El Universo de Tron está de vuelta en Tron: Ares. Créditos: Disney
Tron: Ares es la tercera entrega de la saga Tron y, por el momento, la peor de las tres. Puede que suceda que la historia no da más de sí, quizá es que el mundo ha sobrepasado por completo sus planteamientos o, más sencillo, es que es en exceso artificiosa para lo simplista de su argumento.
Es entendible que Walt Disney siga queriendo explotar su propia franquicia de ciencia ficción, dado que aunque Alien y Predator ahora sean suyas se enfocan más en el terror y la acción que en la fantasía científica al uso. Tron es blanca, pura e inmaculada, es una visión positiva, compleja y, en última instancia, agradecida.
Tron: Ares no tiene malas ideas…
Tron: Ares no tiene malas ideas y algunas de ellas se ejecutan con éxito. Hay que reconocer que el libreto firmado por David DiGilio y Jesse Wigutow plantea temas que están por completo en boga en el día de hoy, como la existencia de la Inteligencia Artificial, la unión del mundo virtual y el mundo real, el cómo la tecnología nos afecta o la corrupción empresarial como la depredación más absoluta e inmoral. Todo eso está ahí, el problema es que también lo estaba en Tron y en Tron: Legacy, además de en otras tantas obras como Neuromante o Parque Jurásico.
Esto hace que aunque en ciertos aspectos pueda resultar interesante en otros la sensación es que llueve sobre mojado, y no me refiero a la estupenda canción de Fito Páez y Joaquín Sabina. Me refiero al refrán popular y el significado del mismo. Vueltas y vueltas sobre lo mismo, una y otra vez. Un matiz aquí, otro allá, pero poco más. Todo cambia para seguir igual.
… pero es aburrida
El mayor problema de Tron: Ares no es lo expresado arriba, el fallo más relevante en su versión estrenada es que esta resulta aburrida. Se intenta a lo largo de todo el metraje que no sea así pero no se consigue. Por un lado se toma mucho más en serio de lo que debería al punto de resultar más plomiza que profunda, por otro la interpretación de Jared Leto llega a ser más cansina que sorpresiva y la trama en general es predecible en prácticamente todo su minutaje.
Y, en cierto sentido, lo que se plantea es una revisión de lo que en el año 2015 se pudo ver en el filme Pixels. En la película escrita por Tim Herlihy y Timothy Dowling y dirigida por Chris Columbus, en base al cortometraje de Patrick Jean, el mundo virtual llega hasta el mundo real causando estragos de todo tipo. Así que un grupo de humanos, con la ayuda de un programa (en este caso el adorable Q*bert ) ha de enfrentarse a ello para salvar así a todos. Un resumen que, con algunos matices, serviría para Tron: Ares.
Respeto y homenaje
Por suerte lo que este filme tiene, y sabe hacer, es respetar la saga a la que pertenece. Entiende qué es y dónde está, da al espectador toda la información que precisa para situarse sin que sea necesario haber visto ninguna de las dos entregas previas o cualquiera de los diversos materiales pretéritos que existen, como videojuegos o series de televisión. Es una tercera entrega pero se ven las claras intenciones de Walt Disney de convertirla en elemento central sobre el que desarrollar una nueva etapa, una que estrene productos canónicos cada cierto tiempo y no volver a esperar más de una década para ello.
Ese respeto al clásico sucede a lo largo de todo el filme pero más todavía con la aparición del propio Kevin Flynn, el protagonista de la obra original de 1982. Para ello se cuenta de nuevo con Jeff Bridges, quien siempre lo ha interpretado en el cine al igual que a Clu (su doble digital), en una escena que por derecho propio se convierte en lo mejor de todo el largometraje. Un momento hecho para el total lucimiento del actor y del personaje, para recordar de dónde se viene y dejar claro que a pesar de los años nadie olvida cómo empezó todo.
No solo eso, esta escena que para algunos será pura nostalgia tiene un sentido argumental muy concreto y no es conectar en un punto toda la saga, que también. Más bien lo que hace es poner en audiovisual ese viejo refrán de que cuando el alumno está dispuesto el maestro aparece, en este caso el alumno es Ares y el maestro es Flynn. Su conversación está llena de sentido y significado, con el veterano guiando al joven y dejándole que sea él mismo quien saque unas conclusiones que están en su interior pero de las que todavía no es consciente.
El complejo de Frankenstein
Este hecho se contrapone a otro muy importante, a la visión que su creador tiene de él. Un mero constructo, un programa para servirle, algo que puede destruir para fabricar otro con rapidez. Su interés es tan solo enriquecerse y lo hará a cualquier coste, incluso si esto significa perder su humanidad sin darse cuenta de la que tiene delante.
Todo ello entronca de forma más que directa con Frankenstein o El moderno Prometeo, la más que conocida obra de Mary Shelley. Se haya leído o no, que debería leerse dado que es una maravilla, los aspectos generales de la novela son conocidos por todo el público, y en el caso de Tron: Ares llega a ser citada de forma directa cuando el personaje dice “No tengo miedo y eso me hace poderoso”.
La rebelión del creado contra el creador es algo que la ficción ha explorado en multitud de ocasiones, empezando por El paraíso perdido de John Milton, otra lectura magnífica que nadie debería perderse, con diversos desenlaces. En lo que se refiere a este filme se puede intuir desde el primer momento cuál será el resultado de este combate, es muy evidente que Ares buscará dejar de seguir una programación y anhelará el libre albedrío que, de forma inevitable, logrará obtener.
La pregunta, que no se responde en esta película y quizá sí en una futura, no es si llegará o no a ser humano, o algo similar y tan cercano que resulta indistinguible, la cuestión es otra, ¿y ahora… qué? ¿Qué sucede a partir de aquí? Algo que en Tron: Legacy quedó en el aire en su final con Sam Flynn y Quorra en el mundo real.
Un mundo a seguir explorando
A pesar de todo lo que Tron: Ares deja ver es que se puede seguir explorando el universo de Tron, que su visual puede evolucionar sin dejar de respetar su origen, que hay preguntas pendientes de responder y que su mitología es capaz de crecer un poco más. El cómo es algo que Walt Disney debe pararse a pensar, hay que buscar con acierto el quién ha de sacarlo adelante pero también el camino a seguir.
Por el momento queda una trilogía que funciona, que muestra cómo el mundo de la tecnología cambia, la forma en que el cine avanza y evoluciona. Todo ello a través de una trama que, siempre, se enfoca en los valores de la humanidad y en la alegría de la vida por encima de todo. Esa es la esencia de Tron y esa es la esencia que Walt Disney debe respetar.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



