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JLA: Destino, una ventana a otro mundo

Los cómics son una constante en cambio, si es que eso es siquiera posible. Los mismos personajes reviven sus vidas una y otra vez, pero siempre de una forma distinta. Así Superman fue encontrado por un motorista, pero más tarde cayó en el camino de los Kent; Peter Parker fue picado por una araña radioactiva pero años después estaba manipulada genéticamente…

A veces los cambios solo son para adecuar un origen a la época actual, otros son debidos a una renovación por completo del universo como ya sucedió tras las Crisis en Tierras Infinitas. Algunos son solo un capricho del autor de tal momento, que decide ignorar el pasado o el canon establecido y por encima de todos ellos estarían los que suceden en lo que podemos denominar historias imaginarias (¿pero acaso no lo son todas?).

Aquí entrarían ese cajón desastre que son los What If? De Marvel Comics y los Otros Mundos de DC Comics. Los primeros parten de una premisa muy sencilla, coger momentos bien conocidos de la historia de sus personajes y plantear alternativas al mismo. Un ejemplo sería si Spiderman se hubiera unido a Los Cuatro Fantásticos o qué habría pasado si el Capitán América no hubiera sido el único supersoldado en los años cuarenta.

En cambio en la Distinguida Competencia el formato es distinto, ya que más que adentrarse en variantes de una misma trama lo que hace es coger a sus personajes y llevarlos a un mundo diferente. Entre las historias más conocidas estarían aquella en la que Superman vive en la Edad Media, la que cae en el regazo de los Wayne en vez de en el de los Kent o en la que aterriza en la Rusia comunista.

Algunos Otros Mundos son mejores que otros, es una línea que tiene muchos altibajos pero es algo inevitable dado el enfoque de la misma. Los muy distintos guionistas y dibujantes, situaciones y personajes, hacen que algunas veces el resultado sea una obra maestra pero otras sea más bien olvidable.

JLA: Destino no es una obra maestra, tampoco es olvidable. Es simplemente una mirada a un mundo más oscuro en que el conocido grupo del bien está en ocasiones más cerca de los villanos que intenta combatir. Un universo que mantiene vínculos con el que todos conocemos, pero que también se aleja del mismo como en la figura del Capitán Thunder, un joven afroamericano que al gritar la palabra mágica Shazam se convertirá en su ser lleno de poder, y que fue una de las ideas descartadas tanto para su nombre como para su regreso hace décadas.

El lápiz de Tom Mandrake (que suponemos que no tiene relación familiar con cierto famoso mago) llevan al lector a bucear por entre luces y sombras, un lugar que deja poco espacio para los rayos de esperanza y que se asemeja al mundo real en lo sucio del mismo. Su trazo es realista, más de lo habitual en muchas ocasiones en el cómic de superhéroes, pero sin dudar en exagerar la figura si esto sirve a sus fines. En sus manos personajes que conocemos, o casi, se muestran totalmente nuevos.

Nuevo que no mejores, como bien se encarga de dejar claro el guión de John Arcudi. Maestro de ceremonias para el lector, encargado de dar forma y fondo a este universo que se asemeja al tradicional pero bebe en gran medida de las narraciones de los años ochenta, con obras que hundían a los héroes en el barro para convertirlos en poco más que burlas de sí mismos.

JLA: Destino solo es una ventana a otro mundo. Disfrutad de la lectura.

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