Paul Rudd y Nick Jonas en un cartel promocional de Letras robadas. Créditos: Diamond Films
Letras robadas es el título elegido en España para Power Ballad y hay que decir que es más que adecuada para la trama firmada por John Carney junto a Peter McDonald. En la misma, y como el lector podrá esperarse, lo que hay es un robo descarado de la letra de una canción y todo lo que ello conlleva, que no es poco.
Rick Power, cantante de boda
La trama empieza con la presentación de Rick Power, de ahí el Power Ballad en inglés, un antiguo vocalista de rock que hoy vive en Irlanda y forma parte de un grupo de bodas. Algo que rompe un poco su alma y es que, como su jefe le dice, “son jukeboxes humanas” puesto que lo que sus clientes quieren son grandes éxitos, canciones que reconozcan y nada más.
Aunque la vida tiene un giro inesperado cuando en una de estas actuaciones uno de los invitados es un cantante de éxito, antiguo miembro de una boy band que hoy busca su propio camino. Sube al escenario, a petición de los novios, y después pasa una noche de sinceridad, copas, improvisación y amistad con el mencionado Rick Power.
El resto es historia y cualquier espectador que haya visto un poco de cine, o leído alguna novela, podrá saber el camino y los derroteros que seguirá esta trama. En cierta medida se asemeja a la de Yesterday de Danny Boyle, Richard Curtis y Jack Barth, aunque en la cinta protagonizada por Himesh Patel y Lily James el punto diferencial era que despertaba en un mundo sin los Beatles e intentaba llenar su espacio, no tanto aprovecharse de ellos y su talento.
Los robos y plagios de la industria musical
Lo que John Carney propone es un viaje por el mundo cultural y más en específico por la industria musical, un lugar en el que los sueños y el talento se dan la mano pero tanto como el poder y la falta de ética. Esto no quiere decir que sea siempre así pero no son pocos los casos que se conocen de plagios y robos, que en más de una ocasión, como en esta ficción, no son demostrables o son acallados por un golpe de fuerza de una gran corporación.
Es probable que si tú, que estás al otro lado, hablas con alguien que trabaja en el mundo cultural, o lo haya hecho, este haya vivido una experiencia parecida o conozca a otro que la tuvo. En mi caso puedo decir que es así pero, como al protagonista, no hubo demostración posible. En otros sucede lo contrario, como la conocida demanda de Harlan Ellison contra James Cameron por Terminator y sus parecidos con «Soldier from Tomorrow», en menor medida con «Demon with a Glass Hand», episodios escritos por él para la serie The Outer Limits.
Lo mejor y lo peor del sector
John Carney, responsable de otros productos musicales como Once y Begin Again, junto con el guionista Peter McDonald, quien interpreta al tierno Sandy en el filme, no dudan en mostrar lo mejor y lo peor de la industria musical. Desde lo más mundano, con las discusiones de la orquesta de bodas, a lo más alto, con las artimañas de productores con más dinero que escrúpulos. Aunque, en el fondo, subyazca la idea de que por encima de todo está el amor a la música, las melodías eternas y el poder de conmover a personas muy distintas con una misma canción que significa algo diferente para cada una de ellas.
Paul Rudd y Nick Jonas, protagonistas de Letras robadas
Como protagonistas se cuenta con Paul Rudd, Rick Power, y Nick Jonas como Danny Wilson, el antiguo miembro de la boy band y robaletras a su pesar. Una mezcla que puede parecer extraña en un comienzo pero que, según están juntos en pantalla, deja de ser así. Funcionan bien, tienen buena química y aunque Rudd esté por encima de Jonas en capacidad interpretativa este logra darle la réplica y se funde muy bien con un personaje hecho a su medida.
Metalenguaje con Nick Jonas
La propia historia de Nick Jonas como miembro de los Jonas Brothers y su carrera posterior sirven de base y de, no puede negarse, ejercicio de metalenguaje. Desde haber formado parte de una boy band, con sus dos hermanos, su carrera en solitario e incluso sus pinitos, que no son pocos, en el campo de la actuación, hasta se puede ver a su personaje en Letras robadas como una evolución lógica del que encarnó en Camp Rock y en Camp Rock 2: The Final Jam.
Hora y media, que peca de excesiva
Si bien la química entre los dos protagonistas es buena y funciona puede que no lo haga tan bien la duración y el ritmo del producto final. Esto es algo que se nota a lo largo del metraje, que no termina de ser todo lo fluido que podría, y se traduce en una película que aunque apenas supera la hora y media, lo que hoy en día es de agradecer, llega a hacerse larga y le cuesta encarar de forma orgánica su tercio final.
Esto no significa que sea una mala propuesta o con una factura que criticar, el producto en sí aguanta y se disfruta, pero se le ven claras posibilidades de ser mejor de lo que es y es una lástima que no se le haya dejado ir por otro camino, algo que sucede en ocasiones como, por ejemplo, en Cruella (estrenada en 2021). Lo mejor, sin duda, son sus diálogos que saben mostrar las dudas, miedos y recriminaciones de dos protagonistas que funcionan muy bien el uno frente al otro.
Una película sencilla y un tema complejo
Letras robadas es una película sencilla que trata un tema complejo: los robos de la industria cultural. Lo hace de frente, de una forma sincera y sin maquillaje, se mete de lleno en ello y dice, de manera clara: “¡Eh! Esto pasa! Y no siempre se arregla.”. Todo sostenido con buenas canciones, no puede ser de otra forma, unas actuaciones más que correctas y un amor por la música que es por completo palpable desde el primer minuto.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



