Me vais a tener que perdonar que escriba esta crítica en tono humorístico, pero después de ver Aquaman no existe otra forma posible de explicarla.

Estamos ante una de esas películas tan rematadamente malas que acaban dando la vuelta y convirtiéndose en brillantes comedias auto-paródicas, como el Howard el Pato de los 80, aunque salvando las distancias –ya le gustaría a James Wan-.

Es una cinta muy correcta y decente para el bajo nivel al que nos tiene acostumbrados el DCEU, pero que sería simplemente mala si fuese de cualquier otra productora. Como película épica de superhéroes, es nefasta. Pero como comedia tonta de aventuras en plan La Momia, Tras el Corazón Verde o la trilogía The Librarian, es divertidísima.

No me malinterpretéis, Aquaman está muy bien rodada y la dirección de Wan es impecable, con una planificación excelente y grandes momentos visuales. Pero el CGI utilizado ya ha envejecido mal incluso antes del estreno. Es imposible ver esas volteretas de Nicole Kidman o el movimiento de los atlantes al nadar sin intentar pulsar la barra espaciadora para omitir la escena cinemática de videojuego de principios de los 2000 que creemos estar viendo. Afortunadamente, el carisma de Jason Momoa y Amber Heard lo compensa con creces.

Y es que el casting, si obviamos al villano, es en un 90% genial. Es muy evidente que Momoa y Heard han sido seleccionados para alegrar la vista al público sean cuales sean nuestras preferencias –y cada cinco minutos tienen una pose sexy empapada y gratuita en plan anuncio de colonia que lo demuestra-. Pero además lo hacen muy bien, tienen mucha química y una vena cómica genial que hace que nos riamos con ellos y no de ellos. Willem Dafoe está estupendo pese al peinado que le han puesto –porque es Willem Dafoe, básicamente, y puede hacer lo que le dé la gana que siempre lo hará bien-. Aunque aquí tiene cara todo el rato de no entender muy bien dónde se ha metido y querer que le den ya el cheque para irse a casa. El pobre hace lo que puede con los diálogos que le han dado. Dolph Lundgren y Nicole Kidman también están geniales, pese a tener papeles pequeños. Y probablemente Michael Beach, que interpreta al padre de Black Manta, sea el que se lleva la palma interpretativa, pese a lo poco que sale.

La trama no es nueva ni original: Un borrachuzo hiper-musculado y buscabroncas –pero de gran corazón– tiene que reclamar el trono ante su malvado y envidioso hermano pequeño. Para ello, deberá empuñar un arma mágica que sólo aquel que sea digno podrá levantar. Sí, probablemente Kenneth Brannagh y Chris Hemsworth estaban sentados en el cine viendo la peli y pensando “¿pero por qué me suena tanto esta historia?

Realmente es como Thor de Kenneth Brannagh pero al revés: si en aquella las escenas ambientadas en Asgard eran geniales y las ambientadas en la Tierra sobraban, aquí las partes que pasan en Atlantis son un soberano –pun intended– aburrimiento, mientras que las que pasan en la superficie –con un desatado Jason Momoa haciendo el chorras- son pura diversión.

El intento de Loki en Aquaman –el hermano celoso del protagonista que hace maldades no se sabe muy bien por qué– probablemente sea el villano con menos carisma de la historia del cine. Ni Jesse Eisenberg en BvS ni el pobre James Marsters en Dragon Ball Evolution consiguen hacerle sombra en este aspecto. Afortunadamente hay otro villano, Black Manta algo así como el robot cabezón de La Guía del Autoestopista Galáctico-, cuyo traje es tan divertido y entrañable que dan ganas de achucharlo y que además nos brinda una brillante secuencia de montaje musical al más puro estilo ochentero.

Las escenas que pasan en Atlantis no sólo son aburridas e insufribles debido a su fracasado intento de epicidad, sino que encima los diseñadores del CGI parece que sabían cuándo empezar pero no cuándo parar. Da la sensación de que hayan entrado a un bazar chino y hayan arramblado con todos los objetos brillantes que iban encontrando sin hacer distinciones, se los hayan dado a un diseñador de máquinas tragaperras puesto de ácido hasta las trancas y, tras ayudar a Ned Flanders a colocar las luces de navidad, le hayan dicho “la gente ha pagado para ver cositas brillantes que se mueven, no quiero un solo plano en el que haya menos de doscientas”.

