco, por completo, cómo será la película, que no serie, de Orígenes secretos. Ese thriller, que no comedia, escrito y dirigido por David Galán. Una aventura policíaca en la que se entremezcla su amor por el cómic de superhéroes (pocas personas he conocido con más pasión y conocimientos sobre él), y que quizá sea un buen o mal producto. No puedo decirlo con certeza, ahora mismo solo los profesionales implicados en ello pueden saberlo.

Esperaré hasta agosto, hasta el pase de prensa, y entonces podré tener una opinión al respecto. Hasta entonces, creo que intentaré que una escena de tan solo (apenas) minuto y medio no determine mi visión de un producto, sea el que sea.

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