Cartel de 200 vidas. Paco Rabal. Créditos: Hayeda Cultura.
Algunos nombres están grabados a fuego (por mérito propio) en la historia del cine de nuestro país. Se trata de una «élite» de artistas que dejaron una señal inolvidable en nuestra cultura popular y que, hasta ahora, no ha podido ser reemplazada. Uno de esos artistas es el que protagoniza este interesante trabajo llevándonos de la mano a través de esas 200 vidas del título.
Paco Rabal, una leyenda
Nada hacía pensar al joven procedente de Águilas (Murcia), lugar del que siempre presumió, que llegaría a lo más alto del panorama cinematográfico. Un logro que no se limitó a nuestras fronteras, sino que su trabajo causó sensación a nivel internacional gracias a su participación en países como México o Italia.
El protagonista de películas como Belle de jour (Bella de día), Los santos inocentes (Mejor actor ex aequo con su compañero Alfredo Landa) o Goya en Burdeos (Mejor intérprete masculino protagonista) comenzó su carrera en el cine como un sencillo eléctrico que disfruta viendo trabajar a otros antes de recibir su primera oportunidad como galán.
Su trayectoria no quedó limitada al celuloide, ya que formó parte de numerosas obras teatrales en la compañía del célebre José Tamayo, donde conoció a su futura mujer (y pilar fundamental), Asunción Balaguer, con la que tuvo a sus hijos Benito y Teresa, que siguieron la carrera artística de sus progenitores.
Su versión de los hechos
El actor es el encargado de llevarnos de la mano por el recorrido que este trabajo hace por cada uno de los aspectos de su vida, que celebra, por partida doble, el centenario de su nacimiento y los 25 años desde su fallecimiento. La base documental de la pieza se encuentra en una serie de cintas de casete y películas super 8 que el propio actor grabó durante sus viajes, rodajes o festivales a los que acudía. Un enorme archivo que, en las manos adecuadas, se ha convertido en un íntimo retrato del artista.

Vanesa Benítez, albacea de una carrera
La directora sevillana llega a este proyecto con una dilatada trayectoria a sus espaldas dentro del género documental. Cuenta con los largometrajes Rota n’ Roll y La vida chipén, cuya temática se basa en artes como la música y la fotografía, respectivamente. A estos trabajos, se suma su trabajo para RTVE a cargo de programas como Un país para escucharlo o El perro andaluz.
Suya es la idea que vertebra este original trabajo: que el propio Paco Rabal actué de narrador de su vida. Una composición que parece haber nacido tras las horas que la realizadora ha pasado escuchando las cintas que grabó el intérprete a lo largo de su vida y que dota al proyecto de un carácter especial.
200 Vidas. Paco Rabal: descubriendo a la persona
Lo primero que se puede decir de este trabajo es el cuidado y cariño con el que está realizado. Sabiendo las horas de documentación que hay en su construcción, se concibe una obra que atrapa al espectador con facilidad, ya que no topamos con la voz de un trabajador ególatra como muchos que pueblan la profesión, sino que descubrimos a alguien que desgrana su vida con detalle, sin esconderse de las malas acciones que pudo cometer y con un mantra absoluto: la suerte que siempre le acompañó.
Paco Rabal da voz a cada aspecto que considera remarcable, ya sea delante de las cámaras como detrás de ellas. Con una narración segura y decidida, nos lleva por un viaje que tiene tres paradas destacadas: los tres accidentes que sufrió a lo largo de su carrera y que pudieron trastocar su carrera en algún momento, cosa que (afortunadamente) no sucedió.
Luces y sombras
Ya hemos comentado que el actor no esconde nada de lo que sucedió en su vida, lo que nos deja un relato muy esclarecedor en el que cobran una importancia mayúscula algunas personas. Su narración subraya, de una manera especial, la presencia que tuvo su esposa, Asunción Balaguer, en su vida. Los momentos que vivió junto a ella y sus hijos marcaron gran parte de su carácter, a pesar de que pudo ser de una manera completamente distinta debido a algunos momentos “oscuros” que tuvo el intérprete.
Otra persona que recibe palabras de cariño es uno de los directores que más le impulsó internacionalmente: Luis Buñuel. El aragonés le acogió con cariño desde sus primeros momentos y vemos como la relación no se quedó en el ámbito profesional, sino que creció hasta ser casi miembro de la familia, donde Rabal le llamaba “Tío Buñuel”, teniéndolo siempre como una figura paternal.
Trabajador hasta el final, pero fiel a sus orígenes
El documental se complementa con testimonios de compañeros, admiradores, familiares y expertos de la profesión que aportan su visión sobre el actor y confirman o no la veracidad de algunas de sus historias. La totalidad de los testimonios nos confirma que era un buen compañero y buscaba la manera de dar lo mejor en cada uno de los rodajes en los que participaba, estuviera o no conforme con lo que se contaba en él.
Una increíble manera de conocer a una importante figura de nuestra cinematografía (si alguien desconocía su existencia) o de ampliar la leyenda de su figura (en caso de ser conocedores de su trabajo.), pero ya sea lo uno o lo otro, un trabajo genial para disfrutar de la vida de un trabajador que, sin importar lo alto que volase, siempre volvía al lugar que le vio nacer para no dejar de ser uno más.
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Actor y director teatral con veinte años de experiencia a bordo de la compañía Teatro Baypass, que él mismo fundó. Miembro de la organización de la Feria del Libro de Parla y técnico de cabecera en Estelar Media. Lee libros y cómics con la misma pasión que disfruta de un concierto o de una buena sesión de cine. ISNI 0000 0005 1808 8693



