Cómic,  Comunicar

Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo.

La primera vez que tuve en mis manos El Paraíso Perdido fue gracias a mi madrina. Un día en su casa me regaló una edición deliciosamente ilustrada que había pertenecido a su marido. Si bien es cierto que conocia la obra, solo era de oídas y nunca me había puesto a leerla.

Por supuesto me maravilló. La historia del primero de los ángeles caidos, su dolor, su amor, su rebeldía que no es más que la expresión de la libertad, su enfrentamiento y aceptación de su destino… me pareció sencillamente increíble.

Un relato épico a la vez que íntimo, que deja al lector con un sensación agridulce en el cuerpo. Agria al ver que Lucifer no logra cumplir su objetivo auto impuesto, y a la vez dulce por el mismo motivo. Es un anti héroe con el que en ciertos momentos nos sentimos identificados, pero en otros repudiamos completamente por sus acciones.

Es cierto que en realidad se supone que todo versa sobre la caída en desgracia de Adán y Eva, que seducidos por Satanás (término que en esencia significa “el enemigo”) comen del fruto prohibido. Esto hace que sean expulsados por el primero de los siete arcángeles, Miguel, del Paraíso, aunque encontrarán redención y perdón con el final de su vida. Pero a nadie se le escapa que la auténtica tragedia no es la suya.

Con tal fuerza en el texto, la labor de acercarse a la obra es muy compleja. Más todavía tras el magistral trabajo de Gustave Doré, que por derecho propio es un icono en sí mismo y permanecerá por siempre en la memoria popular.

¿Qué puede entonces hacer un dibujante ante la tarea de adaptar El Paraíso Perdido de John Milton? Dejarse ir, ser él mismo, permitir que los versos calen en sus venas y que la tinta salga de su sangre.

El trabajo que Pablo Auladell realiza es soberbio y exquisito, con un gran manejo de la anatomía y las expresiones, que no duda en deformar a su antojo si esto ayuda a potenciar la belleza del texto. Es igualmente acertado su tratamiento con el color, apostando por una paleta de grises con algunos toques de color en ocasiones. Sin duda logrando reflejar en todo lo complejo del relato, en el que no hay blancos y negros, puesto que todos sus protagonistas consideran estar haciendo lo que deben y si son culpables de algo, solo es de caer en sus propias debilidades.

El Paraíso Perdido de John Milton revisionado por Pablo Auladell es una obra sensible, cargada de dolor y de ocasional belleza. Un manjar para los sentidos que nos elevará hasta el cielo y nos hundirá en lo más profundo del infierno.

“Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo.”

2 Comentarios

  • Ely Sazo

    La narrativa de este libro lo introduces a uno a una realidad a una fantasía posiblemente como que hubiese vida en la narrativa muy buena muy buena la lectura.. bueno para dejar viajar un poquitito la imaginación de más o menos Cómo fue el desastre que ocasionó las consecuencias que hasta hoy en día estamos viviendo

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