Antes, hace años, solía oírse (que no escucharse) mucho eso de que los tebeos eran para niños. Y sí, y no. Los que eran para niños, lo eran, y los que no, pues no lo eran. Pero es cierto que en un momento dado la balanza se inclinó hacia un lado, y en ocasiones parecía que las viñetas se habían olvidado de los más pequeños de cada casa (de los humanos, claro, los peludos no saben leer. Aunque molaría, ¿verdad?).

Por suerte con el paso del tiempo todo se ha ido equilibrando, y ahora uno puede ir a la Fnac o a Norma Cómics, o a la librería en la que haga sus compras y encontrar un buen número de títulos como Timo, el aventurero, Enola Holmes y el sorprendente caso de Lady Alistair o Frost, perrito de aventuras.

Historias que usan conceptos ya conocidos, pero a los que siempre se puede dar una vuelta de tuerca para crear algo diferente. Precisamente lo que hacen Katie O´Neill. Mr Tan y Mathilde Domecq en sus recientes trabajos, publicados con La Cúpula y Nuevo Nueve en nuestro país de forma respectiva. Dos títulos muy distintos, tanto en ideas como enfoques, no digamos ya en narrativa e ilustración, que demuestran una vez más que aunque no haya nada nuevo bajo el solo, eso no quiere decir que lo hayamos visto todo.

Si hablamos de Katie O´Neill, uno de los nombres que más ha subido en el mundo del cómic en los últimos años, presenta en Érase una vez dos princesas un sencillo y típico cuento de hadas. Los malos son muy malos, los buenos muy buenos, hay una princesa en peligro, alguien que va a salvarla, un reino que necesita un nuevo rey (o reina), y todo ello con el delicioso mundo naíf lleno de color que la autora sabe crear. Y por supuesto, con varios cambios respecto lo que hasta hace algunos años era lo tradicional en este tipo de historias, para adecuarlo a los cánones de hoy que no son (ni de lejos) los de hace décadas.

Muy distinto es el trabajo de Tan y Domecq en Shaker Monster: ¡Sálvese quien pueda!, que es una aventura sencilla y dinámica en la que una pareja de niños se mete en problemas, debiendo trabajar juntos para solucionarlo. Todo viene por una coctelera y los monstruos que alberga dentro, seres diferentes a los humanos pero llenos de bondad y de sentimientos, capaces de lanzar mocos o de hacer que estos desaparezcan en un segundo. Una trama que encajaría muy bien en Netflix de hacerse una serie de animación, y con un primer tomo que serviría a la perfección como episodio piloto.

Dos obras muy diferentes, ambas enfocadas a los pequeños, que dejan claro lo que se ha comentado ya, que aunque no haya nuevo bajo el sol todavía se pueden crear historias que nos atrapen (y nos arropen).

Disfrutad de las princesas, de los dragones, de los mocos y de los monstruos.

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