Portada de Ya no llama nadie. Créditos: Astiberri.
Envejecer es una ley vital por la que todos y todas debemos pasar de manera inexorable. Quizá ahora nos parezca una preocupación lejana en el tiempo, pero para otras muchas personas que nos importan es una realidad a la que no prestamos toda la atención que debería. Ya no llama nadie es un gran ejemplo de lo que sucede en sus vidas.
La importancia de cuidar a nuestros mayores
Muchas veces no somos conscientes del tesoro que tenemos en nuestra vida o, como resultó en mi caso, descubrimos la totalidad de su valor cuando ya es tarde. Como ya hemos mencionado anteriormente, nuestros mayores son un activo vital para forjar nuestro carácter y son los primeros amigos que hacemos que ayudan a reforzar nuestra confianza.
Es perfectamente comprensible que, debido al frenético ritmo que nos impone la sociedad, nos olvidemos de dedicar tiempo a esas personas que, muchas veces, necesitan de nuestra ayuda y no se atreven a pedirla por vergüenza, ya que pueden pensar que resultan una molestia para nosotros. Por eso tenemos que poner un extra de nuestra parte para hacerles sentirse arropados siempre que sea necesario.
Una autora con talento para remover la conciencia
Esta historia llega de la mano de la autora vasca Elizabeth Casillas, cuyo trabajo forma parte de la editorial Astiberri desde hace un tiempo, donde ha publicado trabajos previos como Todas nosotras y La palabra que empieza por A, que hablan, de manera respectiva, de realidades tan presentes como son el aborto o la interrupción voluntaria del embarazo.
La escritora cambia su temática para poner el foco en la soledad de los mayores, sobre todo aquellos que se encuentran en los pueblos pertenecientes a la España vaciada, cuyo estímulo son las visitas que reciben por parte de sus familiares los fines de semana. Se puede apreciar una base costumbrista en su manera de narrar, lo que invita a pensar que la escritora se haya basado en sus vivencias personales para evocar de una manera precisa los recuerdos de un verano en el pueblo, donde el tiempo parecía suspenderse.
Descubriendo a una artista talentosa
La parte gráfica de este trabajo cae en las manos de una artista joven que demuestra poseer un talento asombroso. Blanca Vázquez es una ilustradora que repite con la editorial Astiberri tras la publicación de su obra Juntas en esto, que también trata sobre la realidad del aborto.
Ya no llama nadie cuenta con estilo pictórico que se asemeja a un cuento infantil y, al mismo tiempo, tenemos la sensación de estar de visita en una pinacoteca cuyos cuadros cobran vida cada vez que pasamos de viñeta.
El gusto por el detalle
El uso del color nos ayuda a transitar (y empatizar) por las emociones de los personajes, con una paleta donde predominan tonos cálidos y verdes para el día a día de los protagonistas, guardando los fríos para momentos donde se evocan los recuerdos.
Un estilo muy expresivo y que hace un uso maravilloso de un recurso tan habitual en este arte como son las onomatopeyas. Cuando se suman detalles tan interesantes como este a un trabajo con una factura tan interesante, multiplica el disfrute de cada minuto que pasamos ante ello.

Ya no llama nadie, una mirada necesaria
A simple vista, la vida de Mariona y Vicente (los protagonistas) no se aleja mucho de cualquiera que podamos conocer en nuestros mayores: una pareja que lleva toda la vida juntos en que la rutina forma parte del día a día hasta la llegada de sus seres queridos, que no entienden su pensamiento.
Pero esta obra no se queda en lo fácil, también muestra otros temas importantes como la manera de sobrellevar un duelo en la tercera edad o la consciencia de la cada vez más inevitable muerte. Es llamativo que unas voces tan jóvenes, como las de las creadoras de la obra, hablen de una manera tan clara sobre estos asuntos, dando la palabra a un pensamiento que no suele escucharse a menudo.
En un rápido vistazo, se aprecia un trabajo donde hay mucho dibujo y pocas líneas de diálogo, pero cuando ya estamos inmersos en el relato, descubrimos que no se trata de mera simpleza, sino de una de las maneras que tiene la autora de hacer presente la sensación de vacío y soledad en la que se encuentran los personajes.
Aunque la lectura pueda resultar rápida, sencilla y accesible, hay que reconocer que deja un poso muy grande a medida que avanzamos en la historia. Hay que reconocer que días después de su lectura, no he abandonado aún la casa en la que he visto convivir a los protagonistas, lo que habla de hasta qué punto se puede empatizar con lo narrado y sentirte parte de esa familia.
Preciosa edición que invita a releer
Astiberri enmarca esta publicación dentro de su colección Sillón Orejero. Encontramos un tomo de pequeño tamaño, tapa dura y papel resistente que invita a caer en su lectura una y otra vez para apreciar sus detalles y disfrutar de una lectura sencilla, a la vez que enriquecedora a muchos niveles.
Una cariñosa (pero intensa) mirada dedicada a aquellas personas que lo han vivido todo y quieren asegurarse de que la huella que dejen en sus seres queridos sea lo mejor posible cuando ya no estén. Es una historia que necesita formar parte de tu biblioteca y, ojalá, de tu corazón.
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Actor y director teatral con veinte años de experiencia a bordo de la compañía Teatro Baypass, que él mismo fundó. Miembro de la organización de la Feria del Libro de Parla y técnico de cabecera en Estelar Media. Lee libros y cómics con la misma pasión que disfruta de un concierto o de una buena sesión de cine. ISNI 0000 0005 1808 8693