Esta sobreexplotación del kitsch más barroco y sobrecargado está apoyada además por el vestuario: Los Stormtroopers raveros que sirven al malo parecen sacados de una versión de bajo presupuesto de un videoclip de Daft Punk. Por no hablar de la colección de armaduras del propio villano, que nos retrotrae a aquellos muñecos excesivamente brillantes de los Caballeros del Zodiaco de los 80, me pregunto si de forma intencionada o –aún más divertido– sin darse ni cuenta.

Hay posturitas épicas de superhéroe por doquier. Demasiadas, de hecho, forzadísimas y alargando demasiado los planos. Aunque hay que admitir que ver a Jason Momoa –en las escenas en las que ya va disfrazado de mazorca humana para el carnaval de un colegio de Alcobendas– haciendo coreografías de posturitas kawaii a lo Sailor Moon antes de cada batalla, vale mucho la pena. Es divertidísimo ver al propio Momoa aguantándose la risa, sin tomárselo en serio y pasándoselo en grande.

Desgraciadamente, hay momentos de la película que intentan ser dramáticos y profundos pero que más bien provocan vergüenza ajena: actores que -sin saber muy bien ellos mismos por qué– se quedan mirando al vacío mientras recitan una interminable hilera de clichés a lo Paulo Coelho, que parecen sacados del Facebook de un adolescente intensito.

Pero no todas las escenas “serias” son nefastas. Hay, por ejemplo, una escena en que miles de Murlocs del World of Warcraft atacan un barco derivando en una persecución submarina, con un CGI mucho más comedido, planificación estupenda y que visualmente les ha quedado preciosa. También ciertas persecuciones de Mera por los tejados de un pueblecito italiano, que parecen sacadas del Tomb Raider o el Assassin’s Creed, han resultado muy bien rodadas, divertidas y espectaculares de ver.

Algo que le agradezco a la película es que no tiene un tono claro. Esto suele ser algo negativo, porque no sabes a qué atenerte. Pero en una película tan absurda, dispar y carente de guión, es divertido que cada escena sea una película totalmente distinta, aparentemente ordenadas al azar. Y además así se evita que haya escenas que se salgan de tono, porque no hay un tono del que puedan salirse.

Tengo tres teorías distintas acerca de esta disparidad:

1: Empezaron a rodar una película que pretendía ser seria y profunda, tras cuatro escenas rodadas James Wan se dio cuenta de que le estaba saliendo un tostón y pidió que la reescribieran en clave de humor.

2: Wan les pidió a todos sus amigos y familiares que dijesen los títulos de sus películas y videojuegos favoritos y se propuso homenajearlos absolutamente todos en apenas dos horas y media.

3: Bajo el efecto de una gran cantidad de drogas, los guionistas –probablemente, relacionados con los hermanos Wayans de la saga Scary Movie– se iban gritando chorradas unos a otros y no descartaban absolutamente ninguna.

Sea como sea, el resultado es un batiburrillo alocado y divertidísimo que podría resumirse como: Kenneth Brannagh’s Thor vs Indiana Jones vs La Momia vs Los Goonies vs Sea Quest vs Viaje al Centro de la Tierra –la de Brendan Fraser- vs Excalibur vs Sailor Moon vs Caballeros del Zodiaco vs Videoclips de Daft Punk vs Howard el Pato.

Y de hecho, si le quitases las partes aburridas y visualmente agotadoras que suceden en Atlantis y le pusieras a Brendan Fraser y el delfín del Sea Quest como secundarios cómicos, te quedaría una comedia de aventuras de estilo 80s/90s divertidísima.

Sólo os diré que al salir del cine el amigo con el que iba, aún en shock, me ha preguntado “¿pero cuántas pelis acabamos de ver?”, a lo que le he tenido que responder “¡TODAS!”

Además, en un plano sale un pulpo que toca la batería. A mí con eso ya me han ganado.

Una película muy recomendada si te apetece echarte unas risas locas sin tomártela en serio. No tan recomendada si eres un amante de los guiones brillantemente escritos o si sufres de epilepsia en cualquiera de sus niveles de intensidad.

Artículo de Jöse Sénder.

One thought on “Aquaman, ¿pero cuántas pelis acabo de ver?

  1. Coincido en la valoración, es un entretenimiento más bien justito que se disfrutará en proporción a las expectativas del espectador (que mejor si las lleva más bien bajas)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*
Website