Fotograma de Los músicos. Créditos: La Aventura Cine
Los músicos son muchas cosas. Son intérpretes de partituras, son creadores de belleza, son esas personas que pueden trasladar a las demás a mundos imposibles, y son, ante todo, seres humanos con sus problemas e imperfecciones. Puede que sean, o no, artistas, es algo que podría debatirse pero no el que son seres humanos, eso no puede discutirse.
Y de esta guisa los muestra la película titulada, precisamente, Los músicos. Una comedia francesa centrada por completo en los personajes, en sus diferencias y que aunque, de forma inevitable, termine bien (y no puede considerarse esta afirmación como un destripe) no quiere decir que por el camino no haya discusiones, enfrentamientos y más de un ego desatado.
¿De qué trata Los músicos?
Antes de seguir, y para el lector que no lo sepa, lo mejor es explicar de qué trata este filme y para ello no hay mejor forma que hacerlo con la sinopsis proporcionada desde el departamento de prensa de su distribuidora: “Astrid logra hacer realidad el sueño de su padre: reunir cuatro Stradivarius para un concierto único, esperado por los melómanos del mundo entero. Pero Lise, George, Peter y Apolline, los cuatro virtuosos reclutados para la ocasión, no logran entenderse. La crisis de egos estalla al ritmo de los ensayos. Desbordada, Astrid pide ayuda a la única persona que puede salvar el evento: Charlie Beaumont, el compositor de la partitura.”.
Músicos muy distintos
Con esto el director Grégory Magne, quien también firma el guion junto a Haroun, construye en el que es su sexto trabajo (como director y cuarto como guionista, al igual que su compañero de letras) una historia que se sustenta por completo en los personajes y las relaciones entre ellos. Cuatro individuos que aman la música, algo que queda claro, pero que deben aprender a dejar de lado sus egos, prejuicios y rencillas, reales o imaginarias, para poder convertirse en el cuarteto que deben ser.
No será tarea fácil pues sus perfiles y enfoques son por completos distintos. Tenemos a un hombre pagado de sí mismo que tiene ansias de destacar por encima de los demás, una joven influencer musical de éxito pero sin formación reglada, y una antigua pareja que separó caminos y tienen no pocos temas que resolver.
Un duelo de caracteres y actuaciones que es estupendo, que hacen que la película vibre y que, además, da espacio a cada uno de los profesionales para lucirse tanto musical como interpretativamente. Todos cuentan, nadie sobra y cada uno de ellos es necesario para que el resto brille.
El compositor
Frente a ellos está el compositor de la obra, un veterano llamado Charlie Beaumont que es reclamado por la mecenas del concierto, la heredera Astrid Carlson, y que no está nada seguro de tomar parte en el espectáculo. La interpretación de Fréderic Pierrot como este genio musical es sutil y precisa, es divertida a decir basta sin caer jamás en la exageración, más bien todo lo contrario, y se convierte por derecho propio en lo mejor de todo el metraje con sus reflexiones y momentos irónicos, casi siempre sin ser él mismo consciente de tal situación (lo que resulta todavía más hilarante).
Dos temas de relevancia
Hay dos temas que no pueden dejar de tocarse, y perdón por el juego de palabras, y es un acierto que Grégory Magne y Haroun los introduzcan. El primero es, por supuesto, la música, presencia de fondo constante y nexo entre todos los participantes pero cada uno de ellos con una forma de entenderla, vivirla y sentirla. Aman la música, sí, pero para poder tocar juntos tendrán que dejar entrar en su manera de idolatrarla a la de los otros, y eso no será sencillo. Por suerte para el espectador lo lograrán y resulta maravilloso oírlos acompasados, completándose, dejando espacio y permitiendo que las notas fluyan para conquistar al que está sentado en la butaca.
El segundo tema, y es de pasada pero no hace falta más, es cuando la mentada Astrid Carlson habla con su hermano Arthur, interpretados de forma respectiva por Váleria Donzelli y Nicolas Bridet, sobre su fallecido padre. Él llega a decirle que no han tenido el mismo padre, mientras ella parece que tuvo a un hombre afable que la quería con locura, lo que él tuvo fue alguien autoritario que no le dejaba espacio para ser él mismo. O, como me dijo una vez alguien de mi pasado, tener los mismos padres no significa haber tenido la misma infancia.
Suave, sutil y muy divertida
A pesar de un tráiler que no le hace justicia, y da a entender un filme más apresurado y cómico de lo que resulta ser, Los músicos es una muy recomendable opción para disfrutar en cine y dejarse ir por, nunca mejor dicho, la música. La dirección es calmada pero a la vez muy fluida, no deja de enlazar un acontecimiento con otro como si fueran las olas del mar, y al final está la playa con su oasis esperando a ser alcanzados. Y, entonces, todo se funde a negro y, al igual que en la vida, la melodía sigue sonando.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



