Cartel de Hamnet. Créditos: Universal Pictures España.
Hay películas que, sin importar lo que vayas a encontrar en su desarrollo, sabes que van a conmoverte sobremanera por muchas y variadas razones. Hablemos de Hamnet.
Es mucho más fácil que algo así suceda cuando has disfrutado de la filmografía previa de la persona que está detrás de la cámara: Chloé Zhao. Esta directora cuenta con una carrera que apenas alcanza las dos décadas, pero en la que aparecen trabajos tan destacables como The Rider, Nomadland o Eternals.
(Hago un pequeño inciso dentro del artículo para recomendar revisitar esta última cinta. Dentro de la segunda hornada de películas del MCU, resultó una de las más arriesgadas, pero acertadas en su acercamiento a lo que podemos leer en los cómics.)
Además, Zhao va a seguir presente en las conversaciones en un futuro inmediato, ya que se trata de la directora encargada del reboot de Buffy, la cazavampiros, que lleva por título provisional Buffy, la cazavampiros: New Sunnydale. Una propuesta interesante y que ha conseguido convencer a Sarah Michelle Gellar para retomar su papel una vez más.
Volviendo a la cinta que nos ocupa, tenemos un reparto actoral que se entrega con delicadeza a engrandecer la película. Se trata de un elenco numeroso, por lo que me veo obligado a destacar solo unos cuantos nombres. Desde debutantes como Bodhi Rae Breathnach, Olivia Lynes o Jacobi Jupe (hay un hecho precioso en la película relacionado con este actor), como los hijos de la familia, pasando por nombres más consolidados como Joe Alwyn (La favorita, The Brutalist) o Emily Watson (Las cenizas de Ángela, Gosford Park o Dune: La profecía)

La pareja protagonista
Si bien es cierto que el protagonismo de la película recae, casi por completo, en dos personajes y en la historia de amor que estos trazan ante nuestros ojos: William Shakespeare y su mujer, Agnes, representados por Paul Mescal y Jessie Buckley.
El primero es un joven actor irlandés que tiene una increíble trayectoria a tes de alcanzar los 30 años. Desde que se dio a conocer por su trabajo en la miniserie Normal People, ha encadenado importantes proyectos como La hija oscura (donde ya coincidió con Buckley), Aftersun, Desconocidos o Gladiator II. Además, el futuro se presenta prometedor con su interpretación de Paul McCartney en el próximo proyecto cinematográfico de Sam Mendes.
Pero el auténtico protagonismo de esta película lo recibe la actriz Jessie Buckley. Esta intérprete ya dejaba destellos de calidad en series y miniseries como Taboo o Chernobyl, pero han sido en cintas como El espía inglés, Estoy pensando en dejarlo, Ellas hablan o Pequeñas cartas indiscretas, han supuesto la confirmación de su inmenso talento.
También cuenta con un prometedor futuro ya que, dentro de muy poco, la veremos como protagonista de ¡La novia!, el remake de La novia de Frankenstein, dirigido por Maggie Gyllenhaal.
Hamnet es una obra sobre sensibilidad y amor
Una vez están todas las piezas sobre la mesa, ya podemos hablar de que hemos visto en la pantalla. Aunque la palabra más adecuada, sería «sentir». Porque Hamnet te hace sentir desde los primeros fotogramas. La sensación que viví fue la de entrar en otra realidad y, durante un rato, olvidarme por completo de lo que hay fuera. Una característica que siempre se puede encontrar en el mejor cine.
Otro detalle que podría subrayar esa sensación es la suerte de contar con Maggie OʻFarrell, autora de la novela original, que se encarga de adaptar su obra junto a la directora, Chloé Zhao.
A pesar de tratarse de una obra sobre la vida de Shakespeare, el teatro solo tiene un peso relativo en la trama: esta es la historia de una familia y cómo atraviesan un momento terrible en sus vidas: la pérdida de un hijo. Para quién no lo sepa, y ojalá sea así durante mucho tiempo, un proceso de duelo no cuenta con un manual de instrucciones que nos ayude a atravesarlo. (No diré superarlo porque creo que eso es algo bastante más complicado)
Sería injusto quedarnos únicamente con la tragedia que aparece en la película, ya que también somos testigos de la historia de amor entre William y Agnes. No se escatima en tiempo para mostrarnos cómo se conocen, cómo se viven y cómo pierden el rumbo ante la adversidad. Que nadie espere encontrar la típica versión del bardo inglés, los personajes que se presentan son tan humanos como nosotros.
Hay incluso un momento para contemplar cómo podría responder la mente del (hoy) legendario autor: Un artista con miedo a la página en blanco y superado por la realidad. Es el teatro, el escenario, la magia de otra dimensión la que permite al dramaturgo enfrentar la horrible realidad y hacer las paces con ella.
Mención aparte merece el acompañamiento musical de la película, partitura de Max Richter. Gran parte de la atmósfera “irreal” que tiene la cinta es gracias a su trabajo. Este compositor está habituado a crear obras que van un paso más allá de la realidad, permitiendo que nos acompañen durante los sueños (Sleep y From Sleep) o inspirarse en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Voices).
Antes de terminar, no seré ni el primero ni el último en reconocer que cualquier premio que reciba la cinta y, en particular, Jessie Buckley, será más que merecido.
Si tengo que limitarme a una sola palabra para describir esta película, sería “emocionante”. Si este es el nivel que va a presentar el cine este año, va a ser un momento increíble para ser espectador. Que suerte poder disfrutar de maravillas así en la gran pantalla.
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Actor y director teatral con veinte años de experiencia a bordo de la compañía Teatro Baypass, que él mismo fundó. Miembro de la organización de la Feria del Libro de Parla y técnico de cabecera en Estelar Media. Lee libros y cómics con la misma pasión que disfruta de un concierto o de una buena sesión de cine. ISNI 0000 0005 1808 8693



